LA OTRA HISTORIA DE LA REVOLUCIÓN/ Entrevista de Felipe Lázaro a César Reynel Aguilera

A continuación reproducimos la entrevista que le hiciera el poeta y editor de Betania Felipe Lázaro a César Reynel Aguilera, autor de El sóviet caribeño. La otra historia de la Revolución Cubana (2018), un libro que se ha convertido en una de las últimas revelaciones editoriales sobre Cuba, una historia tejida a las sombras del poder que aporta una luz diferente sobre lo que pudiera ser uno de los orígenes de la Revolución Cubana. El libro y la entrevista llegan en un momento en el que para algunos la historia no es la que nos han contado, y la historiografía asume una responsabilidad sin precedentes para legar a las generaciones futuras un relato que nos ayude a definirnos mejor.

Esta entrevista ha salido publicada originalmente con el título EL sóviet caribeño, “las cadenas vienen de lejos”. Conversando con el escritor cubano César Reynel Aguilera-

 

 

FL: Cuando iniciaba mis estudios universitarios en España,  leí un libro excelente sobre la historia política prerrevolucionaria cubana Las cadenas vienen de lejos: Cuba, América Latina y la libertad  (1960) del poeta chileno-cubano Alberto Baeza Flores, donde se planteaba que la violencia republicana había sido el origen de la Revolución del 59 y ubicaba su centro neurálgico en la colina universitaria habanera. Más tarde, leyendo  otros textos sobre el castrismo, como los dos tomitos de Draper,  la obra monumental del liberal Hugh Thomas o los  indispensables textos de los críticos K. S. Karol y René Dumont, y el libro más documentado de Tad Szulc, entre muchísimos otros… encontré que sus autores coincidían en explicar los hechos insurrecciónales desde 1953 hasta la toma del poder en enero del 59 y la posterior trayectoria del Gobierno revolucionario al ingenio e inteligencia de un abogado llamado Fidel Castro Ruz, que surgió del mencionado centro educativo superior cubano: la Universidad de La Habana, Y es casualmente en esa “Alma Mater” donde tu padre (César Antonio Gómez) fue el Secretario General de la Juventud Comunista (del PSP) desde 1957 a enero de 1959, cuya experiencia y anécdotas, supongo que te habrán impregnado desde niño y facilitado la escritura de este primer libro tuyo El sóviet caribeño. La otra historia de la Revolución cubana  (2018).  En esta obra magnífica y muy recomendable, centras el argumento de la génesis revolucionaria no en el Líder Máximo, sino en el secreto aparato de inteligencia del viejo partido comunista cubano (PSP) que descubre a un joven universitario Fidel Castro (Alfredo Guevara y Lionel Soto), lo apadrina (Flavio Bravo) y lo guía hacia el Moncada. Después, lo protege en la prisión política, lo ayuda en México y le brinda cobertura y protección con su militancia en la Sierra Maestra, tras el naufragio del yate Granma.  ¿Qué papel jugó el oculto aparato de inteligencia del PSP en la trayectoria político-revolucionaria de Fidel Castro, desde sus años universitarios en la famosa escalinata hasta su sorpresivo estreno blanquista en el  fracasado asalto de los cuarteles de Santiago de Cuba y de Bayamo?

 CRA: Fíjate que los autores que mencionas, con la excepción de Baeza Flores, que fue chileno-cubano, son todos extranjeros. Eso es algo que llama mucho la atención con respecto a la historiografía del castrismo: los autores nacionales, que viven en Cuba, solo están autorizados a repetir la propaganda; mientras que algunos autores extranjeros, cuidadosamente seleccionados, son autorizados a “investigar”. A esos el castrismo les abre las puertas para que así “descubran” todo lo que deben “descubrir” para apuntalar la propaganda. Parafraseando a Marshall McLuhan, en la Cuba del castrismo la autorización es el mensaje. Todo eso, claro está, fue concebido o diseñado para reforzar el Castro-centrismo, que es esa idea de que la llamada revolución cubana fue obra del “ingenio e inteligencia de un abogado llamado Fidel Castro”. Nada más alejado de la realidad.

La violencia en Cuba es más endémica que el dengue, y llegó a la Universidad a partir de la lucha contra Machado. Sus orígenes se remontan a esos grupos que se enfrentaron al machadato, y entre ellos siempre se ha mencionado al ABC; pero se ha escondido, con silencio culpable, al Frente Rojo, la organización terrorista que los comunistas crearon a partir del regreso de Ramón Nicolau a Cuba, desde la URSS, en 1932. Hay otro elemento que también se esconde, y es que ya para el momento del segundo golpe de Estado de Batista, en 1952, los comunistas no tenían necesidad de ejercer la violencia por medio del brazo armado de su organización (que nunca dejaron de tener). Ya para ese momento, los comunistas habían penetrado tanto los cuerpos represivos de Cuba que tenían la capacidad, y la usaron, de ejercer la violencia de forma indirecta. Algo que da una idea de eso es que en su libro Baeza Flores se queja, y da como prueba de la inmoralidad del castrismo, el hecho de que un esbirro de Batista llamado Gervasio Rieumont trabajó después para el G2 de Castro. En lo de la inmoralidad acertó, pero falló en darse cuenta de que los Rieumont, porque era dos hermanos (Gervasio y Alberto) ya trabajaban para el castrismo como infiltrados del PSP dentro de los cuerpos represivos de Batista. Ninguna otra organización o partido político de la Cuba republicana llegó a tener esa capacidad.

En El sóviet caribeño hay mucha información sobre el papel de los comunistas en el surgimiento de la figura de Fidel Castro. Por razón de espacio, y para no repetir, me referiré a algunos aspectos de ese papel que no están en el libro.

Muchos ignoran que la llamada Generación del Centenario es una idea de los comunistas que fue concebida para darle una fachada patriótica y nacionalista a una operación del Partido. Esa idea fue diseñada y formalizada en un apartamento de La Habana por Flavio Bravo, Antonio “Ñico” López y Léster Rodríguez, o sea, por dos comunistas y (cuando menos) un filo comunista. Igual, el famoso e importantísimo Frente Cívico de Mujeres Martianas fue fundado por Aida Pelayo a solicitud de un comunista cubano que, según ella, había participado en la Guerra Civil española. Lo que muy pocos saben es que Aida Pelayo siempre fue comunista, que trabajó durante mucho tiempo para el Socorro Rojo Internacional  (una rama del Comintern) y que, en 1939, se postuló a las elecciones por el Partido Unión Revolucionaria Comunista en el barrio habanero de Arsenal. Aida fundó el Frente Cívico de Mujeres Martianas y después, el 26 de julio de 1953, se movilizó hacia Santiago de Cuba para hacer uso de su larga experiencia asistiendo y protegiendo  a  detenidos; experiencia que incluía, entre otras cosas, el haber sido parte del aparato de soporte que el Comintern creó, a finales de los años 30, para ayudar al comunista brasileño Luis Carlos Preste cuando estuvo preso.

Otra figura poco conocida es la de Dagoberto Raola Chongo, un militante comunista y estudiante en el Instituto de La Habana, junto con Alfredo Guevara y Lionel Soto, que fue también estudiante de Derecho en la Universidad y miembro (o infiltrado dentro) del MNR de García Bárcena, la  organización que fue desarticulada por la policía de Batista y cuyas armas (algunas) terminaron en el asalto del 26 de julio. Después, en 1955, cuando Fidel Castro sale de prisión enseguida entra en contacto con Jorge Azpiazo, el militante comunista con el que había creado un bufete de abogados cuando se graduó de la Universidad. Semanas después, cuando fundan el M-26-7 en una casa de la calle habanera llamada Factoría, en la puerta de esa casa está cuidando la entrada Dagoberto Raola Chongo, quien vivía en esa mima calle y trabajaba con su padre torciendo tabaco mientras terminaba la Universidad. Igual, en 1955, cuando se empieza a crear la estructura clandestina del M-26-7, un hombre clave fue Humberto Torres (alias “Fonseca”), un militante comunistas, dueño de una pequeña imprenta del PSP en la que trabajaba Sergio González “El Curita” y que terminó siendo, el tal “Fonseca”, jefe de los grupos de acción juveniles en lo que hoy se conoce como Habana-campo o Mayabeque. Antes de empezar a trabajar para el M-26-7 “Fonseca” tuvo varias entrevistas con Fidel Castro y en una de ellas le dejó claro que era comunista y que nunca haría nada en contra del Partido. La respuesta que recibió fue que “aunque quizás pudieran tener algunos diferentes criterios tácticos, ideológicamente no iban a chocar”.

Estamos hablando de 1955. No es casual, entonces, que desde el mismo inicio del M-26-7 los dos pueblos de Cuba que más aportaron a esa organización hayan sido los dos pueblos con más tradición comunista del país. Me refiero al ultramarino pueblo de Regla, en  La  Habana, y al pueblo de Manzanillo, en Oriente. A Regla lo han llegado a llamar “La Sierra Chiquita”, y se trata del mismo lugar donde en 1924 llamaron a una colina “Lenin”; donde en 1931 ondeó por primera vez en Cuba la bandera rojinegra que después identificaría al M-26-7; o donde en 1943 llamaron a un barrio “Lídice”. Es también, el primer lugar de Cuba en el que aparecieron letreros en las paredes dando vivas a Fidel Castro. Manzanillo, por su parte, fue el pueblo que eligió al primer alcalde comunista de Cuba (Francisco “Paquito” Rosales) quien, además, se incorporó al M-26-7 en fecha tan temprana como inicios de 1956. Hay muchísima más información, pero en algún momento hay que detenerse.

Es curioso que ese intento de ocupación de ambos establecimientos militares fuese tachado por la alta dirigencia del PSP (casualmente reunida en Santiago de Cuba durante la acción fidelista) como una acción  del más puro blanquismo y  de pequeño burgués a su autor… Aunque, después del estrepitoso fracaso militar, Fidel se rinde y. por suerte o destino, es apresado por el Teniente Sarría (militante del PSP) que se niega a entregarlo a la soldadesca del oficial batistiano Chaviano y lo ingresa públicamente en el Cuartel, con lo cual le salva la vida. ¿Fue esta  dura condena pública del PSP, a la primera intentona militar castrista, una forma de desinformar a Batista y, a sus servicios de inteligencia, además de  negar toda participación en esa acción insurreccional?

Claro que eso fue una maniobra de desinformación que, además, no les funcionó tan bien como ellos hubieran querido. A mí me resulta muy difícil entender por qué hay tanta gente que acepta el contenido de esa declaración como una  prueba fehaciente de que los comunistas no estuvieron detrás de Fidel Castro. Estamos hablando de la misma organización que expulsó a Mella en 1926 y después se pasó décadas negándolo; del mismo Partido que en 1933 llamó a una huelga contra Machado y después se sentó a negociar con él; de los mismos comunistas que llamaron a Guiteras asesino y después colaboraron con él cuando se enfrentó a Batista; de los mismos ideólogos que en 1935 llamaron a Batista asesino y después, en 1938, hicieron alianza con él, de los mismos fanáticos que en 1939 celebraron el pacto Ribbentrop-Molotov y se opusieron a la guerra contra Alemania; pero que después, en 1941, llamaron a luchar en esa misma guerra para defender a la URSS. La pura verdad es que, dado el historial de esa organización diciendo una cosa y haciendo otra, la famosa declaración contra Fidel Castro bien pudo haber sido lógicamente interpretada (o al menos debería serlo hoy) como codificante de algo que es exactamente contrario al enunciado.

Lo interesante del caso es que Batista, como buen conocedor que era de los comunistas, así lo hizo, y decidió ilegalizar al Partido, meter preso a unos cuantos militantes, cerrar el periódico Hoy, y deportar a una buena parte de la plana mayor de la organización. Es por eso que al final la maniobra de desinformación no les salió bien como ellos hubieran querido.

Referente al fracasado intento de ocupar los cuarteles mencionados, que desde un punto de vista militar no resiste un mínimo análisis (ver el libro del coronel cubano Ramón Barquín, al respecto, entre otros autores) y que se puede calificar de disparate monumental, pues solo sirvió para dar a conocer a Fidel Castro ante la opinión pública nacional. Es decir, hay un Fidel anterior y otro posterior al Moncada…  Un Fidel que se alza sobre los muertos para presentar un programa revolucionario y activar la lucha armada contra Batista. Sin embargo,  ese estrepitoso revés castrista se asemeja mucho a la entrada de los golpistas en el cuartel habanero de Columbia en 1952, solo que a Batista lo estaban esperando y por eso triunfa aquel Golpe de Estado del 10 de marzo. ¿Crees que la facilidad que tuvo el general Batista para dar ese zarpazo anticonstitucional  y que el Gobierno de Prío Socarrás se desmoronara tan fácilmente, fue lo que influyó en el joven e impetuoso Fidel Castro para organizar ese primer asalto al poder en Cuba?

El Fidel Castro anterior al 26 de julio de 1953 fue siempre un tipo muy impopular y violento. Su tendencia natural era hacia una violencia que era muy común en Cuba pero que, para su desmayo, muchos de los que la practicaban tenían más experiencia, carisma y popularidad que él.

Batista sirvió en bandeja de plata una justificación a esa violencia y Fidel Castro no fue el único que así lo vio. Fueron muchos los que así lo vieron. Basta mencionar a Menelao Mora, Aureliano Sánchez, Rafael García Bárcena, Carlos Gutiérrez Menoyo, José Antonio Echeverría y Frank País.

La diferencia radica en que casi todos los anteriores estuvieron penetrados por el aparato de Inteligencia del PSP y terminaron muertos o presos.

Desde inicios de 1959,  Fidel, Raúl y el “Che” Guevara comenzaron a reunirse en secreto, en una mansión del pueblo pesquero de Cojímar, con altos dirigentes del PSP, como: Carlos Rafael, Rodríguez, Blas Roca y Aníbal Escalante, donde se comenzó a planificar la radicalización del proceso revolucionario hacia un socialismo estalinista de corte soviético que comienza a implantarse en Cuba desde mediados de 1960 y se hace oficial en 1961 con la declaración fidelista de “Soy marxista-leninista y los seré hasta el último el día de mi vida”.   ¿Qué nos puedes decir de  aquel  gobierno en la sombra o paralelo al primer gabinete castrista, repleto de socialdemócratas y hasta de liberales? Por cierto, estas reuniones del gobierno oculto de castristas y comunistas, se detalla muy bien en el libro de Tad Szulc: Fidel. Un retrato crítico  (1987) y representó el origen del régimen del partido único en la Isla: ORI (1961), PURS y PCC (1965). ¿Fue una conspiración palaciega en toda regla o, más bien, un Golpe de Estado contra las filas democráticas revolucionarias?

No, para nada. Cojímar fue la continuidad de algo que ya estaba muy bien cuadrado de antemano y que Tad Szulc, para reforzar el Castro-centrismo, presenta como una conspiración genial de Fidel Castro. No podemos olvidar que Tad Szulc es colega y amigo de Herbert Matthews y que este es, a su vez, colega y amigo de Ernest Hemingway, el agente “Argos” de la Inteligencia soviética que trabajó para el aparato de Inteligencia del PSP y tuvo como manejador (o handler) a Ramón Nicolau. Todo se remonta a la Guerra Civil española y al trabajo que, durante la misma, desarrolló el comunista alemán Willy Münsenberg, que fue el creador de eso que hoy conocemos como noticias falsas. A España fueron a parar un grupo de escritores ingleses y norteamericanos que trabajaron, bajo el mando de Münzenberg, para generar propaganda a favor de la República española. Algunos de esos escritores, como John Dos Passos, Arthur Koestler y George Orwell, salieron de España asqueados del comunismo soviético y no quisieron saber nada más de semejante barbaridad. Otros. como Herbert Matthews y Ernest Hemingway, salieron de ese conflicto cojeando de la patica roja. En el caso de Hemingway, ese cojeo se convirtió en un reclutamiento en toda regla que ya hoy está más que confirmado a partir del famoso Proyecto Venona.

Tiempo después, Herbert Matthews terminó trabajando para el New York Times y sería, en febrero de 1957, el artífice de la primera gran victoria de Fidel Castro, que fue mediática, y del carácter esencialmente propagandístico de la revolución cubana. Una guerrita que antes de anotarse su primera victoria militar real (el combate del El Uvero) ya era noticia mundial gracias a Matthews. Algunos han intentado justificar a ese periodista diciendo que fue engañado por Fidel Castro. Eso no fue así y, para demostrarlo, escribí hace poco en mi blog un post que analiza la famosa entrevista de Matthews y dejan bien claro, párrafo a párrafo del texto publicado por el New York Times, que las mentiras y omisiones fueron responsabilidad de Matthews. Tad Szulc, por su lado, también terminó trabajando para el New York Times, recibió de Matthews el bastón de experto en Cuba y eventualmente terminaría siendo autorizado para “investigar” dentro de Cuba sobre la revolución. Como ya dije antes: la autorización es el mensaje.

Recordemos al primer gabinete del Gobierno revolucionario del 59: el Presidente Manuel Urrutia, el Primer Ministro José Miro Cardona, el Ministro de Exteriores Roberto Agramonte, los economistas Felipe Pazos y Rufo López Fresquet, el ingeniero Manolo Ray (Obras Públicas), el abogado Humberto Sorí Marín (Ministro de Agricultura y redactor de la primera Reforma Agraria de la Sierra Maestra, fusilado en 1961)  Además de los comandantes Huber Matos y Eloy Gutiérrez Menoyo (ambos cumplieron veinte años de presidio político) , el también fusilado William Morgan o Mario Chanes (27 años de prisión) hasta dirigentes demócratas, como: Raúl Chibás y Elena Mederos, el líder obrero David Salvador y Pedro Luis Boitel (dirigente estudiantil del 26 de Julio, fallecido en una huelga de hambre en la prisión  castrista en los años 70 ) y un gran etcétera de revolucionarios. O como el  profesor  y ensayista Jorge Mañach, que revisó el opúsculo La historia me absolverá (1954), primer programa político del Movimiento 26 de Julio, de clara tendencia socialdemócrata. ¿Crees que la vía democrática de la Revolución humanista cubana fue una quimera o quedó cercenada desde el principio por el Pacto de Cojímar (1959) entre castristas y comunistas?

La vía democrática de la revolución cubana fue anulada, golpe a golpe, desde mucho antes del Pacto de Cojímar. Fue anulada, y por solo mencionar los golpes más importantes, con el fracaso de García Bárcena, con la liberación de los moncadistas, con la entrevista de Matthews, con los tres camiones de armas que nunca llegaron para apoyar el asalto al Palacio Presidencial, con la muerte de José Antonio Echeverría, con el robo de los camiones de armas y su traslado a la Sierra Maestra, con la destrucción del Directorio en Humboldt 7, con el inexplicable fracaso de Frank País cuando intentó crear un segundo frente guerrillero en la Sierra Cristal, con la muerte de Frank País, con el fracaso de la Huelga del 9 de abril, con el embargo de armas de los EE UU a Batista, con la reunión de El Alto de Mompié, con el asesinato en combate de René Ramos Latour, y con la entrega del campamento de Columbia a Camilo Cienfuegos.

Después de todos esos golpes Fidel Castro llegó al poder con un respaldo muy similar al que el Ejército Rojo les había dado a los comunistas de Europa del Este después de terminada la Segunda Guerra Mundial. Con ese tipo de respaldo el Pacto de Cojímar, y la destrucción de la vía democrática de la revolución cubana, eran meras formalidades.

Como poeta cubano, me hubiese gustado leer -en tu libro- un capítulo sobre la influencia de los comunistas en la cultura cubana y, sobre todo, su papel represor a la hora de implantar el modelo soviético en Cuba. Me refiero a las pugnas por el poder entre los miembros de Lunes de Revolución (1959-1961) y los comunistas y, sobre todo, la presencia  muy activa de altos dirigentes del PSP (como Carlos Rafael Rodríguez, Edith García Buchaca, Mirta Aguirre,  Portuondo y el entonces presidente Dorticós) que flanquearon a Fidel en la mesa de la famosa reunión donde se plasmó la deriva represiva totalitaria de la cultura cubana con el lamentable discurso Palabras a los intelectuales (1961) y la creación -al más puro estilo soviético- de la UNEAC (en ese mismo año). Desde entonces, se sucedieron casos y más casos represivos contra los poetas, artistas y escritores cubanos. Ejemplos sobran: José Mario y El Puente,  el caso Padilla, Reinaldo Arenas, la Carta de los 10,  firmada por Cruz Varela y Díaz Martínez (en la actualidad de nuestros mejores poetas en el exilio) hasta la prisión de Raúl Rivero (también exiliado) y tantos atropellos y abusos acumulados hasta nuestros días. Por eso te pregunto, tú que frecuentaste de niño a muchos de esos intelectuales comunistas, ¿crees que creían en ese modelo represor estalinista o estaban atrapados en su vieja militancia, en su inercia ideológica? Me refiero a  ilustres hombres y mujeres de las letras cubanas de entonces, como: Juan Marinello y  Nicolás Guillén,  Vicentina Antuña y Mirta Aguirre, entre otros…

La vía democrática de la revolución cubana también fue anulada verso a verso. Todos esos poetas y escritores que mencionas creían ciegamente en el estalinismo, y si no lo hubieran hecho el Partido se habrá deshecho de ellos, sin miramiento alguno. Masferrer fue un excelente escritor y, cuando entró en contradicción con ellos, fue expulsado sin miramientos. Igual pasó a Carlos Franqui y con Raúl Roa. Algunos de esos escritores expulsados pudieron haber pasado a trabajar como cripto comunistas para el aparato de Inteligencia, pero la pura verdad es que, si no creías en el dogma estalinista, y no lo practicaban te ibas  del juego. Al mismo tiempo, el Partido tenía un sistema de seducción de escritores, poetas e intelectuales, tan eficiente que nunca le faltaron plumas dispuestas a escribir mojando en sangre y mentiras.

Según la historiografía oficial del régimen castrista, el partido comunista de Cuba, fundado en 1925, fue creado por los cubanos Carlos Baliño y Julio Antonio Mella  entre los más conocidos… Lo cual es cierto, en parte, porque en la realidad ese partido comunista no fue del todo autóctono, sino, más bien, un encargo de la Comintern a unos jóvenes comunistas europeos (polacos judíos) a quienes ordenaron crear ese partido en Cuba, que -sobre todo- respondería a los intereses soviéticos con unas directrices dictaminadas, primero por Lenín (hasta 1927) y, posteriormente, bajo las pocas razonables órdenes de Stalin. ¿Cuál fue el  verdadero papel que jugó  Fabio Grobart en la fundación del partido comunista de 1925 y sus misiones o cargos dentro de ese partido y, más tarde, en el castrista PCC de 1965?

Existió un partido comunista cubano, creado en 1919, que estuvo afiliado al Comintern. Fue una organización creada por Marcelo Salinas que no llegó a nada porque Salinas, que era anarquista, se desencantó del Bolchevismo cuando empezó a escuchar las noticias que llegaban desde Rusia sobre la forma en que los bolcheviques trataban a los anarquistas.

Todo parece indicar que a los soviéticos no les quedó más remedio que enviar a alguien de su confianza a Cuba para que lograra, investido con los poderes de Moscú, la difícil tarea de agrupar a cubanos y extranjeros en un solo Partido Comunista. Ese cuadro fue Fabio Grobart, un tipo que tuvo más nombres que pelos en la cabeza y que es, quizás, uno de los tres agentes de Inteligencia más exitosos de la Historia. Los otros dos fueron tan buenos que lo más probable es que nunca nos enteremos de sus nombres.

El verdadero papel de Grobart fue crear un Partido político que fuera, siguiendo las enseñanza de Lenin y las experiencias ya acumuladas por otros comunistas, una organización política (en el sentido tradicional del término) que sirviera, a su vez, como reservorio y escudo protector de una organización de combate y un aparato de Inteligencia creados para penetrar y destruir eso que ellos llamaban, y todavía llaman, la sociedad burguesa.

Hay que reconocer que hizo un trabajo macabramente impresionante. Su  talento para el reclutamiento, selección y emplazamiento de cuadros fue tan bueno que durante más de tres décadas de trabajo de Inteligencia no tuvo una sola traición que pusiera en peligro esa parte de la organización. Logró, instaurar, desde Praga, donde estaba exiliado desde 1952, el primer régimen comunista del hemisferio occidental y regresó a Cuba, en 1961, para ocuparse de eso que en la Inteligencia soviética se llamaba el enemigo principal, o sea, los EE UU.

Parece que Fidel Castro fue un lector más interesado en Lenín ( le deslumbró El Estado y la Revolución) que en el viejo Marx,  quizás porque al joven Castro le atraía más  todo planteamiento que razonase la toma del poder (su verdadera obsesión), que unos análisis del capitalismo del siglo XIX. Aunque -en sus cartas del presidio político- comenta sus lecturas marxistas  y  preguntaba qué diría el autor de El Capital  de esos “revolucionarios” que reciben visitas que le traen tabacos H. Upmann y bombones en la prisión de Isla de Pinos (privilegios y derechos que sabemos negó durante estos 60 años a los presos políticos anticastristas). ¿También en el presidio político, la mano larga del PSP lo protegió y ayudó?

Si algo demuestra El sóviet caribeño es que el PSP estaba en todas partes, así es que no me extrañaría encontrar que tuvieron hombres en el presidio de Isla de Pinos. Por el momento, no me consta, pero no me extrañaría enterarme algún día. Si sé que enviaron varios emisarios, sobre todo a Raúl Castro. No olvides, además, el famoso Frente Cívico de Mujeres Martianas que dirigía Aida Pelayo. Una colección de tontas útiles que se ocuparon de darle atención a los prisioneros y que además desataron, junto con los comunistas, una feroz campaña tanto dentro como fuera de Cuba para lograr la liberación de los moncadistas. El gran error de Fulgencio Batista.

¿Cómo influyeron “los hombres de Fabio” -como tú los denominas en tu libro.- en la radicalización política de Fidel Castro y su acercamiento al PSP  desde la Universidad, primero y, después, siendo ya un militante ortodoxo?

Fidel Castro tuvo vectores muy marcados en su personalidad. Como todo buen psicópata (de libro de texto) fue un hombre dominado por la megalomanía, por la falta de empatía, por esa paranoia que siempre se desprende de los egos inflados, y por un deseo de sobresalir que, a falta de carisma real, o popularidad orgánica, lo obligó a recurrir a la violencia como una forma fácil de hacerse sentir. Siempre sucede que las personas con vectores muy marcados en sus personalidades son fácilmente manipuladas por aquellos que quieran y sepan, o intuyan, como mover o trabajar adecuadamente esos vectores. La pregunta, entonces, es: ¿tuvo el PSP esa capacidad? Aunque parezca increíble, la respuesta es positiva. Yo dejé ese tema fuera de mi libro  por razones de espacio, pero un día hablando con mi padre le pregunté si él nunca había ido alguna vez a un psicólogo o a un psiquiatra y me respondió que no, que-de-eso-nada, que esa gente siempre trabajaba para el “aparato”. Cuando le pregunté si lo había hecho antes de 1959, me respondió que no, que esa gente trabajaba para el “aparato” desde mucho antes del triunfo de 1959. Pensé que exageraba (todavía lo pienso) y casi olvidé esa conversación.

Sin embargo, cuando empecé a investigar para el libro descubrí que hubo siempre una profunda relación entre la psicología, y la psiquiatría, cubana y el PSP. Para empezar, uno de los fundadores del Partido de 1925 es nada más y nada menos que Alfonso Bernal del Riesgo, el padre de la psicología en Cuba. Una vez leí un coloquio dedicado a Julio Antonio Mella en el que Bernal del Riesgo estableció una comparación entre eso que él llamó el “perfil radical” de Mella y el de Fidel Castro. Esa fue la primera vez que sospeché que el PSP sí pudo haber tenido capacidad para hacer perfiles psicológicos. Una sospecha que confirmé después cuando leí en las memorias de Jorge Risquet que, siendo él muy joven, el Partido le hizo, mediante la doctora Aelia Dou (discípula de Bernal del Riesgo), un perfil psicológico que arrojó, entre otras cosas, “que pese a ser un adolescente  proyectaba claramente la necesidad de cambio y era un verdadero líder”. ¡Solavaya!

Ya para 1945, momento en el que Fidel Castro llega a la Universidad de La Habana, el Partido tenía una larga experiencia en el trabajo con eso que el Comintern definió, antes de disolverse, como la política de los “hombres nuestros”. Una estrategia encaminada al reclutamiento, estrictamente fuera de la militancia, de elementos de la burguesía que estuvieran dispuestos a trabajar con, o para, los comunistas, pero manteniendo, obligatoriamente, sus fachadas burguesas o pequeño burguesas. Con esto quiero decir que, como cualquier delito, el PSP tuvo los medios, el motivo y la oportunidad de influir en Fidel Castro. Es verdad que el susodicho siempre fue todo un bicho y que es muy posible que inmediatamente se haya establecido un contrapunteo de manipulaciones entre él y los hombres de Flavio Bravo en la Universidad. El problema, para Castro, es que cada vez que esos contrapunteos se establecen la persona, el grupo de personas, que maneje la mayor cantidad de información tiene una ventaja extraordinaria a la hora de imponer sus manipulaciones, y todo parece indicar que así fue.

En tu libro,  explicas que el núcleo duro de la inteligencia del PSP estaba muy bien posicionado (o infiltrado) dentro de las estructuras militares y policiales del Estado cubano -y en otras instituciones de la sociedad prerrevolucionaria- y das algunos ejemplos, como cuando los jóvenes del Directorio Revolucionario (comandados por Carbó Servía y Rolando Cubela) pensaban atentar contra Santiago Rey, ministro de Gobernación de Batista en el cabaret habanero Montmartre y como éste no asistió, se toparon con el coronel Antonio Blanco Rico. Jefe del SIM batistiano y lo ultimaron a balazos, desconociendo que Blanco Rico era un militante del partido comunista infiltrado en la policía cubana desde los años cuarenta.  Incluso afirmas que en el avión que llevó a Batista al exilio,  habían tres agentes del PSP, uno era el coronel Mariano Faget y dejas caer el caso del teniente Esteban Ventura (como lo hizo Norberto Fuentes en uno de los tomos de la autobiografía de Fidel Castro)… Pero mencionas a dos: Faget y Ventura, ¿quién fue el tercero? ¿Hay pruebas tangibles -o razonables- de que Ventura fue un agente del PSP o quizás ambos (Ventura y PSP) se informaban (practicaban un quid pro quo): el PSP pedía ayuda a Ventura para sacar a algún militante o dirigente de la cárcel y a cambio, el PSP le proporcionaba información valiosa sobre la lucha insurreccional o de índole política?  ¿Puedes hablarnos del caso Faget y de su hijo Marianito (cubanoamericano): Su trabajo policial en la Cuba prerrevolucionaria, y su exilio en Miami, laborando para las autoridades norteamericanas, mientras informaba a la inteligencia castrista hasta su muerte?

Blanco Rico fue un hombre del Partido. Eso lo escuché muchas veces y de eso no tengo dudas. Al mismo tiempo, para que eso sea aceptado por la Historia hay que esperar a que el comunismo cubano se decida a rendirle el honor que ellos siempre, más tarde o más temprano, les rinden a sus agentes. Si te fijas en la entrada de Blanco Rico en el sitio de desinformación castrista llamado Ecured verás que, en contra de toda lógica, no lo presentan como lo que fue: un esbirro del Servicio de Inteligencia Militar de una odiada tiranía. Digo en contra de toda lógica porque no hacerlo implica poner bajo una luz negativa a los miembros del Directorio que le dieron muerte;  y el Directorio es, hoy por hoy, una de las organizaciones sagradas del panteón revolucionario del castrismo. Igual, llama mucho la atención que Fidel Castro haya decidido quejarse de la muerte de Blanco Rico en 1956. Un momento en que el apoyo del Directorio le resultaba mucho más remunerador que denunciar la muerte de un esbirro. Desde el punto de vista político, o manipulativo, algo en lo que a Fidel Castro siempre le dieron categoría de genio, era mucho más importante callar sobre Blanco Rico para buscar cualquier tipo de alianza real con el Directorio. A pesar de eso, Fidel Castro hizo exactamente lo contrario, y eso es algo que habla en el sentido de su relación con el PSP, de lo dañina que había sido la muerte de Blanco Rico para los planes de esa organización y, por tanto, para los de Fidel Castro. Además, y como ya dije en otro post en mi blog, el apellido Blanco es un apellido premiado en la historia del comunismo cubano. Habría que ver si alguno de los muchos Blancos del comunismo cubano fue familia del jefe del SIM.

De Mariano Faget tampoco tengo muchas dudas. Cuando se analiza la historia del comunista Pedro Felipe Leal Peña, que está contada en El soviet caribeño, queda claro que el Partido hizo un excelente trabajo usando, entre otros, a Ernest Hemingway para serrucharle el piso a Eleuterio Pedraza primero, y a Manuel Benítez después. Cuando esos dos jefes de la represión batistiana cayeron en desgracia, Mariano Faget emergió como el hombre de los americanos en Cuba. Eso es algo que indica en el sentido de esos trabajos de posicionamiento de aventura que son tan comunes en los servicios de Inteligencia. Está también la información que da Leal Peña de que, después de marzo de 1952, cuando ya Faget había regresado a Cuba, para ser uno de lo los jefes del  Buró de Represión de Actividades Comunistas (BRAC), él intento si éxito alguno convencer al Partido para que lo dejaran penetrar a Faget una vez más (Leal Peña no sospechaba de la militancia de Faget, pero todavía era un hombre de su confianza). Eso apunta a que ya en ese momento el BRAC estaba tan penetrado, que el Partido bien pudo darse el lujo de prescindir de Leal Peña.

Está también la historia que cuenta Lionel Soto, en sus memorias, sobre su encarcelamiento en el BRAC. Resulta que Lionel Soto cayó preso, por una razón aparentemente fortuita (aunque en esos asuntos casi nunca se sabe), junto con Secundino Guerra, alias “Guerrero”, uno de los hombres más importantes del aparato de Inteligencia del Partido. Secundino era el militante que sabía dónde estaban escondidos todos, y en este caso es importante recalcar el “todos”, los comunistas que trabajan clandestinamente en Cuba. Sabía dónde estaban Ramón Nicolau, Osvaldo Sánchez, Víctor Pina, Isidoro Malmierca, Aníbal Escalante y un larguísimo etcétera. A pesar de eso, y contra toda lógica, el BRAC lo dejó ir. El tipo había caído preso en la casa de uno de los jóvenes comunistas más buscado por la policía de Batista y ni un pescozón le dieron. Fingió un síncope cardiaco, llamaron al médico que confirmó el diagnóstico, lo trasladaron a un hospital y después lo dejaron ir. El que recibió todos los pescozones y fue salvajemente torturado, y le pusieron una pistola en la sien para matarlo, en El Laguito, y no habló, fue Lionel Soto. Su torturador fue José Castaño que en su momento era, si mal no recuerdo, el segundo jefe del BRAC. De Castaño también escuché muchas veces que fue un hombre del Partido y que fue la causa primaria por la que ya desde 1959 Lionel Soto y el “Che” Guevara cayeron en desgracia ante los hombres de Fabio. Eso no lo puse en El sóviet caribeño porque por más que busqué no pude encontrar ningún indicio. La historia que escuché, de mi madre, fue que Castaño estuvo preso en La Cabaña, que Nicolau, que era el segundo al mando sugirió que no lo fusilaran hasta que se hicieran las averiguaciones pertinentes y, mientras eso sucedía, lograron que la Iglesia intercediera, porque el tipo en realidad no tenía muertos, y así fueron creando las condiciones para exiliarlo en los EE UU y ponerlo a trabajar dentro de la CIA. El asunto fue que Lionel Soto se enteró, fue a ver a su cúmbila Pablito Ribalta, que era un comunista y capitán de la columna del “Che”, además de amigo personal del argentino (si es que eso era posible). Lo fueron a ver, le explicaron que Castaño había torturado a Soto y el Guerrillero Heroico, ni corto ni perezoso, le dio Aspirina a un tipo que el Partido tenía preparado para otros menesteres. Lo fusiló. Después de eso, Soto a pesar de ser amigo personal de Fidel Castro desde la Universidad, nunca levantó cabeza. De embajador nunca pasó, y al “Che” ya sabemos lo que le pasó.

Algo que indica que la historia de Castaño pudo haber sido verdad es que el Partido siempre tuvo al menos dos personas emplazadas en el mismo entorno. En el trabajo de Inteligencia eso es muy importante y por muchas razones. Una es que la información de un solo  agente es tan subjetiva que puede alejarse de la verdad. Eso ya les había pasado a los comunistas cubanos en 1933, cuando el hijo de Ramiro Guerra, el agente “Matienzo”, les dijo que los militares estaban dispuestos a defender a Machado y después resultó que no era así. Cuando se tienen al menos dos agentes las informaciones se contratan y es mucho más fácil, desde el punto de vista estadístico, acercarse a la verdad. Otra razón es que dos agentes bien compartimentalizados pueden vigilarse el uno al otro. Por último, dos agentes permiten detectar manipulaciones o desinformaciones que siempre ocurren cuando uno de ellos es detectado por el enemigo.

Con respecto al desempeño de Mariano Faget en el exilio hay al menos un caso que indica que trabajó para el castrismo. Se trata del doctor Augusto Fernánderz-Conde, un médico que fue primo del padre de Celia Sánchez y que, en febrero de 1959, fue llamado por ésta para que le curara una neumonía (u otra infección menos mencionable) a Fidel Castro. El tratamiento fue penicilina inyectable, pero resultó que el aguerrido comandante sentía rechazo visceral por las inyecciones. Al mismo tiempo, Fernández –Conde estaba enfrascado en una pelea con los comunistas, que ya intentaban hacerse con el control, para el castrismo, del Colegio Médico de Cuba. Al final tuvo que exiliarse en los EE UU y, para su sorpresa, fue encarcelado en un centro de inmigración en El Paso, Texas. La razón de su encarcelamiento fue nada más y nada menos que Mariano Faget, quien ya en ese momento era uno de los asesores más importantes de los EE UU con respecto a los inmigrantes cubanos. Cualquiera que haya sido la razón del encarcelamiento, fuera el conocimiento del Dr. Fernández-Conde de la influencia comunista en Cuba, o de que el guapo del barrio le tenía pánico a las inyecciones. Lo cierto es que Faget, con su aureola de antiguo batistiano, tenía la cobertura perfecta para impedir la entrada en los EE UU de un profesional que sí había luchado contra Batista y además lo había hecho contra Castro. Para reforzar esa aureola por esos días salió un artículo en el New York Times diciendo que uno de los jefes de la inmigración de los cubanos hacia los EE UU era un antiguo batistiano. Como cabría esperar, ese artículo fue firmado por Tad Szulc.

En cuanto a Ventura Novo, creo que hay informaciones que indican que su relación con el Partido fue mucho más estrecha que la que cabría esperar de un simple intercambio de favores, o de un contrapunteo de manipulaciones. El regreso de su familia a Cuba y su ulterior fuga, son muy sospechosos. El libro que escribió denigrando al Directorio y al M-26-7, pero muy poco a los comunistas, deja mucho que pensar. Sus visitas frecuentes a Radio Service Castilla, una empresa pantalla de los comunistas, son muy raras. El hecho de que de su mano murieron muy pocos comunistas (por no decir ninguno) y de que los que pasaron por él, antes de morir, habían desobedecido las órdenes del Partido, me encienden las alertas. Además, murió de viejo y sin molestias en Miami. A todo eso hay que sumarle que su secretario personal, y hombre de confianza, fue Mario Betancourt, un habitante del ultramarino pueblo de Regla que era militante comunista y trabajaba para el aparato de Inteligencia del Partido.

Referente al tercer hombre que dicen que iba en el avión de Batista, bueno, sabrá dios si eso es verdad. Si lo fue es posible que haya sido un hombre del entorno personal del tirano: un secretario, un edecán o algo así. Lo digo porque Blanco Rico fue, antes de empezar su entrenamiento para trabajar en la Inteligencia Militar, edecán de Batista. Pero es posible que nunca nos enteremos quién fue.

Uno de los capítulos más interesantes de tu libro, es el XIV. “El quinto mártir” (que evidentemente es Marcos Rodríguez Alfonso, “Marquitos”, el joven comunista fusilado por el castrismo en 1964, como delator de los universitarios antibatistianos que se escondían en la calle  Humboldt-7, tras el ataque al Palacio Presidencial en 1957). Sobre este tema se ha escrito mucho, desde la bien escrita Memorias  (1961) de  Esteban Ventura, al muy ameno Útiles después de muertos ( 1969) de  Carlos Manuel Pellecer, pasando por el libro quizás más documentado de todos: Un asunto sensible. Tres historias cubanas de crimen y traición (2009) de Miguel Barroso, hasta el testimonio “Humboldt 7 y el hombre que delató a mi padre”:  http.//napoleon03.wordpress.com/2011/03/06/humboldt-7-y-el-hombre-que-delato-a-mi-padre/amp/    de Osvaldo Fructuoso Rodríguez Jiménez (hijo de Fructuoso, uno de los asesinados en el apartamento Humboldt-7)… No obstante, aunque cada uno de estos autores señalan a diferentes autores de tal delación o coinciden en el culpable, otros como el poeta y socialista cristiano Jorge Valls Arango siempre defendió la inocencia de “Marquitos”, incluso Valls fue el único testigo de la defensa de este y, como sabes, fue miembro de la FEU y del Directorio Revolucionario, y cumplió veinte años en el presidio político castrista…falleciendo en el exilio. En este aspecto,  me interesa saber, ¿qué crees de la opinión de tu padre, conocedor cercano de aquellas luchas estudiantiles, cuando te comentó. “Marcos Rodríguez no había delatado a nadie (…y…) que era imposible demostrarlo?”. Aunque también te dijo: “A Marquitos lo mató el Partido”…

Desde el momento en el que titulé ese capítulo “El quinto mártir” acepté, en lo esencial, esa idea de mi padre. A él le llevó mucho tiempo armar una parte de la estructura lógica que lo llevó a creer eso; pero, al final, le faltó mucha información que ya hoy está disponible. Una de las cosas que más le llamó la atención fue que involucraran a Joaquín Ordoqui y a Edith García Buchaca en esa historia. Esos dos cuadros no tuvieron nada que ver con “Marquitos” en Cuba, y cualquier cosa que hayan hecho con él en México tiene que haber sido siguiendo las instrucciones que Osvaldo Sánchez les envío desde La Habana. Mi padre conocía el funcionamiento interno de esa organización, y su férrea disciplina. Nadie le iba a dar bola a “Marquitos” en México sin antes de consultar con La Habana. Eso era sencillamente imposible. Por otra parte, él se dio cuenta de que la historia que habían armado para juzgar a “Marquitos” hacía agua por todas partes. Los propios datos publicados por el castrismo se contradecían.

Todos esos libros que tú mencionas adolecen de la misma limitación, y  es que no se puede entender el caso de “Marquitos” sin antes entender el trabajo del aparato de Inteligencia del PSP penetrando los cuerpos represivos de Batista y las otras organizaciones revolucionarias. En ausencia de esas informaciones los análisis del famoso caso de Marcos Rodríguez se convierten en otro ejercicio de propaganda del comunismo cubano.

Marcos fue un chivo expiatorio para tapar el hecho de que los mártires de Humboldt 7 ya estaban muertos desde el momento en el que los famosos camiones de armas no llegaron al asalto al Palacio Presidencial. En el juicio no se habló de Ignacio González (o Manet), que fue el tipo que hizo que las armas no llegaran. En el juicio no se habló de Mario Morales Mesa, que trabajaba para el Partido dentro de la gente de Menéalo Mora. En el juicio no se habló de Mario  Betancourt, que era el hombre de confianza de Ventura y trabajaba para el Partido, o los vínculos que el propio Ventura tenía con los comunistas.  En el juicio no se habló de que en 1957 el carpeta del Hotel Colina era nada más y nada menos que Gabriel Gelt Yurre, un agente del aparato de Inteligencia del PSP que había trabajado en los EE UU y que después, cuando se quemó allá, fue puesto por el Partido en el que quizás sea el punto de observación y escucha más ventajoso de la Universidad de La Habana. A José Antonio Echeverría lo mataron frente al Hotel Colina. Gelt Yurre fue quizás la persona que le informó al Partido que “Manzanita” ya no vivía. Sin esas informaciones, y otras más que están en mi libro, es imposible entender el famoso caso “Marquitos”.

Unos temas que también me hubiese gustado que desarrollaras son el caso del sectarismo (1962) con la figura de Aníbal Escalante, curiosamente en  plena  crisis de los cohetes, y  el proceso a la Microfracción (1968) en el crucial año de la desastrosa Ofensiva Revolucionaria (marzo) y del apoyo de Fidel Castro a la invasión de la URSS a Checoslovaquia (agosto)… ¿Cuántos militantes comunistas (del PSP) fueron defenestrados y apartados de la vida política en el 68? ¿Cuántos fueron juzgados y condenados a la prisión política? ¿Por qué se dio la Microfracción y cómo valoras a sus dirigentes y participantes?

Hay una línea de continuidad entre el primer tronaje a Aníbal en marzo de 1962, el juicio de “Marquitos”, el tronaje de Ordoqui, la Microfracción y la muete del “Che” Guevara. Todo está relacionado y en todo eso Fidel Castro, más que haber sido instrumental, fue un instrumento. El inicio lo puedes marcar con la muerte, en enero de 1961, de Osvaldo Sánchez y la detención, al otro día y allá en Praga, de Marcos Rodríguez. Todo se remonta al hecho de que Grobart tuvo que salir de Cuba a finales de 1951 y se radicó, la mayor parte del tiempo, en Praga. Mientras Grobart estuvo fuera de Cuba la secretaría de Organización del PSP, que es la que se ocupaba del trabajo clandestino y de Inteligencia, estuvo bajo el mando de Aníbal Escalante. El problema, para Aníbal, es que sí, él dirigió el trabajo clandestino y de Inteligencia para ayudar al castrismo durante la lucha contra Batista; pero lo hizo usando un aparato que había sido creado por Grobart y que estaba conformado por comunistas que habían sido seleccionados, adoctrinados y entrenados por Grobart. Ramón Nicolau, Flavio Bravo, Víctor Pina, Osvaldo Sánchez y un largo etcétera eran todos hombres de Fabio, como también lo eran, quizás sin que Aníbal lo supiera del todo, Fidel Castro y Raúl Castro.

Cuando triunfa la revolución, Aníbal empieza a acumular mucho poder y eso algo no muy preocupante siempre y cuando los hombres de Fabio siguieran en sus posiciones, pero entonces matan a Osvaldo Sánchez, un tipo que fue un profesional del trabajo de Inteligencia y que, ya para 1959, tenía décadas de experiencia en esos menesteres, además de un montón de cursos y adiestramientos pasados. Sánchez es recordado entre la alta dirigencia del castrismo como el tipo que introdujo un estricto rigor con respecto a la seguridad personal  de esa dirigencia. Muchos lo recuerdan como una ladilla psicótica cuando de seguridad personal se trataba. Fue él quien logró que esos dirigentes reportaran sus viajes y se aseguran de las informaciones necesarias, de la logística requerida y de las protecciones inevitables. A pesar de eso, y en contra de toda lógica, lo bajaron con el fuego “amigo” de una batería antiaérea del castrismo que estaba emplazada cerca de Varadero. Esa fue una muerte muy rara, y a Grobart se le tienen que haber disparado todas las alarmas, y tuvo que haber decidido que ya era hora de regresar a Cuba y poner orden en su realengo. Lo primero que hizo fue meter preso a Marcos Rodríguez en Praga. Después tuvo que esperar, porque había amenaza de invasión y no estaba claro si Kennedy decidiría enviar a los marines. En cuanto pasó Playa Girón, Grobart regresó a Cuba, cerró el Partido oficialmente, puso a Blas Roca de simple director del periódico Hoy y empezó a trabajar para deshacerse de todo lo que estorbara para sus planes a largo lazo. En marzo de 1962 cae Aníbal, en 1964 juzgan a “Marquitos” como traidor y de una forma completamente ilógica embarran a Ordoqui con esa supuesta traición. En 1965, se sacan de la manga la absurda historia de que Ordoqui había colaborado con la CIA, casan esa información con el embarre del juicio de “Marquitos” y truenan a Ordoqui y lo sacan del juego. Eso no lo digo yo, eso lo dice Josefina Ruiz Yarini en Un asunto sensible, el libro de Miguel Barroso que mencionaste en tu pregunta anterior. Así lo dice ella: “El objetivo no era él (Marcos)…era deshacerse de los viejos comunistas más díscolos, de los que no se doblegaban, lo hicieron con Aníbal y lo repitieron con Ordoqui”. Es evidente que a Barroso (otro ejemplo de que la autorización es el mensaje) se le escapa la gran importancia de esa información. Él da con Josefina porque ella había sido la hija embajador de Cuba en Praga, Ángel Ramón Ruiz Cortés, y la novia de Marcos Rodríguez en esa ciudad. Lo que Barroso ignoró durante su investigación es que Ruiz Cortés era un hombre de Fabio Grobart,  desde 1925, y que su presencia en Checoslovaquia no fue para nada casual, como probablemente tampoco lo fue el noviazgo de su hija con Marcos. Se puede decir que

Barroso estuvo en el pueblo, pero no vio las casas, y es por eso que en su libro Joaquinito Ordoqui, el hijo de Ordoqui, insiste varias veces en que las cosas no cuadraban y que faltaba información. Cómo me habría gustado que Joaquinto leyera El sóviet caribeño, pero no pudo ser.

Después de Ordoqui quedó el asunto del argentino bocón y antisoviético, y de esa Microfracción que todavía hoy tantos insisten en anotarle a Fidel Castro. La Microfracción es un gran saco en el que Fabio y sus hombres metieron a todos los que les estorbaban en 1967. No hubo tal conspiración, fue simple y llanamente un estado de opiniones que sirvió para tronar indiscriminadamente y muchas veces, como fue el caso de Malmierca con mi padre, para ajustar viejas cuitas pendientes. Mira, para que tengas una idea, hay una historia de una microfraccionaria, creo que fue Hilda Felipe, pero no estoy 100% seguro, que cuando la fueron a detener salió de su casa gritando “¡Avísenle a Fidel, avísenle a Fidel que le están dando un Golpe de Estado!”.

Al finalizar tu libro, que se lee de un tirón (aunque es un tirón de 450 páginas), me hice una pregunta, ¿qué pasó -tras la caída del Muro de Berlín y el “desmerengamiento” de la URSS- con las relaciones de la inteligencia y contra inteligencia  cubana con sus homólogos rusos (que ya no soviéticos) o alemanes y checos?  ¿Hubo una ruptura como en  lo económico y en las ayudas solidarias o al desaparecido  KGB, le sucede el centenario GRU, con el ex agente secreto Putin al frente del país?  ¿Crees que a la muerte de Raúl Castro se desatará una lucha por el poder entre las familias dirigentes del post-castrismo? ¿No crees que solo hay dos posibilidades: una, los que intentarán mantener el totalitarismo estalinista vigente  a toda costa para proteger sus privilegios y dos, los que pondrían en práctica unas reformas posibles y deseables para desinflar el Leviatán estatal y darle paso a la iniciativa privada, a la libre empresa y a la libertad de comercio, como única forma de mejorar el nivel de vida del pueblo cubano? ¿Son estos posibles sucesores reformistas del castrismo estalinismo quienes darán inicio a una paulatina descastrización de Cuba?

Bueno, estas son muchas preguntas en una y casi todas requerirían de sus respectivos análisis por separado. Haré un intento. Los estalinistas dentro de la Inteligencia y la burocracia soviética siempre vieron a Fidel Castro, sobre todo después de 1975, como lo más cercano a Stalin que existía en este mundo. Fue gracias a eso que el castrismo llegó a disfrutar de la existencia de un lobby cubano dentro de la URSS. Muchísimos cuadros en ese país defendieron al castrismo a capa y espada y llegaron a hacerlo, incluso, después de la llegada de Gorvachov al poder. Uno de esos cuadros, el poderoso jefe de la KGB, Vladimir Kryuchkov, estuvo en Cuba semanas antes del Golpe de Estado contra Gorbachov en 1991. Putin es un regreso a las prácticas estalinistas, pero con economía de mercado. Eso está claro, y es muy probable que ese regreso haya vuelto a valorizar al castrismo dentro de la Inteligencia y la burocracia rusa de hoy. Sobre todo, a partir del trabajo que la Inteligencia soviética hizo con los vástagos de la alta jerarquía castrista cuando estos estudiaron en la URSS. Creo que cualquier democratización de Cuba pasa por evitar que esos vástagos (pienso en el “Tuerto”, la Mariela, el “Cangrejo” y el Callejas) logren estabilizarse en un régimen parecido al norcoreano. Es inevitable que ocurran fricciones entre los grupos de poder al momento de la completa desaparición de la mal llamada generación histórica. También creo que si alguna oportunidad tiene el pueblo cubano de liberarse de ese régimen es prepararse para ese momento. No hacen falta mil protestas mientras ellos estén ahí. Hace falta una sola, bien preparada, para el momento en el que empiece la descomposición de las estructuras del poder y, sobre todo, de las estructuras represivas. Al mismo tiempo, todo depende de cómo esté la situación internacional en ese momento y, sobre todo, quién sea el presidente de los EE UU. Si es un izquierdista, habrá castrismo para rato.

Una vez le preguntaron a Robertico Robaina (siendo Ministro de Exteriores de Cuba) por el PCC y él, jocosamente, respondió: ¿Qué partido? Lo que quizás le costó el puesto de Ministro y hasta que le llamaran “comemierda” en público (discurso de Raúl Castro). ¿Cómo valoras hoy al PCC en comparación con aquel PSP de los años 50 y 60? ¿No crees que el PCC de 2019  casi se ha convertido en una entelequia, en una cueva de oportunistas y de nuevos mercaderes que desean seguir los pasos de los actuales militares (sin ejército ni armas) que han cambiado el verde olivo por la corbata de nuevos ricos en un país en ruina, enmudecido, que no produce… un país que se despedaza, se derrumba y sangra con los miles de exiliados en masa que siguen saliendo de nuestra patria para cualquier país, porque en cualquier lugar del planeta Tierra se puede vivir, trabajar y prosperar mejor que en Cuba?

Como ya dije antes, el Partido es una organización heterogénea en la que conviven muchos niveles organizativos. En el Partido de antes del triunfo de la revolución convivían muchos militantes que era radicalmente diferentes como personas y como comunistas. No era lo mismo, por ejemplo, un comunista vinculado al trabajo sindical, a los conflictos laborales y a las huelgas, que un comunista del ala intelectual de la organización, o del ala artística de la misma. La heterogeneidad era enorme y podías encontrarte de todo como en botica. Lo mismo encontrabas gente muy bruta que gente muy inteligente, gente muy noble que verdaderos oportunistas. Con el Partido después del triunfo de la revolución pasa exactamente lo mismo. Hay de todo como en botica. Ahora bien, los verdaderos  comunistas, esos que defienden la esencia de la organización y se dedican a usar a los otros, son idénticos en el Partido de antes y de después de la revolución.. El verdadero comunista es un “odiador” `profesional, es una persona que ha hecho del odio una razón de vida y que ha sido entrenada, con mucho esmero, para esconder ese odio bajo una lista interminable de justificaciones, a cuál de ellas más amorosa. Cuando tú analizas el odio de un Fabio Grobart o de un Joaquín Ordoqui, te das cuenta de que es idéntico al de un Fidel Castro o un “Che” Guevara, o que es indistinguible del de una Susely Morfa o una Mariela Castro. Poco importa cuánto intenten esos personajillos esconder sus odios, al final se les desborda como lo que son: comunistas.

Finalmente, y para terminar, amigo César,  creo que uno de los mayores enigmas de la Revolución cubana, es preguntarse: ¿Por qué se les ocurrió a la dirigencia revolucionaria del 59 copiar milimétricamente el modelo soviético estalinista a partir de 1960, cuando precisamente en la URSS se estaba liberalizando la economía centralizada, después de la muerte de Stalin (1953) y, sobre todo, a partir del  “Informe secreto” de Kruschef al XX Congreso del PCUS (1956)?  Es decir, mientras en la Unión Soviética se había iniciado un proceso de desestalinización (desde 1953 a 1956…) en Cuba se implantaba un régimen totalitario estalinista desde finales de 1960. ¿Por qué cometieron ese genocidio económico y social, liquidando el capitalismo cubano de un plumazo (y sin indemnizaciones) hasta llegar a la exageración estatalista con la Ofensiva Revolucionaria de 1968, la antiNEP fidelista? ¿De qué sirvió ese burdo anticapitalismo, ese odio enfermizo a los ricos y propietarios, esa persecución y eliminación de la burguesía cubana prerrevolucionaria, que se convirtieron en los judíos del Caribe de los años sesenta? ¿De qué sirve, en la actualidad, ese impedimento constante y las trabas cotidianas a la iniciativa privada, al resurgir del sector privado…o sea, del capitalismo?  ¿Por qué en la Cuba del 2019 se criminaliza la riqueza y no se desarrollan políticas efectivas para eliminar la pobreza, que padece el 90 % de la población? Después de 60 años de crímenes, abusos y atropellos, que dejan como única constancia el gran fracaso del “socialismo” estalinista cubano, te pregunto: ¿Hacia dónde va Cuba… y qué le espera a nuestra patria en esta próxima década del siglo XXI?

Hubo un desfase, y el tiempo no alcanzó para borrarlo. Stalin muere en marzo del 53, el informe de Nikita es en el 56 y la revolución triunfa a finales del 58. Cuando Castro llega al poder los soviéticos estaban muy lejos de terminar, si es que alguna vez lo hicieron, el proceso de “desestalinización” en su propio país y, mucho menos en los Partidos Comunistas de otros países- Eso lleva tiempo. Además, como la historia demostró después, a Niñita le costó bien caro no haber hecho una “desestalinización” al mejor estilo de Stalin. Dejó a demasiada gente, con demasiado poder, vivas. Los tronó, pero los dejó vivos, y eso le costó el puesto. Es verdad que mató a Beria, pero dejó vivos a un montón de antiguos jefes de Inteligencia soviética, como Pavel Sudoplatov o Nahum Eitingon, que tenían demasiadas conexiones, y habían practicado demasiado la endogamia, como para perder todo su poder. Habían sido, por ejemplo, los jefes de Grobart durante décadas. Hoy ya es evidente que esos cuadros usaron esos poderes para deshacerse de Nikita. En Cuba sucedió, salvando las distancias, algo parecido. El PCC era un Partido estalinista hasta la médula. Fabio Grobart fue un estalinista hasta la médula. Para que tengas una idea, a finales de los años 40 Flavio Bravo llamó a una reunión a Lionel Soto para “conversar” con él su renuencia a llamar a Stalin, como estaba ordenado en las directivas del Partido, El Gran Stalin. Lionel Soto le dijo que eso a él le parecía exagerado y, además, irrelevante en el gran esquema de las cosas. Bueno, fue amonestado, tuvo que entrar en caja y nunca se lo perdonaron. Después del XX Congreso hubo cuadros del PSP, como Roca, Aníbal y el mismo Ordoqui que no tuvieron reparos en cooperar con las exigencias de la nueva burocracia soviética. Para Grobart y sus hombres, sin embargo, hacer eso era sinónimo de, eventualmente, perder ese mismo  poder que sus homólogos soviéticos ya habían perdido en la URSS. Al mismo tiempo, la personalidad psicopática de Fidel Castro encajaba de forma perfecta con el modelo estalinista. Así es que tanto en la URSS como en el PCC se estableció una pugna entre los viejos estalinista y la gente de Nikita. Al final, sobre todo después de la crisis de los misiles, los estalinistas lograron triunfar y en la URSS pusieron a Brézhnev, que los dejó tranquilos, y en Cuba a un clon de Stalin, Eso explica lo que vino después.

Una de las mayores mentiras que el castrismo ha logrado imponer, a través de su maquinaria de propaganda dentro y fuera de Cuba, es esa de que las revoluciones suceden como consecuencia de la pobreza extrema, y que es la lucha contra esa pobreza extrema la que justifica los desmadres de las revoluciones. Esa es una gigantesca mentira que contradice, para empezar, uno de los postulados esenciales del marxismo y una buena parte de la teoría leninista de la revolución. Cualquier cubano que recuerde algo de los cursos de marxismo que nos impuso el castrismo, debe recordar frases como “antes de hacer religión, política o arte, los pueblos tienen que satisfacer sus necesidades materiales”; “cuando los pueblos son tan pobres que a duras penas pueden ocuparse de satisfacer sus necesidades primarias, las revoluciones no pueden suceder”; “cuando los pueblos son muy ricos dejan de tener interés en las revoluciones”; “las revoluciones ocurren cuando las condiciones objetivas (riqueza) alcanzan para organizarlas y cuando las condiciones subjetivas (descontento) alcanzan para justificarlas”.

Uno de los colofones lógicos de esos axiomas es que la mejor forma de defender el poder es la pobreza extrema. Lenin intentó, con su NEP, alejarse de ese colofón. Lenin pensó que controlando el resto de las cosas (prensa, banca, policía, ejército, etc.) era suficiente y que se podían dejar, por tanto, espacios de libre mercado para que la gente viviera mejor. El estalinismo se cargó eso y decidió que la mejor forma de defender el poder es una terna economía de guerra., en la que la gente nunca tendrá posibilidad alguna de retar al poder de una forma eficiente. Hay, claro está, un evidente elemento psicopático en esa decisión,

La Ofensiva Revolucionaria de 1968 es el mecanismo infalible, de corte estalinista y psicopático, que el castrismo impuso para perpetuarse en el poder. Eso es algo que deberían saber todos esos que van por el mundo cacareando que el embargo es el culpable de la pobreza de los cubanos, o que el castrismo va a dejar que los emprendedores acumulen riqueza y vivan mejor. Eso nunca va a pasar porque la pobreza de los cubanos es consustancial a la permanencia en el poder de esa banda de ladrones; de esos bandidos que siempre van a preferir apropiarse del 100% de un país empobrecido, antes de disfrutar el porcentaje que merezcan de una nación próspera y rica.

¿Hacia dónde va Cuba? Creo que Cuba va hacia la desaparición de los últimos vestigios de eso que -alguna vez.-  todos identificamos como Cuba. La próxima década será, a menos que una nueva generación de cubanos esté dispuesta a pagar el precio de evitarlo (y la comunidad internacional se decida a ayudarlos militarmente), la década en la que Cuba habrá dejado de existir para siempre. Quedará un territorio habitado que, a falta de otra opción, llamaremos Cuba, pero Cuba habrá desaparecido.

Si es que no lo ha hecho ya.

4 de diciembre de 2019.


César Reynel Aguilera (La Habana, 1963). Escritor, médico y bioquímico cubano. Reside en Canadá. Autor de los libros de ficción Monólogo de un tirano con Maquiavelo y Ruy. Blog: https://reynelaguilera.wordpress.com. Su libro El Sóviet caribeño. La otra historia de la Revolución cubana (Editorial Lendel, 2018) 450 pp., se puede adquirir en AMAZON: www.amazon.com

Felipe Lázaro (Güines, 1948). Poeta y editor cubano. Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid. Dirige la Editorial Betania, en España, desde 1987.

La 5ª edición impresa de su libro Conversaciones con Gastón Baquero (Betania, 2019) se puede adquirir en AMAZON: www.amazon.com

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