Ana Molina

 

Pausa

Y allí viene el silencio

Sobre la cresta de la nube blanca

Que la brisa escurre.

Lo escucho, lo veo alargarse para alcanzar lo profundo.

Ahí va viajando en suavidad algodonada.

No me oye, no me ve.

Solo quiere mostrar su belleza de rostro quieto y labio mudo,

Solo quiere callando, hacer que todos

Pongan pausa a los sonidos.

Solo quiere que alces la vista y veas,

En el pasar de las nubes,

La gloria de un instante callado que estremece.

 

Habana- Muelle de Luz

Para abuela

Hay un sueño y un desvelo,

Una noche de sombras que en los parques

Mueve obstinada la luz de la luna.

Arboles, bancos, farolas y caminos

Se agrandan,  acortan y tuercen en maneras caprichosas.

La brisa trae aroma de infancia:

Galanes, lirios, vainilla y azafrán.

Humo de hojas secas que arden en el jardín al pie del rosal.

Hay una noche que tiene sueño y desvelo,

Olores, sombras, recuerdos,

Luz de luna y deseos de soñar el sueño

De la abuela que tejía abrigos y pañuelos,

Que contaba historias coloridas de Prado y las retretas,

De zepelines, vapores y telégrafo.

Una abuela que  viajaba en el tranvía de los recuerdos

Por la Habana de los años veinte

Con sombrero de fieltro, guantes y rostro de  ilusión.

Hay un desvelo que tiene el sueño de encontrarse

Con la joven de los ojos almendrados,

Cruzarse en su camino por las calles del Vedado

O sentarse a su lado en aquel vagón

A la hora justa en que de vuelta a casa

Las luces del muelle se iban descomponiendo

En tonos sepias y ocres

Para dar paso al crepúsculo húmedo de salitre y mar.

Hay un sueño que quiere desvelarse

y quedar un poco más en la noche de farolas

Cuando bajo la luna pertinaz que mueve sombras

Atraviesa la silueta de la dama del tranvía,

Escurridiza como una aparición

que se desvanece bajo el halo de niebla de un farol.