Anatomía del Decreto Canel contra la cultura

Acabo de leer el Decreto 349 que seguramente fue el primero del presidente cubano Díaz-Canel, lo firmó el 20 de abril, día de su cumpleaños y veinticuatro horas después de haber asumido ese cargo por designación del todavía jefe del partido comunista, el único de la isla y que rige los destinos del país. Pudo haber sido un peor estreno, pero nunca las connotaciones pudieron ser peores para un presidente que empieza, aunque sea para ejecutar lo que otros han diseñado. De todas maneras cualquier polémica que comprometa a los máximos dirigentes y sus decisiones tiene una cobertura marginal dentro del país y moderada por ese gran tribunal que se llama Mesa Redonda, así que los efectos en la opinión pública son residuales. No obstante unos meses más tarde gran parte de la comunidad intelectual y artística dentro y fuera de Cuba ha contestado el decreto Canel, permítaseme la licencia de llamarlo así, incluso el rechazo ha sido público por algunos de aquellos que tradicionalmente han justificado el derrape de la Revolución. El decreto de Canel es lo único que se conoce relevante del señor Presidente, además de las encendidas y maniqueas soflamas que se pueden ver en internet y que recuerdan a los dirigentes de provincias.

El decreto Chanel es una monstruosidad porque convierte a las entidades culturales en policías cuando ya la policía estaba dentro de ellas, y eso lo hace primero que todo redundante, contraviniendo, ya que hablamos de contravenciones, la propia naturaleza y esencia de la cultura artística y literaria y de lo que deberían ser las instituciones. Después de las represiones que hemos vivido, masivas e individuales, diacrónicas y sincrónicas, se podría pensar que el contexto actual no era apropiado para una metedura de pata tan grande y visible mientras intentan dar otra imagen moderna y moderada que garantice una relación más fluida con el exterior, y menos con la complicidad de instituciones como la UNEAC, el Ministerio de Cultura y la Asociación de Jóvenes Creadores, que tuvieron otras vergonzosas complicidades en el pasado pero también, internamente, entre bambalinas, dicho sea de paso, han actuado como un eslabón perdido, atemperando en muchas ocasiones la voracidad del poder político contra el movimiento cultural. Generalmente las instituciones dependen de una burocracia que determina la calidad con que realiza sus funciones. El Ministerio y las instituciones culturales son parte de ese deterioro generalizado que sufre el país, física y moralmente, a la cola en estos momentos en índices de desarrollo que servían de cortafuegos a las críticas. Lo que el Ministerio de Cultura le ha puesto a Canel a su firma es una victoria de esa nueva burocracia, corresponsable de tamaña estupidez, que hace mérito sin estímulo ni ideales, incapaz de asumir otro papel diferente que la discriminación del movimiento artístico y literario que vive en Cuba. Es una idea diabólica, contra natura, que legaliza e institucionaliza el celo paternalista del pensamiento oficial, además de estrechar el cerco sobre la libertad creadora y la distribución de sus obras, limitando el consumo de las obras artísticas a lo que el Decreto permite. El hecho de que se haya decidido dar atribuciones y poderes al Ministerio de Cultura sobre contenidos que no son artísticos como la pornografía es un disparate mayúsculo, y lo convierte también en censor social. Veamos, brevemente, lo más significativo del Decreto, si bien no es únicamente lo discutible:

Sobre el Capítulo II De las contravenciones.

El Artículo 2.1 Está dedicado a controlar aún más todavía si se puede las relaciones de mercado y el uso de los medios de las estructuras institucionales, pero bajo dicha cobertura de justificaciones limita y reduce las actividades artísticas, sin decir cuáles, a la de empleados, por consiguiente penaliza y restringe la libertad artística. Así no solo se actúa contra los creadores y su libertad, también contra el sector de los servicios liberalizados que los obliga al control de la actividad y a pasar por caja reduciendo la libre contratación.

Véase los incisos siguientes dedicados a tipificar la contravención de servicios y al contraventor:

  1. b) el que realice o permita el pago a un artista o colectivo artístico, sin que dichos servicios hayan sido contratados a la institución cultural a que corresponda la prestación de estos;
  2. c) el que como artista individual o actuando en representación del colectivo a que pertenece, brinde servicios artísticos sin la autorización de la entidad que corresponda;
  3. e) el que preste servicios artísticos sin estar autorizado para ejercer labores artísticas en un cargo u ocupación artística

—Las contravenciones que se ocupan de los contenidos son estas:

Artículo 3.1 Se considera contravención cuando una persona natural o jurídica en la utilización de los medios audiovisuales muestre en ellos contenidos con:

  1. a) uso de los símbolos patrios que contravengan la legislación vigente;
  2. b) pornografía;
  3. c) violencia;
  4. d) lenguaje sexista, vulgar y obsceno;
  5. e) discriminación por el color de la piel, género, orientación sexual, discapacidad y cualquier otra lesiva a la dignidad humana;
  6. f) que atente contra el desarrollo de la niñez y la adolescencia, y
  7. g) cualquier otro que infrinja las disposiciones legales que regulan el normal desarrollo de nuestra sociedad en materia cultural.

—Y en el Artículo 4.1, llama la atención la única disposición relacionada directamente con los libros, será contraventor quien

  1. f) comercialice libros con contenidos lesivos a los valores éticos y culturales

Otra decisión que llama la atención de la inmadurez del Decreto firmado por el presidente cubano, es la creación de una autoridad nueva denominada Supervisor o Inspector que, según dice el texto su función será la de determinar las posibles contravenciones y suspender “el espectáculo o la proyección”. Acorde con el texto, además de ver nacer la figura del nuevo censor que no parece tener atribuciones para el inciso (f) relacionado con la venta de libros, podemos suponer que los cubanos, expertos en inventar problemas sin soluciones, acaban de inventarse uno más como los de Catana que parió cuando ya no éramos pocos. No será difícil medir los niveles de ruido de las representaciones artísticas que también se penalizan en el Decreto, pero no me gustaría estar en el pellejo de ese Supervisor que se ganará los frijoles midiendo los contenidos, determinando o no su naturaleza, finalidad, realización artística y el destinatario para saber si es una contravención de los contenidos. La mediocridad de la burocracia actual es alarmante y parece no saber a lo que se enfrenta. Voy a hacerme un par de preguntas para aclararme la “puesta en escena” del Decreto: ¿Dónde están los límites y cuál es la medida que ayude al censor para no errar de forma deliberada o no, sin incurrir el mismo, por ejemplo, en un posible delito como abuso de poder o prevaricación? ¿Esa utilización de los medios audiovisuales que muestre los contenidos prohibidos se refiere solo a exhibición o también a producción? Todos los incisos destinados a la censura de contenidos pueden ser discrepados sobre la base de estas dos preguntas que deberían responder sobre la naturaleza del contenido, la finalidad, la realización y el público. Me gustaría extenderme en la importancia de estos tres factores aunque son verdades de Perogrullo, ninguna obra podría ser clasificada en estos incisos sin determinar los mismos. Por ejemplo, dónde está la medida de la violencia, ¿en Platoon, Apocalypse Now, de Coppola; o en Toro Salvaje (Raging Bull), Gangs of New York, de Scorsese; o en las marionetas de La Guerra de las Galaxias, de Spielberg? Yo no sé si cierta puesta de El Público de Lorca conllevará a que algún desaprensivo se masturbe con la obra, pero imagino las demandas de apelación y el dinero ilegal para comprar la voluntad de los censores como sucede ahora con las pequeñas empresas que son ahogadas a golpe de impuestos y restricciones. Que el censor sea el Ministerio de Cultura da risa y vergüenza ajena.

La crisis de ideas y de la moral que ha derivado en ramplonería nacional a causa de la exclusión del pensamiento y la discrepancia del proceso de transformación de la Revolución en un Socialismo pragmático organizado en torno y para una oligarquía política, ha conducido a una perversión como esta. Este decretazo es parte del proceso de desideologización crítica de la sociedad que interesa para llevar a cabo los cambios que a mediano plazo puedan conducir al desarrollo de la paradoja china a la cubana: un país con una oligarquía política poderosa y fiel a la idea de un partido, dos economías y dos países en uno que incluye a la emigración económica. Ha empezado la desactivación de los pocos resquicios que quedaban de lo que en los 80 pudo lograr el movimiento intelectual y artístico y que se fue transformando en grietas con la pérdida de poder real de Fidel y el lento y vergonzante trámite de liberalización económica que se ha hecho a remolque de los acontecimientos y con preciosos años de retraso “bolivariano”. El principio de la política cultural, debatida, interpretada, manipulada según el interlocutor, en que se convirtió la frase, dentro de la Revolución todo, contra, nada, y que más tarde se interpretó como se puede tocar la cadena, pero no al mono, ha devenido en una férrea normativa legal que penaliza lo que antes formaba parte de la lucha ideológica y política vinculada con los contextos. Esa relación dialógica podía dar lugar a un espacio, es cierto que tímido, de discusión, experimentación y libertad creativa que el propio movimiento cultural y las autoridades menos ortodoxas habían aprendido a soportar como de convivencia unas veces más productiva que otras. De hecho, los peores momentos de esa lucha ideológica que encubría la lucha por el poder en los 60, fue posible porque si bien existían figuras jurídicas represivas y propias de un estado policiaco como la “propaganda enemiga”, hubo un margen de la creación donde se podían hacer apostillas. Ahí están las obras producto de esa dinámica, del mismo modo que hay un exilio que lo sufrió de otro modo más doloroso. Parte de las consecuencias colaterales fueron los cadáveres de la represión, da igual que unos fueran por motivos políticos, ideológicos o por no atenerse a la norma y la ética de la pureza revolucionaria. Todos fueron víctimas del poder que ha terminado devorando a sus propios hijos nacidos, educados y formados dentro de la Revolución.

Que los hijos de la Revolución como los jóvenes que vimos protestar a las puertas del Ministerio de Cultura tengan que enfrentar un Decreto que quiere medir la moralidad de sus ciudadanos y restringir su libertad por intereses mezquinos de la nueva clase oligárquica disfrazados de patriotismo, es el peor de los fracasos de la Revolución que expone bajo el peso de la punta de su iceberg, como una tumba, este decreto esencialmente represivo. No es una espada contra la vieja pequeña burguesía que adoptó el ropaje de los barbudos por conveniencia o convencimiento, ni contra los contemporáneos de la Revolución que llegaron más viejos o más jóvenes a ella y luego han dejado de sentirse identificados con el proyecto, sino contra sus hijos naturales de la Revolución y el futuro. El Ministerio de Cultura que debía ser un organismo para evaluar la calidad de las obras, la maestría de sus artistas y la promoción de las mismas en los diferentes niveles de consumo, acorde con una política menos ideologizada, ha dado un paso más que cuestiona su razón de ser, sobre todo si la razón de ser en manos de la mediocridad es convertirse en el represor. En la época en que trabajé en ese organismo a las órdenes del ministro Armando Hart, el papel del Ministerio era otro: servir de contrapeso al aparato represor e ideológico. Fue la política de Hart, no la de la “Revolución”, la que permitió que se abrieran las grietas en el muro que facilitó la exposición controversial de obras de teatro, pictóricas y literarias en contra del criterio de casi todos los jefes de organismos del país y, sobre todo, del todopoderoso aparato ideológico dirigido en aquella época por el omnipresente Carlos Aldana. Es cierto que no pudimos hacer más a partir de un momento muy específico y por razones que no es lugar para analizar, pero nunca estuvo en los planes de Hart convertir a las instituciones en brazo de la represión. Los casos en que luchamos contra ese poder invisible son muchos y sus beneficiarios lo ignoran, además, incluso podíamos sentir la solidaridad en determinados estamentos de poder, también vinculados a la función represiva del estado, por nuestro criterio de respetar al creador por encima de cualquier contingencia o poder. Hay momentos de la historia en que la libertad tiene más admiradores de lo que parece, también otras en que hay quienes se esfuerzan en parecer más represores que otros. Canel parece de estos últimos aunque él no es el único responsable, veremos si tanto peso de un cuerpo tan grande como es el de la cultura cubana es capaz de ser sostenido sobre algo tan débil como este Decreto.

Puede verse en: http://www.lajiribilla.cu/uploads/article/2018/847/Decreto-349.pdf

 

 

 

 

 

 

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Estimado señor Mark Zuckerberg

@mariussperlich

Obra de la artista Marius Sperlich @mariussperlich

Me dirijo a usted porque no veo a quién más pudiera acudir de la compañía que dirige. Y lo hago únicamente en mi nombre, aunque seguramente habrá muchas personas de todo el mundo que están preocupadas por las mismas cosas que trataré de enunciar brevemente en esta carta. Sé que no somos la mayoría, pero tampoco usted fue mayoría cuando descubrió e hizo valer el proyecto que ahora todos conocemos como Facebook. La historia de la humanidad y sobre todo la que podríamos empezar a contar desde mediados del siglo pasado nos demuestra que eso que llamamos mayoría no siempre tiene la razón, es más, casi nunca la tienen, sobre todo cuando la misma está motivada por la necesidad, las emociones y los sentimientos más primarios. La razón de la mayoría ha engendrado verdaderos monstruos sociales, políticos y económicos que terminaron engulléndose a esa mayoría, sin embargo la humanidad ha demostrado que aprende poco de sus errores. Recientemente esas mayorías han alcanzado enorme relevancia gracias a la visibilidad que las redes le proporcionan por su inmediatez y solidaridad. Los estudios que se hacen cada vez con mayor frecuencia, muestran el profundo impacto de las redes en nuestra vida y que no son un inocente recurso para informarnos y comunicarnos. Las múltiples implicaciones a las que estamos expuestos nos obligan a reflexionar con responsabilidad tanto a los usuarios como a los que se hayan manejando los hijos invisibles de nuestras relaciones y propiciando los sujetos con quienes nos relacionamos y el objeto de las mismas. Una plataforma de relaciones se erige sobre esa idea de la mayoría y sus necesidades que nadie como Facebook ha sabido reconocer, dándole a gran cantidad de personas la oportunidad de sentir el estímulo de ser y estar en igualdad de condiciones como uno más de un mundo que comparte con millones de “amigos”.

En los últimos meses hemos visto cómo la imagen de Facebook se ha visto empañada por el escándalo de la empresa Cambridge Analytica que accedió a la información de 50 millones de personas que se hallaban bajo la custodia de Facebook y fue usada para influir en las elecciones de Donald Trump, no porque hubiera una fuga de información privada, sino por un error en la concepción del negocio que está basado en el uso y el tiempo que los usuarios se mantienen en la plataforma. No hay que llamarse a engaño, en cualquier negocio donde seamos el agente activo y no paguemos por el servicio el producto somos nosotros. Eso, por supuesto, pasa inadvertido para la mayoría. No tendría mayor importancia que la dada por un extremista de la ética, si además de convertirnos en objeto con un valor de mercado, o sea, en una mercancía, no tuviéramos que soportar la posibilidad de que terceros nos prostituyeran usando nuestro perfil mercantil con otros fines sin recibir nada a cambio, además de soportar que nos limiten la libertad con criterios de dudosa ortodoxia y mediante métodos fallidos como es la tecnología de los algoritmos. No me gustaría decir que una gran parte de esa mayoría silenciosa técnicamente está siendo usada como esclavos. Una esclavitud indolora e invisible pero con una reconfortante capacidad para enajenarnos mediante la información que recibimos de los demás y la autosatisfacción de los like, no importa que a veces el precio sea la adicción en los jóvenes, la depresión y la ansiedad en los mayores, como revelan recientes estudios, y convertirnos en piezas de los juegos de poder repartiendo noticias falsas. No es menos importante la polémica censura de imágenes que supuestamente atentaban contra las normas de convivencia de la comunidad de esa red, casos en los que se abusaba del poder de la administración de la red para prohibir imágenes que no merecían el veto. Muchas de ellas eran reproducciones de obras artísticas que están desde hace tiempo en la cultura visual de la sociedad, llama la atención la obsesión por los pezones femeninos. Sin embargo este exceso de atribuciones que afecta de forma preocupante a la libertad no ha sido lo más resaltado en los medios tradicionales.

No es la primera vez que la libertad de expresión se enfrenta a las decisiones burocráticas y autocráticas del poder, lo insólito es que en la era de la tecnología de las comunicaciones, donde la libertad ha tomado el camino libérrimo de la caotización de la información al producirse un trasvase del poder a los propios individuos, entidades que se ocupan de distribuir esa información no sepan qué hacer para hacer frente a un problema que ellos han creado. La lectura de las Normas Comunitarias de Facebook son un ejemplo de ello. Se pueden leer completamente en este enlace https://www.facebook.com/communitystandards/introduction. La impresión que produce una simple lectura desconcierta, no voy a comentar cada caso de contradicción y ambigüedad, porque necesitaría más espacio. Más que normas parecen una guía para crear un clima de estabilidad que permita la salvaguarda del negocio más que la coexistencia de la comunidad de la red. Ya lo hemos visto, nosotros somos la mercancía. Ahora bien, lo que más llama la atención es que con ese fin no sólo practiquen un control, férreo según mi experiencia, sino que se pretenda controlar, fiscalizar e incluso prohibir, además de la libertad de expresión, según las normas, también la libertad de información. Si la red ofrece “la posibilidad de bloquear, dejar de seguir u ocultar publicaciones y personas”, de forma que los usuarios puedan controlar su propia experiencia ejerciendo el libre albedrío de los individuos, entonces ¿por qué Facebook ejerce una censura a la propia autocensura que los adultos podemos hacer de nuestras relaciones? Y, además, ¿por qué es tan errática de los contenidos especialmente de las imágenes que considera desnudos que no se deben compartir de manera no consentida o a menores y a parte de la comunidad acorde con su moralidad? Podremos pensar que la inteligencia artificial aún es imperfecta, pero no podemos ser indulgentes desde el punto de vista del ciudadano, que también tiene sus normas y su ética, es que la víctima de la imperfección tecnológica sea la sociedad democrática al ver mermada nuestra capacidad de publicar y decidir con quién y cómo ejercemos la autocensura, mucho más saludable y necesaria que la censura.

Cualquiera podría decirme que tengo la opción de abandonar la comunidad de Facebook, es cierto. Sin embargo el problema no es ese, ese en todo caso sería mi problema. El problema es un problema de todos al que no podemos volver la espalda porque en ello se juega el futuro de nuestros hijos. La censura de los grandes y nuevos poderes a la libertad es una pieza del cisma que se está produciendo en las sociedades postindustriales y de la corrupción de la democracia. La crisis económica que se sitúa en 2007 con la caída de Lehman Brothers dejó al descubierto la línea de flotación del barco donde vivimos, puso en entredicho las políticas del neoliberalismo más dogmático, mostró el menoscabo y la falta de autoridad de los poderes tradicionales y el nuevo rol al que iban a quedar supeditados. Como consecuencia también asistimos al surgimiento de un nuevo poder que no era el de la mayoría que se expresaba en las urnas cada cierto tiempo, sino el de una mayoría que se expresa a diario a través de las redes que sobrevivieron a la debacle de las punto.com y que tiene el defecto de todas la mayorías, voluble, vulnerable, manipulable y anónima. En otras épocas las mayorías eran conducidas por un líder que podía ser una idea, una persona o una institución; hoy día se conducen a golpe de hashtags que son el reflejo de emociones y sentimientos puntuales como indicio de la enfermedad que padecemos. El grave problema que revela esta nueva dinámica social es que quienes debieran asumir el liderazgo frente a las enfermedades de la sociedad se hayan ante el dilema de ejercer como farmacéuticos para curar un dolor de cabeza o como cirujanos que extirpen y curen la enfermedad, un proceso que nada más puede ser afrontado con valentía, renuncias y empeños a largo plazo que nadie quiere asumir. Es difícil que los políticos, a remolque de una nueva relación con las mayorías, puedan dejar de hacer el ridículo y romper con la inercia. La actualidad, las emociones y las mayorías mandan y demandan a que se les someta y para eso están los nuevos medios de dominación en las redes a través de las fake news, las deepnews y los bots. Un verdadero arsenal lenitivo, silencioso e invisible al alcance de todos para menoscabo de la democracia y sus instituciones.

Está claro que se avecinan nuevos tiempos y que aún no sabemos cómo serán. El desarrollo de la tecnología va a poner a prueba a las sociedades democráticas y sus líderes, van a ser necesarias estrategias comunes para defender a la democracia de la democracia que viene. Será necesario un planteamiento honesto, inteligente y ético que dé prioridad a los valores humanos y supedite a los valores económicos y financieros, centrándose una vez más en las conquistas de la Ilustración renovada. A veces la mejor manera de avanzar es dando un paso atrás. La situación creada por una serie de sucesos en cadena como la banalización postmoderna de valores, la caída del muro de Berlín, la globalización, la preeminencia del neoliberalismo económico e ideológico, la crisis económica mundial y el actual resurgimiento de las tendencias populistas neoconservadoras y neorevolucionarias han dado lugar a una situación de preocupación, expectativas y cambios similares a los que han tenido lugar en otros principios de siglo. Pero también a nuevas rivalidades en las se juegan un reparto diferente del mundo en el que se crean contrapesos y alianzas de todo tipo en la reconfiguración de un mapa geopolítico nuevo. No sabemos a dónde vamos y sí sabemos que vamos a un mundo diferente e inevitable al que están contribuyendo a formar empresas como Facebook, de modo que les toca asumir con responsabilidad el papel de interlocutores e intermediarios para que esos cambios se produzcan de la mejor manera y de forma positiva. Más que regalando limosnas a los pobres como todo buen rico que se precie y regulando la red sobre criterios de estabilidad que dejan mucho que desear, lo mejor sería que Facebook y todas las redes se comprometieran a garantizar que no sufriera la democracia. La democracia y la libertad están por encima de los derechos de tendencias y grupos y eso solo es posible garantizando la libertad y los derechos de todos, y asegurar que eso se cumpla sin menoscabo. Si no Facebook y las otras tecnológicas podrían convertirse en cómplices del retroceso de la democracia y las libertades. Las mayorías huérfanas necesitan la aprobación de los demás, su otro yo, un padre en las dictaduras, que en las democracias es un peligro del cual solo nos pueden resguardar unos líderes inteligentes y unas instituciones sanas. Si no todo se puede desmadrar como hemos podido ir viendo con el crecimiento horizontal de la estupidez, representada por movimientos populistas sociales y políticos donde priman la intolerancia, el puritanismo, el nacionalismo, el proteccionismo y otras joyas de lo políticamente correcto.

Finalmente, quiero decir que Facebook me ha prohibido imágenes que según su criterio merecían ser censuradas acorde con sus normas, se supone que por haber detectado contenido inapropiado en relación con el cuerpo humano desnudo; me ha amonestado por hacer supuestamente spam a pesar de que mi uso de la red es accesorio mediante otra plataforma; además me informaron que mi cuenta, también supuestamente, habría podido ser víctima de Cambridge Analytica. Sin embargo las imágenes no comprometían esas normas, ni por el contenido ni por la intención, así lo hice saber mediante la vía de réplica que nos ofrecen a los usuarios. En una ocasión se trataba de la reseña de un libro fotográfico de Helmut Newton que en su portada tenía una de sus famosas fotos de mujeres desnudas o con poca ropa, y en otra una noticia de un diario sobre las playas de nudistas españolas donde no se percibía ningún desnudo a la vista. Sin embargo, da igual de lo que hubiera sido. En mi réplica quise ponerles al tanto de una verdad de Perogrullo: el cuerpo humano desde los tiempos de la Venus de Willendorf ha sido fuente de inspiración de los artistas con la intención de sublimarlo según sus talentos, estilos y épocas. Sin embargo también el arte y los artistas han tenido que sufrir la interpretación prejuiciosa e interesada de quienes en un momento determinado han detentado el poder político, arrogándose el derecho a decidir lo que produce un artista, la manera de distribuir ese producto de su mente y espíritu y, lo peor de todo, ha decidido no solo sobre la libertad del artista, sino sobre la libertad de elección del público y consumidor. No obstante, mi deseo de revisión y reconsideración de la decisión de penalizarme cayó en saco roto. De modo inevitable parece ser que nadie escucha del otro lado de la red, se remiten a las normas una y otra vez, con toda seguridad nos responde un algoritmo o un bot como si la razón de quienes prohiben no necesitara de ningún interlocutor que el propio poder. Aunque es difícil, la primera señal de cuidado de la llamada estabilidad en las redes debería venir de tratarnos como a personas, las personas unas más que otras necesitan de un interlocutor que discurra de cuando en cuando. Lamentablemente las redes parecen construidas a imagen y semejanza de sus administradores. Uno no puede tratar de hablar con Dios y que le salga una máquina administrada por inteligencia artificial. Es lógico entonces que suceda lo que sucede. Uno como yo puede sentirse depreciado como mercancía y decida salirse del sistema. Si Dios no escucha algún problema tiene que existir además del propio Dios.

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Nueva edición de la antología La poesía de las dos orillas de León de la Hoz

Artículo publicado por la editorial Betania en su blog

 

Es un placer presentar a los lectores la segunda edición de La poesía de las dos orillas. Cuba 1959-1993, de León de Hoz publicado por esta casa cuando se cumplen 25 años de su primera edición (Madrid: Libertarias/Prodhufi, 1994).

No es una antología cualquiera. Hace casi tres décadas uno de los problemas más debatidos en los escenarios intelectuales y políticos cubanos era la existencia o no de una cultura dividida a causa de una Cuba partida en dos desde el triunfo de la Revolución en 1959. Hasta entonces fueron pocos los intentos por reunir y comprender la poesía de dentro de la isla y su exilio, no fue una tarea fácil porque las relaciones entre la Cuba de dentro y la de fuera ideologizadas y politizadas se dirimían en el terreno de los enemigos. Esta antología, a pesar de haber salido por primera vez 35 años después de haber triunfado la Revolución, es una de las primeras que aborda y estudia la poesía “dividida” desde el punto de vista del análisis de esas complejas relaciones y como muestrario de ese quehacer.

La antología cuenta con 36 poetas y un promedio sustancial de 10 páginas por cada uno. La selección abarca la creación de aquellos poetas que empiezan a dar a conocer su obra en los albores de la Revolución y termina con la llamada generación de los 80. Como reconoce el autor en su análisis, no están todos los que podrían y por eso al final hay una lista de poetas que pueden servir de guía para lectores interesados. Además del conocido estudio sobre la poesía del periodo que el autor divide por características afines en Movimientos poéticos de los 60, 70, 80 y del Exilio, en vez de la división al uso en generaciones. La nueva edición incluye un análisis del autor del contexto en que preparó el libro y también de las actuales circunstancias de expansión del exilio y la convivencia de esas dos orillas que motivaron la antología.

En esta nueva edición también De la Hoz nos ha dejado una actualización de las fichas de los autores, muchos de ellos fallecidos o en el exilio en este momento, y ha incorporado dos novedades gráficas, una de indudable valor testimonial es la carta en el Apéndice que Gastón Baquero le envió al poeta español Jesús Munarrriz, editor de Hiperión en la que destaca la importancia de que se hubiera publicado un libro con esas características, y la otra novedad son las fotos que hace el hijo del poeta a quien estaba dedicado el libro cuando éste aún era un niño que iba a crecer en esa Cuba dividida. Independientemente de la importancia que tuvo en su momento, la antología es un homenaje a la poesía total cubana y a los poetas que vivieron esa época condicionados por una realidad política que ha cambiado en los últimos años.

La parte inicial de análisis del desarrollo de las generaciones o movimientos poéticos, como prefiere llamarlo De la Hoz, y su relación con el contexto cultural, social y político consta de las siguientes partes, con sus correspondientes notas:

 Veinticinco años después,

Generaciones, degeneraciones, regeneraciones,

Movimiento poético de los 60,

Movimiento poético de los 70,

Movimiento poético de los 80, y

Movimiento del Exilio. La otra orilla.

Los poetas que aparecen, algunos fallecidos o que ya no viven en Cuba, son:

Magaly Alabau, Rafael Alcides Pérez, Armando Álvarez Bravo, Cira Andrés, Antón Arrufat, Miguel Barnet, Belkis Cuza Malé, Manuel Díaz Martínez, Rolando Escardó, Ángel Escobar, Lina de Feria, Pablo Armando Fernández, Amando Fernández, Roberto Fernández Retamar, Emilio García Montiel, Raúl Hernández Novás, Fayad Jamís, José Kózer, Felipe Lázaro, César López, Luis Marré, Carlos Martí Brenes, Lilliam Moro Núñez, Luis Rogelio Nogueras, Francisco de Oraá, Herberto Padilla, Gustavo Pérez Firmat, José Pérez Olivares, Delfín Prats, Andrés Reynaldo, Raúl Rivero, Isel Rivero, Reina María Rodríguez, Efraín Rodríguez Santana, Alberto Rodríguez Tosca y Pío E. Serrano Castellanos.

Con La poesía de las dos orillas. Cuba, 1959-1993 (Betania, 2018),  León de la Hoz  no solo nos aporta su selección de la poesía de este periodo, sino que pasados 25 años vislumbra un nuevo panorama cultural que ha unido a ambas orillas en una sola, donde se plasma la ya innegable pluralidad de todo lo cubano frente a las trasnochadas e ineficaces políticas represivas del régimen del 59.


LEÓN DE LA HOZ (Santiago de Cuba, 1957). Poeta y escritor cubano.

Ha publicado Coordenadas (La Habana, 1982); La cara en la moneda (La Habana, 1987); Los pies del invisible (La Habana, 1988); Preguntas a Dios (Madrid, 1994); La poesía de las dos orillas. Cuba (1959-1993); (Madrid, 1994 y 2018); Cuerpo divinamente humano (Madrid, 1999), ilustrado por Roberto Fabelo,  La semana más larga (novela) (Madrid, 2007 y 2018). Los indignados españoles: del 15M a Podemos (Madrid, 2015), Vidas de Gulliver (Madrid, 2012, 2016, 2017 y 2018).

En Cuba, entre otros premios nacionales, obtuvo los premios “David” (1984) y “Julián del Casal” (1987), ambos de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Dirigió la revista cultural La Gaceta de Cuba y fue cofundador y director de la revista online Otrolunes.

Ha sido incluido en numerosas antologías, entre otras, Poesía cubana: La isla entera, Felipe Lázaro y Bladimir Zamora (Madrid, 1995); Las palabras son islas. Panorama de la poesía cubana del siglo XX, Jorge Luis Arcos (La Habana, 1999); Antología de la Poesía Cubana, Vol. IV, Ángel Esteban y Álvaro Salvador (Madrid, 2002) y Poemas cubanos del siglo XX, Manuel Díaz Martínez (Madrid, 2002).

Escribe El blog de León en https://leondelahoz.com/


La poesía de las dos orillas. Cuba, 1959-1993. (Antología) de León de la Hoz.

2ª Edición (2018)

2018, 440 pp. Colección Antologías.

ISBN: 978-84-8017-406-0.

PV: 20.00 e  (libro impreso)

EL LIBRO SE PUEDE ADQUIRIR EN AMAZON EN LA SIGUIENTE DIRECCIÓN:

https://www.amazon.es/poes%C3%ADa-las-orillas-Cuba-1959-1993/dp/8480174064/ref=sr_1_2?s=books&ie=UTF8&qid=1543826386&sr=1-2&keywords=la+poesia+de+las+dos+orillas

Otros libros de León de la Hoz que se pueden adquirir en Amazon:

La semana más larga (Novela)

https://www.amazon.es/semana-mas-larga-Leon-Hoz/dp/8480172525/ref=sr_1_1?s=books&ie=UTF8&qid=1543930054&sr=1-1&keywords=leon+de+la+hoz+la+semana+mas+larga

Vidas de Gulliver (Poesía)

https://www.amazon.es/Vida-gulliver-ebook-LEON-HOZ/dp/8480173211/ref=sr_1_1?s=books&ie=UTF8&qid=1543929936&sr=1-1&keywords=leon+de+la+hoz

 

 

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resurrección de un dictador

IMG_9110No sé qué pasa en España que se quiere tantos a los muertos, a veces parece que más que a los vivos. Posiblemente el origen sea la mezcla de culturas donde sobrevive cierto primitivismo ancestral y, no es causa menor, el peso como una losa que el catolicismo tan relacionado con el juicio de la muerte impuso a todo. En el mosaico de culturas hasta la más festiva tiene ese lazo negro más o menos evidente que la ata al más allá con el más acá. La literatura, la música, los bailes, las fiestas tradicionales conllevan un rico contrapunteo con la muerte. Incluso el negro tan predominante en la ropa que vestimos podría ser un vestigio de esta relación, a una amiga diseñadora le producía escozor en los ojos y no entendía que no le pusieran color a la forma de vestir, evidentemente eso como muchas cosas ha cambiado con el paso de las generaciones. Sin embargo cuando uno “cava” en el alma española, perdón por la palabra, siente esa presencia transparente de la muerte, sobre todo en algunas de las culturas del norte condicionadas por el clima y los ancestros celtíberos, o por los gitanos en el sur, donde a pesar de la luz y el buen clima se nota la relación con la “otra vida”, y la alegría a veces exagerada parece la negación de la misma. El carpe diem en definitiva no es otra cosa que miedo a la muerte.

A esta profunda connivencia con el pasado se suma la presencia de los muertos de la Guerra Civil de ambos bandos, pero sobre todo las víctimas de la dictadura o, para decirlo más claro, las del dictador, ya que las dictaduras son sistemas en los que la complicidad nos hace víctimas a todos del dictador. Eso es algo que generalmente no mencionamos para no sentirnos aludidos por complicidad activa o pasiva. Por eso siempre dirigimos la mirada al dictador del que hemos sido víctimas y no al sistema en el que fuimos cómplices y por lo tanto de alguna manera los que sujetamos la soga del ahorcado. Claro, eso es lo que nadie quiere decir. Es un problema complejo que a veces se quiere resolver con simplicidades y la peor de las simplicidades es usar la misma fórmula que usan las dictaduras, dividir a la sociedad en víctimas y culpables en vez de analizarla. Ningún sistema puede sobrevivir sin la connivencia obligada, permisiva o tácita de los otros, es decir de todos. La única manera de salir de ese atasco moral es el análisis de la memoria con un juicio crítico, ya que no hay nada que pueda restituir a los muertos. No es borrando el pasado como se restañan las heridas sino el juicio moral. Y en estos tiempos donde la moralidad es tan escasa puede ser una quimera. La responsabilidad mayor de un Gobierno y de los políticos es educar para que no vuelvan los fantasmas, y eso tiene que ver con la forma en que se recuerda, en España esa forma de recordar está lastrada por la sobrevivencia de los muertos y el dolor.

La ley de la memoria histórica resuelta por José Rodríguez Zapatero, el presidente que siempre sonreía, fue el detonante que necesitaba la sociedad española para revivir aquello que había logrado sofocar la transición, la pólvora de la Guerra Civil, amparándose supuestamente en el espíritu de convivencia que dio lugar a la democracia. La fundamentación de dicha ley si se lee bien es un disparate político, moralmente justo, es cierto, pero todos sabemos que la política no se rige ni por la justicia ni por la moral, ya quisiéramos, sino por la oportunidad que es la parte noble de lo que hoy día se ha convertido en su adverso el oportunismo. El oportunismo, esa lacra que soporta tanto a la derecha como a la izquierda, se ha convertido en el único recurso de la falta de inteligencia de los políticos para crear oportunidades políticas, como sí sucedió en la transición española tan denostada por quienes hoy hacen el populismo con cataratas de lazos de  colores, selfieshashtagfakenewsdeepnews, que suplen la elaboración de ideas con mensajes para seducir más que para convencer, dirigidos fundamentalmente a correligionarios en vez de a la sociedad.

Ni siquiera ahora el renacimiento de la imagen del dictador Franco en las noticias y los discursos está dando lugar a un juicio crítico, a pesar de que este renacimiento está produciendo un rebrote de la extrema derecha española. El fundamento del Gobierno y sus aliados es sacar los restos del Valle de los Caídos porque la democracia no se puede permitir el homenaje al dictador, cuando en realidad la democracia no es quien hace el homenaje, sino que lo tolera, en este caso pasivamente. Ese monumento no fue erigido por la democracia. Si fuéramos a destruir todos los vestigios de crímenes la humanidad tendría que empezar de cero, me alegro que en Madrid no haya una torre Trajano como la de Roma en el tributo que hizo de sí mismo el emperador. España se quedaría sin muchos de sus monumentos desde la perspectiva de las víctimas cubanas y latinoamericanas de la colonización. La izquierda en general no rebate el discurso de la derecha dentro de la cual se va definiendo cada vez con mayor claridad la extrema derecha, sino que se limita a idealizar su propio discurso social y sentimental con fines partidistas. El Gobierno que debería actuar más como representación de todos los españoles, podría haber pensado mejor que cuando uno quita una cosa de un lugar tiene que poner esa cosa en otro lugar y que en ese lugar tiene que ser posible ponerla. No se puede improvisar sobre la base de que algo es justo porque deja de ser política para convertirse en politiquería. Un Gobierno serio del partido que sea no puede malvivir en la improvisación como si estuviera en permanente campaña electoral.

Hoy que Franco está resucitando, los verdaderos problemas del país y de la gente han quedado en una urna a la espera de que el Gobierno se ocupe. Una sola, por ejemplo: ¿Es más importante para el país El Valle de los Caídos o la crítica y derogación de la “ley mordaza” contra las libertades que implantó la derecha? Los políticos que se mueven bajo la constante estimulación sensorial deberían usar más la cabeza. Desde hace mucho Bram Stoker nos enseñó que a ciertos muertos no se les debe tocar después que han sido enterrados porque pueden volver a la vida. En España yo lo aprendí durante una cata de vinos con amigos. Se me ocurrió llevar una botella envuelta como era costumbre para conocer su origen y nombre mediante sus atributos que íbamos catando, hasta que llegó el momento final y descubrí la “botella franquista”. El vino sabía muy bien pero la etiqueta mostraba la cabeza sonriente del dictador. Esto puede leerse como una parábola. La broma me costó la amistad y la cata porque lo consideraron irrespetuoso con los muertos de la izquierda. Es difícil en este país separar a los muertos de la vida. Espero que en Cuba no suceda lo mismo con Fidel Castro que muere dentro de una roca en el camino, que se quede ahí para siempre aunque haya elegido pretensiosamente ser recordado junto a la tumba de José Martí, el cubano que todavía une a los cubanos.

Parodiando a la izquierda sobre sus líderes fallecidos, diríamos sin miedo a equivocarnos que hoy Franco vive y está más presente que nunca, gracias a la izquierda. Después que vuelva a morir habrá que volver a enterrarlo, pero no podemos deducir cuándo podrá ser, quizás pasen unos años hasta que podamos verlo descender de los hombros de la extrema derecha que viene. Una de las mayores responsabilidades de los políticos que gobiernan es impedir que la sociedad se divida en culpables e inocentes, victimarios y víctimas, vencedores y vencidos porque hay un odio larvado en la mala memoria que se mueve desde las catacumbas, un deseo de sangre que late por los muertos entre los vivos.

 

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el placer de aparentar que somos felices

“La felicidad está hecha de pequeñas cosas: Un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna…” por más ocurrente que nos parezca, esta conocida frase de Groucho Marx le hubiera gustado firmarla al otro Marx, el circunspecto Carl de El Capital. Es la mejor descripción que conozco de la idealización del capitalismo, al mismo tiempo nos confirma con esa peculiar e irrepetible manera de que la felicidad es algo que no está al alcance de todos, y menos que se pueda construir el paraíso en la tierra como querría pretenciosamente el comunismo.

La importancia de la felicidad no pasa inadvertida para las instituciones y el mercado, un hombre feliz es la preocupación de todos los sistemas religiosos, políticos e ideológicos y cada uno de ellos lo define y lo construye según crea. Hoy como nunca antes esa construcción es perfecta, sin coerción, ni coacción, ni castigos. De hecho hay una industria destinada a hacernos creer que la felicidad y el placer son consecuencia uno del otro o que son la misma cosa, incluso, los esfuerzos más altruistas, solidarios, bien pensantes y ecuménicos en ocasiones ni siquiera saben que están actuando al servicio de ella. A veces parece que toda la actividad humana está orientada a hacernos felices o a procurarnos el placer. Es como si toda la humanidad se hubiera puesto de acuerdo con ese fin. El ocio, la psicología, la escuela, la política, la sanidad, las editoriales, la prensa se han convertido en una gran fábrica articulada para ofrecernos productos o discursos sobre la felicidad o el placer con el cuerpo y nuestra vida como centro. Evidentemente la felicidad puede incluir al placer, pero no necesariamente el placer significa la felicidad. Al margen de las distintas, paradójicas y particulares que puedan ser las “felicidades”, cada felicidad es un estado más perenne y podría incluir o considerar más de un placer o un conjunto de placeres y tiene que ver con motivos y motivaciones de un carácter más individual e individualizado. El placer es más efímero y estandarizado. Da igual de qué tipo de placer hablemos. Las consecuencias de esta confusión pueden ser de enorme calado para el desarrollo de los individuos y la sociedad en su conjunto. Los jóvenes son las primeras víctimas idiotizadas por el placer a través del juego y el cuerpo conectado con las nuevas tecnologías.

Los tres niveles de la llamada psicología positiva han sido perfectamente comprendidos por la industria de la felicidad y así se lo proporcionan mezclados a la sociedad. De ahí que uno de los problemas que tiene la sociedad actual es la confusión entre el placer y la felicidad. No es un tema baladí. El placer, que había sido siempre un asunto del cuerpo, el deseo y de lo efímero, hoy, identificado con la felicidad a nivel irracional ya que no admite ninguna clase de racionalidad, parece haber alcanzado cotas y variantes que hubieran envidiado hasta los mismos dioses del Olimpo. Después de la derrota de las grandes utopías religiosas o ideológicas el hombre se ha ensimismado en su cuerpo valiéndose de todo aquello que lo alimente, embellezca, fortifique y desconecte de la realidad. El cuerpo es el templo adonde la sociedad se ha ido a refugiar desprovista de las espiritualidades tradicionales. Pero lo significativo de esta nueva actitud de la sociedad hacia sí misma no es que destine su tiempo, esfuerzo y dinero a buscar el placer, sino que el placer lo encuentra en los instrumentos mediante el cual debería hallarlo. Se trata del placer en las cosas que nos deberían proporcionar el placer. Es la enajenación condicionada por la producción de artículos destinados a la satisfacción como sinónimo de placer y felicidad. Las cosas, como en los rituales de carácter religioso, alcanzan un simbolismo y una autonomía particular. Por ejemplo, las dietas para adelgazar en las que tanta gente pone su fe, a pesar de saber que jamás alcanzarán el placer de mirarse en el espejo o vestir una talla menos. La enajenación impide ver la dieta como una lista de deberes que regula el comportamiento y que solo es efectiva, da igual cuál fuere, gracias a componentes sicológicos y genéticos del individuo donde la voluntad y la herencia ejercen un papel fundamental.

Sabemos la relación que existe desde la antigüedad entre el placer y la felicidad, pero también que la felicidad depende de una serie de factores sociales, antropológicos, sicológicos, culturales, epocales, contextuales y otros muchos, sin embargo lo nuevo que podemos ver es que el hedonismo actual cuenta con toda una industria intelectual y material que produce ideas y objetos con el único fin de hacernos creer que la felicidad es igual al placer. Es una idea descabellada y perversa que nos hace esclavos de lo efímero en la búsqueda permanente del placer, además de que convierte nuestro cuerpo en objeto, un objeto que aparentemente está bajo nuestra supervisión y control, pero no es así cuando está sometido a la constante manipulación de lo que debiera o pudiera ser. Nuestro cuerpo ha dejado de pertenecernos. Como se supone en una relación de enajenación, el mismo cuerpo también se está convirtiendo en la fuente de la crisis padecida por muchos que, como no podía ser de otra manera, hallan otro culto en las terapias que son parte del entramado que sostiene la nueva adoración. Es un proceso complejo a pesar de su aparente simplicidad en el que la fe, igual que en las religiones, está por encima de todo. Aquí también oferta y demanda no dejan de ser la combinación dialéctica mediante la cual crecen geométricamente los beneficios del placer y la felicidad que por primera vez en la historia de la humanidad se centran en uno mismo. La felicidad no sólo es la consecuencia del placer, sino que felicidad y placer se funden en el hedonismo contemporáneo. La consecuencia es el nuevo individualismo que hemos aceptado como una terapia a no padecer ninguna utopía y que, paradójicamente, se produce mediante la masificación de los medios del placer que adoramos. Hay placer y felicidad para todos de modo que cada cual puede escoger el placer y la felicidad que desee en los múltiples manuales, recetarios, libros de autoayuda, a los que se ha sumado la conexión de las redes y al mercado digital.

Gran parte de los mensajes verbales o visuales que recibimos desde las instituciones y los medios, desde las redes y las sobremesas, están orientados a “que te lo pases bien”, pervirtiendo los términos en los que el placer y la felicidad se realizan, los medios y el tiempo en que se producen. Dicha confusión condiciona la actitud individual y colectiva de la sociedad. No hay discriminación de receptores, no importa tu renta, ni tu nivel cultural y educacional, tampoco si vives en la ciudad o el campo. Todos, sin distinción somos convocados y casi conminados a “pasarla bien” mediante cualquiera de los medios o productos concebidos o no con ese fin. Podría parecer que vivimos en el mejor de los mundos posibles. Seguramente no es una línea de actuación concertada, no soy muy dado a culpar de conspiración cualquier cosa que afecte a la sociedad, no obstante sí creo que es una manipulación de la psicología colectiva y los primeros responsables de que esto suceda son los propios ciudadanos convertidos en agentes activos de la idiotización de la sociedad, receptores pasivos a la demanda de consumidores de mensajes hechos a la medida de sus necesidades materiales, espirituales y sicológicas. Vivimos una época en la que la verdad no se mide por la veracidad de la fuente de la noticia o del conocimiento, sino por la cantidad de gente que la cree. Es una definición cuantitativa, no cualitativa, la que nos convierte en consumidores pasivos de la información y el conocimiento, exponiéndonos a las más arbitrarias informaciones y en destinatarios de datos elaborados y reelaborados de verdades como si fueran conservas. Una de las características de la nueva sociedad es la capacidad de creer en todo lo que se le diga desde supuestos medios, sobre todo si el mensaje es portador de un contenido que afecta nuestra sensibilidad o sentimientos. Es uno de los tópicos más recurrentes en la sociedad que se fue conformando con la consolidación del individualismo frente a los valores colectivos que eran parte de las ideologías totalitarias hasta principios de los 90 y después de la reconfiguración del mundo a la caída del muro de Berlín.

Es cierto que la felicidad puede estar hecha de pequeñas cosas, también de grandes cosas que no siempre son materiales y que además necesitan de un esfuerzo que proporciona un plus a la felicidad, incluso pudieras decir que a veces la felicidad no está en alcanzar un objetivo determinado, sino que está en el camino de la realización por alcanzar esa meta. Es difícil poder educar a nuestros jóvenes en otros valores, nosotros mismos somos parte, protagonistas y cómplices de una sociedad idiotizada. El placer y la felicidad son tan necesarios como el aire, pero confundirlos es un error que nos gusta cometer sin avergonzarnos, es más cómodo el placer de aparentar que somos felices a intentarlo de otra manera, no importa que esa felicidad a veces degenere en tiranía.

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Culos habaneros, de Jorge Posada

Acabo de leer Culos habaneros (2017), de Jorge Posada, publicado por la editorial Hypermedia. Hacía tiempo que no leía un libro que se pareciera tanto a su autor, posiblemente son más los libros buenos que se parecen a su autor que aquellos que basan su excelencia en la diferencia. No es menos cierto que aunque no sea un valor literario las similitudes entre obra y autor otorgan un atractivo peculiar. Quizá la pobreza actual de la literatura cubana, repleta de imitadores y buscadores de tesoros, tenga que ver con esto: la falta de autenticidad literaria y personal. Cuando yo leo a Bukowski tengo la sensación de estar leyendo su vida, en el otro extremo me sucede lo mismo con Lezama Lima. Mientras leía me parecía estar oyendo a Posada, a tal punto que en algún momento si cierta construcción de la prosa tambaleaba era porque éste no había hecho ninguna concesión a su forma de hablar, que en Posada es la manera en que escribe. Posada escribe como habla. Leerlo es oírlo.

Es un libro que se lee de un tirón y desde el primer párrafo en que el protagonista del primer relato confiesa “Mi mamá tenía uno de los culos que más tráfico pararon en toda La Habana”, ya es imposible abandonarlo. Muy pocos escritores cubanos se atreverían a referirse al culo de su madre como leitmotiv, aún menos llamarle culo a lo que los cubanos llamamos nalgas. No hace falta mucho más para saber que estamos ante un libro distinto desde su propio título y que al abrirlo nos disponemos a una aventura lectora a la que no estamos acostumbrados. Seguramente este libro escrito hace más de veinte años podía haberse situado en los preliminares de lo que luego se llamó “realismo sucio”, en ocasiones asqueroso, chato y que en nada se parece a sus autores, muy lejos de lo que escriben.

Hay tres cosas, sin que importe el orden, que me parecen relevantes en los tres relatos que componen Culos.

Primero, que es un libro testicular, esto no gustará nada a las feministas. No es poca cosa en un mundo en el que se juzga negativamente a los autores por la cantidad de testosterona, del mismo modo que en el Socialismo real se juzgaba por la cantidad de compromiso y valor obrero o patriótico. Para muchos la testosterona es proporcional a la calidad, igual que lo fuera el compromiso en el realismo socialista. Cambiando una cosa por la otra es la misma tontería simplista que hace peligrar la libertad artística y la capacidad provocadora y contestataria de ciertas obras. Posada no se corta un pelo y habla con una franqueza que estremece. Su relación con las mujeres en un libro donde el sexo conduce como un hilo la trama del protagonista es lo que se ha dado en llamar machista del mismo modo que fue un depravado Nabokov a través del profesor Humbert obsesionado por Lolita. El personaje de Posada o los personajes de sus tres relatos actúan con una libertad tan desmesurada que hacen añicos lo llamado “políticamente correcto”. Da igual que se trate de la actitud sexual, la descripción de las escenas de este tipo o las palabras que utilice, y si no fuera por los diferentes niveles de lenguaje y sintaxis podría parecernos que estamos en la barra de un bar después de un partido de futbol oyendo las historias de un parroquiano.

Segundo, el lenguaje del narrador que continuamente nos está enfrentando a una realidad narrativa nueva: letras de canciones, palabras gruesas, alusiones literarias, cinematográficas, arrastrándonos a una permanente intertextualidad cultural, social y política. Ninguno de los libros cubanos había aprovechado mejor el desenfado heredado de Guillermo Cabrera Infante y la metaforización de lo que hemos llamado “lo cubano” como lo hiciera Lezama Lima en su Paradiso. Una mezcla explosiva que nos retrata. El lenguaje adquiere una dimensión protagonista frente al acontecer narrativo. Hacía tiempo que no leía un libro donde el lenguaje se convirtiera en el portador de tanta fuerza alusiva. En los relatos no es más importante lo que sucede, sino lo que se infiere y alude.

Tercero, es uno de los retratos más críticos de un momento crucial de la sociedad y la Revolución cubana. La descripción mediante la enumeración de elementos que componen la vida diaria del cubano de entonces en la peor época de Cuba (los años 70), caracterizada por la represión y la escasez, son la mejor de las medicinas contra el olvido de unos años que tuvieron poca literatura que no fuera la exaltación patriótica o del sacrificio revolucionario. Sin embargo es un libro divertido porque todo es centrifugado por el humor, generalmente ácido y sustentado en relaciones culturales, sobre todo literarias, cinematográficas y musicales. Es difícil encontrar un solo pasaje que no esté desdoblado por otra experiencia generalmente de tipo cultural, otorgando a la lectura un fuerte carácter connotativo.

Culos habaneros no es un libro de culos, es un libro sobre Cuba y nosotros, a pesar de la carga erótica con que el autor nos describe las relaciones de los personajes en las que el sexo parece el ojo apacible de un huracán que todo lo destroza alrededor. Lo que más importa, tal vez, es lo que se mueve con nostalgia y dolor en torno a este remanso y que conforma un cuadro de un lugar donde se amontona todo aquello que unos quisieron y otros despreciaron. Muchos hemos sobrevivido a aquellos años, volver a mirar lo que éramos y teníamos es un buen ejercicio para no olvidar y asegurarnos de que nada de lo que pasó valió la pena porque no nos hizo más felices. Y quizás como el personaje de uno de los relatos, los únicos a quienes deberíamos agradecer es a Los Beatles porque “después que los conocimos nunca más volvimos a ser los mismos”.

 

 

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