Un año más de Revolución cubana y también uno menos

96af96f9-6a4b-4a87-8b36-2aab641902dbSegún la lógica de la existencia, cuantos más años se cumplen, menos años de vida nos quedan. La Revolución Cubana cumple ahora cincuenta y ocho y no es una excepción. Es el primer aniversario sin su líder y autor.  Su muerte es el colofón de un largo proceso de deterioro de la Revolución que alcanzó su punto crítico en la autodestrucción del mundo socialista, con quien Cuba mantenía una estrecha dependencia económica y condicionados lazos políticos. Fidel fue el último en sostener los telones de una trama que él escribía al mismo tiempo que se representaba. Su objetivo era fingir la felicidad, no obstante hoy el país enfrenta la peor crisis por la supervivencia.

Todavía en vida de Fidel, lejos del poder activo, poco a poco el sistema se fue distanciando de sus ideales doctrinarios y fundadores, a cambio de la conservación de una oligarquía que al fin ha encontrado el modo de legitimar su modo de subsistencia mediante la duplicidad del propio sistema: dos economías pero una misma doctrina. Dos imágenes de un mismo sistema que sirven tanto para mantenerlo como para cambiarlo. Esa oligarquía que ha sobrevivido al autor de la obra de la Revolución tiene el imperativo de incluir aportes en la trama de modo que se aseguren una vida más, es decir, la suya propia sin la presencia del tramoyista mayor.

Aún es muy pronto para especular, aunque no parece que la muerte de Fidel Castro vaya a significar también la muerte de la Revolución. Ya estaba muerta. A ella me refiero por el conjunto de valores que representaron el discurso ideológico, político y moral del país que empezó a morir con el envejecimiento de los protagonistas del drama, sobre todo de quien la escribía mientras la actuaba. Su propia decadencia vital desinfló sus palabras.

El fallecimiento de Fidel podría facilitar la revitalización de un segmento del poder desideologizado, carente de las aspiraciones programáticas típicas del ideario de sus predecesores, a pesar de sus profundos vínculos políticos e incluso familiares, tan necesarios para afianzar su poder económico y establecer un paradigma nuevo. Ese segmento del poder actual constituye una élite perfectamente visible y establecida. Es el verdadero motor del cambio cubano con una visión pragmática configurada por la dependencia inevitable de la política, pues de ella depende su destino.

En Cuba las aspiraciones de un ciudadano cualquiera y las de esa élite no son muy distintas a priori. Ambos son sobrevivientes y actores que desempeñan distintos papeles en la narrativa de la Revolución que su autor ya había dejado de escribir. Los diferencia el acceso a los privilegios, a las fuentes de financiación de sus deseos y a la capacidad de transformar las tramas del guión original. Cuanto más se alejen la política y la economía de la Revolución hasta hoy conocida, mejor será para el candidato a resolver sus necesidades por cuenta propia en la base de la pirámide social y también para la élite. Esta necesita formalizar y legitimar sus ambiciones aunque deban disfrazarlas con las palabras del difunto. La presente Revolución es la gran enemiga de amplios sectores, que no sienten lo mismo que los envejecidos protagonistas de la Revolución, porque no creen en ella o porque han sido expulsados del proceso sin ninguna compensación, siquiera moral.

La peor de las crisis que vive la Revolución es la de credibilidad moral, pues socava a la sociedad de abajo hacia arriba. Es la crisis de los valores que preservaron al sistema con eslabones invisibles, convenientemente alargados y recortados por el poder. La gran disyuntiva a la que se enfrenta la élite es la siguiente: cómo sostener en las actuales condiciones la Revolución que a ellos le conviene, debido a que la propia Revolución les resulta necesaria y suficiente para conservar el estatus de oligarcas herederos. O sea, cómo reescribir el drama de manera que ellos continúen detrás de las bambalinas con nuevos actores y bajo otra dirección de la que podrían participar de forma emergente.

Es una paradoja que se ha empezado a resolver no sin una enorme dosis de cinismo: cuanto menos Revolución, mejor para esa élite, mayor el espacio para vivir de ella. En verdad, es la negación de la Revolución pero bajo la condición de que ciertas argumentaciones antiguas son imprescindibles para la sobrevida de esa nueva clase. Si cayera de golpe y porrazo sería una tragedia. Si se derrumbara sin parecerlo, la oligarquía podría salvarse. De ahí que el cambio sin cambiar es la garantía suprema de la salvación. Ahora bien, el problema radica en hasta dónde se arriesgarían a llegar, y cuál debería ser la naturaleza de dicho cambio.

En este punto habría que tomar en consideración la experiencia acumulada en los países de los acabados regímenes socialistas del Este europeo, así como los procesos en China y Vietnam. Cuba no tiene porqué ser una excepción aunque los transformaciones estén apareciendo tardíamente, a paso lento y con timidez, de modo que la reescritura del drama parezca menos torcida y riesgosa. La verticalidad de la sociedad cubana condiciona la forma en que esos cambios se expresan. Todo cambio es un cálculo ordenado de arriba hacia abajo. La única forma de evitar el quiebre de tal verticalidad consiste en hacer las maniobras acorde con dicha estructura, absolutamente tolerada por la sociedad, sin perder ni el mando ni el control, para evitar que el edificio donde han vivido se venga al suelo.

Por eso la oligarquía cubana es el principal agente de cambio y una aliada fundamental para lograrlo, matiz que aún hoy los analistas al uso no han sabido entender, ya que ven el papel de ese sujeto como los viejos marxistas-leninistas veían las renovaciones sociales: se obtenían a golpe de martillazos y mediante la lucha de clases. En ese sentido, no serán los intelectuales tradicionales la vanguardia encargada de los cambios, sino la oligarquía  que usa el periódico Granma como rosario del partido tradicional, mientras compone las verdaderas oraciones del relato que le interesa imponer. Dichos analistas piensan: cuanto más hambre haya, más rápido caerá el sistema, sin tener en cuenta determinadas características de la cultura política que implantó el exitoso relato de la Revolución durante muchos años.

En las condiciones actuales, determinadas por un cambio de ciclo social, político, económico y de protagonistas dentro de un régimen moribundo, renuente a pasar página, resignado a fallecer pero a su manera y de modo que sus herederos sigan viviendo, posiblemente lo mejor que se puede hacer no sea darles una razón armada sino un pedazo de pan con la posibilidad de crédito renovable.

La nueva administración de los Estados Unidos debería tener en cuenta estos factores a la hora de decidir una política diferente a la que inició el presidente Obama. Debe pensar en una adaptación que permita la movilización de iniciativas políticas por parte de los gobernantes cubanos. Sabemos que no será fácil. Volver a la confrontación sería darles lo que Cuba no necesita. Sus gobernantes, acorralados en la esquina del ring, saben moverse mejor que nadie. No obstante, cuando se les amplía el cuadrilátero nunca han sabido mover los pies si no ha sido para volver a la esquina. Y volver allí no está en los planes de la  nueva oligarquía. Tampoco el pueblo agotado que, no obstante, al cabo de más de medio siglo de Revolución todavía es capaz de descansar y esperar. Esperar es una actitud que el cubano ha logrado cultivar hasta convertirla en arte.

Los próximos años serán determinantes para saber si la nueva oligarquía cubana ha logrado convencer de que menos Revolución será la mejor manera de sobrevivir a su autor y máximo líder. Se cumplen cincuenta y ocho años, un año más pero también otro menos en la vida de la Revolución y del pueblo cubano. El inmenso cartel que desplegaron ayer durante el desfile de celebración en La Habana: “Somos Fidel”, es una oración del primer párrafo de la nueva versión del relato de la Revolución que se empieza a escribir.

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“Esto es la patria”, reportaje en Crear en Salamanca

A continuación reproduzco el reportaje que publicó la revista Crear en Salamanca el pasado día 4 de diciembre. Agradezco a esa ciudad rosa, al poeta Alfredo Pérez Alencar y a José Amador Martín Sánchez que me dedicaran esta página y el esfuerzo que hacen por difundir la poesía, el arte de los supervivientes de la que nunca muere, esa que no se ve, como diría el poeta Gastón Baquero, pero que está ahí, en cualquier lugar, esperando a que alguien la vea y la revele para poder ser leída.

‘ESTO ES LA PATRIA’ Y OTROS POEMAS, DEL CUBANO LEÓN DE LA HOZ

León de la Hoz

Crear en Salamanca se complace en difundir la excelente obra del poeta cubano León de la Hoz (Santiago de Cuba, 1957). Ha publicado Coordenadas (La Habana, 1982); La cara en la moneda (La Habana, 1987); Los pies del invisible (La Habana, 1988); Preguntas a Dios (Madrid, 1994); La poesía de las dos orillas. Cuba (1959-1993); (Madrid, 1994); Cuerpo divinamente humano (Madrid, 1999), ilustrado por Roberto Fabelo, la novela La semana más larga (Madrid, 2007) y Los indignados españoles: del 15-M a Podemos (Madrid, 2015) En Cuba, entre otros premios nacionales, obtuvo los premios “David” (1984) y “Julián del Casal” (1987), ambos de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Dirigió la revista cultural La Gaceta de Cuba y fue cofundador y director de la revista online Otrolunes. Ha sido incluido en numerosas antologías, entre otras, Poesía cubana: La isla entera, Felipe Lázaro y Bladimir Zamora (Madrid, 1995); Las palabras son islas. Panorama de la poesía cubana del siglo XX, Jorge Luis Arcos (La Habana, 1999); Antología de la Poesía Cubana, Vol. IV, Ángel Esteban y Álvaro Salvador (Madrid, 2002) y Poemas cubanos del siglo XX, Manuel Díaz Martínez (Madrid, 2002).

Los cubanos León de la Hoz y Lilliam Moro, en la Plaza Mayor de Salamanca (2009, foto de Jacqueline Alencar)

Los poemas seleccionados por el poeta A. P. Alencart forman parte del libro ‘Vidas de Gulliver’ (Betania, Madrid, 2016, 2ed.). En este libro, León de la Hoz nos ofrece la visión de un naúfrago, que pudiendo ser el mismo autor podrían ser también aquellos que han perdido parte de sus vidas para reencontrarse e inventarse en otras existencias. Edmundo Dantés, Robinson Crusoe, Odiseo y Gulliver son paradigmas con los que De la Hoz se intercambia a lo largo del poemario. Es un libro de pérdidas, búsquedas y hallazgos a lo largo del recorrido imaginario del personaje por su propia vida. El exilio, la familia, el amor y la propia identidad, se revelan a los ojos del lector como experiencias poéticas pautadas en un lenguaje narrativo y plástico que describe este viaje interior.

 

Para Amelia, que sueña con paisajes metafísicos cuando merienda, de Luis Cabrera Hernández (Cuba)

 

ESTO ES LA PATRIA

La patria es este portal que me da techo,

la columna donde apoyo la vejez y espero

el remedio del tiempo para mis heridas.

Es el suelo o el sofá prestado donde sueño

y dos huecos como balas que son mis hijos.

Es el zumbido del mar que me ensordece

con una dolorosa canción de desamor,

mientras naufrago a una isla imaginaria.

Son dos o tres recuerdos y nada más,

ni una rosa blanca ni una bandera,

solamente yo, mi equipaje y el viento.

 

Las líneas de la inmigración, de Luis Cabrera (Cuba)

 

APÁTRIDA

Yo tuve un país de arrecifes llenos de sangre

donde morían quienes llegaban o se iban

y sin embargo parecían playas de nudistas.

Era un país largo y estrecho como un cuchillo

y con tantos muertos que se veían desde la luna,

aunque esa era su principal virtud, según decían.

Extraño y difícil lugar para nacer y morir,

si bien nació de las aguas para ser admirado,

loado, santificado y enaltecido por su belleza.

Ese país que yo tuve y que cabía en mi mano

me lo llevé cualquier día para que no muriera.

Lo tuve dejando su mierda en mis bolsillos

como un canario, aunque le llamaban cocodrilo,

hasta que un día decidió también huir.

Es cierto, señor juez, yo tuve un día un país

y ahora es un lugar de polvo en el viento.

 

León de la Hoz, Teresa García, Felipe Lázaro, Pío E. Serrano y Efraín Rodríguez Santana

 

ODISEO

La última mujer está en alguna parte

y me espera sin que yo conozca su rostro.

Ella me ama y me busca desde siempre

con un deseo desmedido para un mortal.

 

Sé que ella estará en mi último puerto

y será mi destino final al encontrarnos.

Sólo espero llegar tarde a ese día

donde me espera con su crisantemo.

 

No la amo, aunque tampoco la eludo.

De ella no sé otra cosa que su nombre.

Y habré llegado a sus brazos mortales

al decir mi nombre en la oscuridad.

 

Lectura en Miami

 

SUEÑO DE UNA NOCHE TROPICAL

Me han traído vendado, amordazado y maniatado.

Temo que nadie pueda salvarme en esta oscuridad.

Me gritan y patean aquellas hermosas mujeres

que fueron mis amores y hoy se vengan sin piedad.

Ninguna súplica o promesa de amor es suficiente.

Me vejan, me muerden y hunden sus uñas pintadas

por juramentos que hice sobre sus cuerpos jóvenes.

Desnudo, no sé dónde estoy, ni cuál me arranca

con los dientes la piel con sangre que me escupe.

Cada una exige parte de un botín que ya no existe

y todas saborean la victoria sobre el hombre viejo

que no tiene nada que ofrecer a cambio de su vida.

No vienen por mi cuerpo y menos por mi corazón,

como sucede entre viejos amantes que vuelven,

no nos comprendemos pero tampoco nos odiamos,

y no sabemos muy bien qué quiere el uno del otro.

Sus negras alas planean en mi sueño, tapan la luz,

antes de picotear mis heridas sin sanar de guerrero.

Dan vueltas sobre su víctima, canturrean un verso.

Cierro los ojos para retomar sus cuerpos del pasado.

Creo que moriré a manos de mis amadas enemigas

que invaden el dudoso país vencido de mi cuerpo.

 

León de la Hoz con poetas de España, Portugal y América Latina, durante el XII Encuentro de Poetas Iberoamericanos (Salamanca, 2009, foto de J. Alencar)

 

LIBERTAD

Mi soledad es esto que no veis

y viaja conmigo a todas partes,

como un perro guardián.

Música y silencio que me salva

de ustedes, queridos amigos.

Puede que no sepa su color,

ni siquiera si lleva collar o tiene nombre,

pero mi soledad es ésta con celo

que protege mi libertad.

 

El poeta León de la Hoz

 

CONSEJOS SOBRE LA FELICIDAD

Para mi hijo Lucas

0. No escuchar los consejos de padres o abuelos
y viajar a pie y descalzo el camino de la mente.
1. No aconsejar a nadie sobre su propia felicidad
y menos sobre la de terceros o cuartos o quintos.
2. No querer ser feliz a costa de la infelicidad
de otros o de la creencia en hombres o dioses.
3. Ser feliz sembrando día y noche en el jardín
que nos crece dentro y no tirar nada a los cerdos.
4. Olvidar los paraísos prometidos por los hombres
y dioses y forjar el propio del tamaño de un traje.
5. Imaginar en el color del viento las estaciones
de lluvia y sequía y preparar la casa para ellas.
6. No escuchar ni a gobernantes, ni a publicitarios
y sí a los gobernados y los que obran sin ser oídos.
7. Creer que la única y mejor casa del mundo
eres tú mismo aunque no pueda ser vista por todos.
8. Aprender a vivir con tus monstruos y los ajenos,
aunque no dejes de herirlos cada vez que puedas.
9. Da gracias a la luz y a la sombra, y al ser amado
y a tus padres y a una mano tendida y a nadie más.
10. No mates pero nunca pongas la otra mejilla,
sé bueno, no imbécil; sé justo; no tonto.
Y vive como si hoy fuera el fin de todos los días.

 

La isla de Cuba, de Roberto Favelo, óleo sobre lienzo

 

ISLA

Hoy nieva en Madrid como un milagro.

Nieva en mis bolsillos vacíos, llenos de islas

que han ido quedando en mi vida.

Yo mismo soy una isla y vengo de otra.

La nieve, negra, cae sobre mis islas

que se disputan el calor de mis dedos

entre despojos de los naufragios:

un botón, una monedita, un boleto de tren.

Mi vida son islas levantadas por el viento

a las que llego y parto como un náufrago

que sangra sus pies en los arrecifes.

Cada día es una isla más a donde voy

y cada noche es otra de la que escapo.

Un cuerpo, un abrazo, una limosna, un hijo

son sólo islas que resplandecen en la nada.

 

Vidas de Gulliver (2ª edición), de León de la Hoz

 

VIDAS DE GULLIVER

Mi vida no sería nada sin mis otras vidas

que me llevaron a vivir en una isla sin mar

y a ser pisoteado por virtuosos enanos en otra,

huyendo de una donde fui esclavo de caballos.

Seguramente no habría desvivido mi vida

si hubiera tenido el tiempo para vivir más,

pero nunca me habrían cortado el cuello

con la mano tibia de un hermano muerto,

no habría roto mi cabeza contra el muro

en el hospital donde mataron a mi abuela,

ni habría conocido la muerte en tus brazos.

No por vivir más, habría vivido otras vidas,

y tampoco podría haber vivido otras muertes,

ni la aventura de naufragar de cielo en cielo.

Jamás habría tenido las bellas muertes

conque la vida recompensa el haber vivido.

 

Pintura de Vladimir Iglesias Geraldo

 

VIAJE

He vuelto a emprender el viaje

que inicié a ninguna parte

el día en que dejé a mi madre

sangrar sobre la mesa de cocina.

He vuelto a empezar desde cero,

con el cielo como techo, sin destino,

y llevo a mis hijos a la espalda

colgados como alas de avutarda.

No tengo adónde ir, ni por quién.

En ningún lugar nadie me espera,

no puedo moverme a parte alguna

con estas raíces de baobad.

Una vez más he comenzado algo

que parece el principio del fin,

y eso me reconforta al partir.

Todos los viajes están escritos

en mi tronco, con las palabras

del cuchillo de mi madre.

 

Heriberto Hernández, Joaquín Badajoz y León de la Hoz

 

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Vidas de Gulliver (2ª edición), otra vez en Betania

(Publicado en el blog de la editorial Betania)

Vidas de Gulliver (2ª edición), de León de la Hoz

vidas-de-gulliver_leon-de-la-hoz_2edA Betania le satisface volver a publicar en su colección de poesía Vidas de Gulliver (2012), de León de la Hoz, en su segunda edición. La versión en PDF puede ser descargada de forma gratuita junto a otros libros de la editorial en la pestaña ebook del menú de este blog.

En este último libro, León de la Hoz nos ofrece la visión de un naúfrago, que pudiendo ser el mismo autor podrían ser también aquellos que han perdido parte de sus vidas para reencontrarse e inventarse en otras existencias. Edmundo Dantés, Robinson Crusoe, Odiseo y Gulliver son paradigmas con los que De la Hoz se intercambia a lo largo del poemario.

Es un libro de pérdidas, búsquedas y hallazgos a lo largo del recorrido imaginario del personaje por su propia vida. El exilio, la familia, el amor y la propia identidad, se revelan a los ojos del lector como experiencias poéticas pautadas en un lenguaje narrativo y plástico que describe este viaje interior.

Tercera agonía de Gulliver

Mi destino y castigo es volver a naufragar

cada mañana al final de un viaje agotador.

Si estoy vivo o muerto es una pregunta

que me hago ya sin ganas de responder.

A mi izquierda tengo el sol herido como yo

que no obstante me vigila en el horizonte.

A la derecha veo a esas criaturas caminar,

hormigas parecen, llevando en los hombros

trozos ensangrentados de mi cuerpo desnudo.

Se llevan cuanto pueden, sin compasión:

heces del alma, dolores y alegrías incurables,

memorias de una larga vida de náufrago.

Saquean mis pobres y escasas pertenencias.

Cada vez se acercan más al corazón.


León de la Hoz. Poeta, novelista y periodista cubano. En Cuba obtuvo los premios “David” (1984) y “Julián del Casal” (1987), ambos de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC). Dirigió la revista La Gaceta de Cuba y fue cofundador y director de la revista online Otrolunes.

Ha sido incluido en numerosas antologías, entre otras, Poesía cubana: La isla entera, Felipe Lázaro y Bladimir Zamora (Madrid, 1995); Las palabras son islas. Panorama de la poesía cubana del siglo XX, Jorge Luis Arcos (La Habana, 1999); Antología de la Poesía Cubana, Vol. IV, Ángel Esteban y Álvaro Salvador (Madrid, 2002) y Poemas cubanos del siglo XX, Manuel Díaz Martínez (Madrid, 2002).

Ha publicado, entre otros libros, La cara en la moneda (La Habana, 1987); Los pies del invisible (La Habana, 1988); Preguntas a Dios (Madrid, 1994); La poesía de las dos orillas. Cuba (1959-1993); (Madrid, 1994); Cuerpo divinamente humano (Madrid, 1999), ilustrado por Roberto Fabelo, la novela La semana más larga (Madrid, 2007) y Los indignados españoles: del 15M a Podemos (Madrid, 2015)

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Ha muerto Fidel Castro, ¿y ahora qué?

fidel-camilo-y-cheHa muerto Fidel, ¿y ahora qué? Esa es la pregunta que se hace todo el mundo. Responderla no es fácil, la Revolución cubana nunca ha tenido un derrotero previsible. Lo único que podemos saber hasta ahora es que Fidel ha muerto el viernes pasado y que su muerte fue anunciada por su propio hermano. Por ahora es imposible saber si murió realmente en esa fecha, aunque eso no es importante. Lo relevante es que ha muerto quien estaba muerto políticamente desde hacía bastante tiempo. Ha sido una muerte ridícula para un héroe de su causa. No fue asesinado por la CIA, que según dicen le preparó la muerte más de 600 veces con asesinos que tuvieron miedo de matar a quien parecía invencible. Tampoco murió de un balazo en combate a pesar de que tuvo más enemigos que nadie tanto fuera como dentro de su país. Ni siquiera fue una bala que se disparara él mismo para acabar con una vejez que iba apagando el mito, y que por la cual pudo padecer al contemplar cómo su ideario se diluía en manos del hermano. Murió en la cama, quizás quejándose, arropado por la compasión y las lágrimas de los suyos. Murió como un mortal. Murió sin más, como un anciano cualquiera vencido por el tiempo y esa es la peor derrota que puede sufrir un hombre que nunca se daba por vencido.

Ha sido la muerte más esperada y anunciada de la historia. Y ahora podremos empezar a saber si la historia lo absolverá o no, posiblemente no. Esa oportunidad se esfumó el día que perdió el olfato y la astucia política que lo había caracterizado para sobrevivir y se dejó vencer por la tozudez, la intransigencia y la intolerancia, dejando pasar el día de iniciar él mismo un cambio que en el mundo se había impuesto a la caída del muro de Berlín. No debería pasar a la historia un gobernante que podría hacer historia por sacrificar a un pueblo que no lo ha elegido, con el que nunca contó para tomar las decisiones que empeñaron su futuro y al que engañó con un discurso sin vigencia práctica ni teórica, guiado únicamente por sus convicciones, fobias y obsesiones, y no por el consenso del propio pueblo que igualmente ha de ser corresponsable de los destinos del país. Fidel perdió la ocasión de haber sido quien iniciara y terminara un proceso histórico cubano para dar comienzo a otro.

No obstante, podría pasar a la historia porque la historia se escribe con diferentes manos y hay razones para creer que se puede pasar a la historia por diferentes motivos, incluso los más paradójicos. No sabemos cuándo empieza la historia y tampoco cuándo termina. La actualidad en América Latina con muchos de los problemas que alimentaron el mito de la Revolución, dígase Fidel Castro, son una condición preeminente para la elaboración de una utopía que escoja aquellos fragmentos del discurso que sirvan para el relato de esas realidades. Una cosa es lo que pasará con el mito dentro de Cuba y otra en aquellos países americanos donde las realidades son diferentes. La historia personal de Fidel Castro puede ser editada y redimensionada como un mito a pesar de la forma en que murió. Si su causa hubiera sido la iglesia habría sido un santo, como ha sido la Revolución podría ser ese mito que necesitan los estamentos más populares de la sociedad.

Guste o no a sus detractores y aduladores, Fidel es una de las personalidades más significativas, influyentes y controvertidas de la segunda mitad del siglo XX con un gran peso en el acontecer político internacional, sobre todo latinoamericano. Con luces y sombras que unos y otros se ocuparán de resaltar convenientemente, desde la represión a las libertades hasta la liberación de Nelson Mandela. Sería bueno para la salud de Cuba que ahora se juzgara su papel de esa manera en el periodo de la Revolución, pero sabemos que eso es imposible en la isla actual y es una de las herencias negativas que nos deja. El país debería juzgarlo y dejar sí, entonces, que la historia lo absolviera o no. Ese día llegará y será cuando empiece la verdadera historia que se inicia con su muerte.

Fidel Castro ha muerto y con su muerte empieza un nuevo periodo porque muerto sabremos cuánto puede ser útil o inútil. Veremos si Raúl quiere pasar a la historia como quien cierra y abre una etapa de la historia que ayudó a construir con su hermano, y si es cierto que hasta hoy se debatía la sobrevivencia del país entre el idealismo fidelista y el pragmatismo raulista. Habrá que ver cuál es la vuelta de tuerca que da el actual gobernante para vencer la inercia de los cambios o si por el contrario el símbolo de Fidel crece y se convierte en el ariete que usará la corriente más conservadora. Todo puede ser en una isla donde la política se maneja entre lentas y pesadas bambalinas. La deprimida economía, la situación internacional, la edad de los gobernantes, la nueva oligarquía política y económica emergentes y la precaria relación con los Estados Unidos como nuevo sustentador, son factores influyentes. Posiblemente la situación actual con el nuevo presidente Trump necesitaría nuevos gestos de Cuba, que impidieran una reversión de las relaciones entre los dos países. Nunca un muerto podría ser más útil en una coyuntura como la actual, aunque no sabemos si Raúl será capaz de aprovecharlo.

Fidel ha muerto en la cama pero con las botas puestas. No lo ha matado nadie y eso es bueno para que el símbolo sea de baja intensidad, regulable. Tal vez se haya matado a sí mismo por no reprimir su enfermizo protagonismo y mostrarnos esa cara humana de abuelo malcriado al que le dejan deambular por la casa. Los mitos pueden aparentar ser humanos pero no dejarse ver como tales y cuando se humanizan pierden la capacidad de seducción, él lo supo y lo cultivó mientras fue dueño y señor de sus actos. Las pocas veces que lo tuve cerca recuerdo aquellos detalles que cultivaba de la seducción, todo en él parecía diseñado para alimentar la idea de lo diferente. Al contrario del Che y Camilo, los otros dos grandes seductores de la Revolución, él parecía un ente y así se hacía ver. Camilo y Che, ambos muertos para ser símbolos, el primero de la Revolución necesaria y el otro de la guerra innecesaria, no sobrevivieron a la Revolución derrotada. Fidel sí y por eso está muerto antes de morir, hoy está muerto y con su muerte la Revolución pierde su último símbolo, ya no le queda nada. A muchos les hubiera gustado leer de Fidel lo que escribió Álvarez Guedes de sí mismo: “Dios, mátame antes de dejarme ser un viejo cagalitroso”. Entonces seguramente Fidel habría empezado a ser absuelto por la historia y a tener otra vida después de la muerte.

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Pedro Sánchez, el hombre que todos querían muerto

muerto-viviente2Pedro Sánchez, al frente del partido socialista (PSOE) dividido, vive los peores momentos de su vida de advenedizo. Se agarra del apoyo de las bases a pesar de la ruptura de su Ejecutiva, aunque sabe que es el hombre que todos quieren ver muerto, antes no había sido así. Antes parecía el hombre en el que se confiaba para arrebatarle la hegemonía a la derecha española, salvar al partido de la deriva derechista en la que había entrado, e impedir que la izquierda moderada dejara de existir de tanto parecerse a esa derecha contra la que habían luchado en el pasado. Hoy todos quieren verlo muerto, enterrado, y nadie da una peseta por su cadáver, sus propios compañeros de partido lo quieren muerto, la derecha también, la izquierda radical con sus nacionalistas le pide la vida con un cuchillo en el cuello a cambio de su complicidad. No se trata de muerte natural, como parecía traducirse de los recientes fracasos electorales, sino de un asesinato fraguado en el propio partido y desde algunos medios de comunicación, como El País, que crearon una opinión en un solo sentido y sin matices en la que Sánchez es el hombre a matar. El principal argumento para ordenar su muerte no es baladí: la Patria, estable y la gobernable. Y una narrativa que se basa en el deber, la responsabilidad y el supuesto de que Sánchez podría atentar contra la unidad del país, no obstante su negativa a pactar acuerdos nacionalistas con la izquierda radical que estuvo en la base de su fracaso de investidura.

La disyuntiva del moribundo Pedro Sánchez es el mejor ejemplo de la confusión que vive el Partido Socialista, un partido que hace tiempo empezó la caída libre que el gobierno de Sánchez ha pretendido detener, sin que haya podido evitar que el partido se lo lleve en su descenso. No es él quien hunde al partido, sino aquellos que sembraron una herencia negativa contestada por los simpatizantes. Sánchez se halla entre tres enemigos: los llamados barones de su partido, el PP y Podemos, pero han sido los suyos quienes están apurando su muerte. Los primeros (esos que mandan entre bambalinas), lo quieren muerto, y ya le han hecho públicamente la primera herida mortal, porque va por libre y creen que entre dejar gobernar a la derecha y gobernar con la izquierda radical y sus nacionalistas, la primera es la mejor opción, no obstante que ese puede ser el suicidio del partido. Los segundos (la derecha), lo quieren muerto porque sólo podrían gobernar si Sánchez se retracta y lo permite, ya que los votos y las alianzas no le alcanzan para salir de la actual situación de temporalidad. Y los terceros (la izquierda radical), también lo quiere muerto, porque el fin de esta izquierda conformada por la confluencia de grupos más o menos radicales, eventuales y perecederos, salidos de la reciente y contestada crisis económica, social y política, es monopolizar el espíritu contestatario de la izquierda.

Sánchez es un soldado que parece morir por su partido y es muerto por quienes tiene a su lado. A pesar del margen de ambición política que pueda pesar en sus decisiones, se infiere del juicio de sus victimarios que no es un patriota y, además, no ha detenido la sangría de votos, de modo que es un mal socialista. Eso lo hace doblemente culpable. Ninguno de los barones analiza porqué se ha producido dicha sangría, tampoco se dice que ellos son corresponsables de la misma. Tampoco que los fracasos electorales son una consecuencia de sus propios actos cuando gozaban del beneplácito del bipartidismo. El patriotismo es el comodín más usado en política y el que mejor funciona cuando se quieren justificar medidas excepcionales, arbitrarias e intolerables durante una crisis, sobre todo si se quiere sacrificar a alguien, un chivo expiatorio. Según tales barones socialistas y la derecha, se debe dejar gobernar a Rajoy por la estabilidad de la nación, casualmente dicha estabilidad es la que exigen los mismos que han estado chupando la sangre de la nación en desmedro de gran parte de la ciudadanía que exige cambios, aquellos que han decidido acabar con el bipartidismo PSOE-PP porque esa estabilidad se estaba convirtiendo en un diálogo de sordos con los poderes políticos. A Sánchez se le puede juzgar por no sanar la herida dejada por la institucionalización de un partido que se enamoro de su propia imagen histórica, pero éste no ha gobernado todavía, de modo que no se le puede responsabilizar de la herida que le encargaron curar.

Por un lado el PSOE está en una situación de franca caída a causa de las posiciones que mantuvieron sus gobernantes, contribuyendo a políticas con compromisos y actitudes más cercanos a la derecha que a la izquierda, y lo peor, cuando empezó la gran desafección social por la política, los gobernantes de ese partido mucho más que maquillaje no hicieron para recuperar el prestigio de la política y el compromiso exigido por gran parte de sus simpatizantes. Todo el mundo recuerda aquel artículo de la Constitución, el 135, que Zapatero cambió con nocturnidad y alevosía en contubernio con la derecha a demanda de la Unión Europea, que no se ha caracterizado precisamente por sus aciertos en materia económica y financiera. Las mismas vacas sagradas o barones, ciegos de vanidad y poder, que no vieron el toro que venía por la izquierda, son responsables de la fuga de adeptos hacia la abstención y la agrupación de Podemos. Siendo así, a Sánchez y al partido no parece quedarle más remedio que moverse hacia la izquierda y recuperar el espacio perdido, si no quieren terminar asesinados por Podemos y arrojados al depósito de cadáveres de la historia. A riesgo de que moverse demasiado a la izquierda puede confundirse con las siglas de los más radicales y perder la identidad que ha hecho fuerte al PSOE en la izquierda social y moderada, cuando el país era el vergel de dos partidos.

Es una situación difícil en la que está en juego la propia existencia del partido socialista. Si Sánchez cede a la presión de los barones que han ganado el primer combate con la dimisión de casi la mitad de la dirección del partido y admite su derrota dejando gobernar al partido más corrupto de la democracia, entre otras lindezas, puede darse por muerto junto a su partido. Podemos y sus confluencias acabarán enterrándolos, no porque sean mejores, sino porque han sabido tomarle la temperatura a un tiempo nuevo. Sin embargo, hoy el principal problema es que ahora el problema de Sánchez es el de su propia sobrevivencia. La gran paradoja en este estado de cosas es que la salvación de Sánchez y su proyecto, si no puede ser por una sublevación de las bases del partido, voto al que parece apelar, podría venir por un acuerdo entre Podemos y sus adláteres para gobernar después que dejaran las exigencias irresponsables que tienen que ver con la desestabilización del país que los socialistas rechazan. Esto último no lo cree nadie de quienes esperan ser los enterradores del PSOE.

Sea cual fuere el resultado de la batalla que Sánchez sostiene contra una parte de su partido, y con independencia de quién sea el próximo líder, posiblemente la única forma de defender al partido y salvarlo, en caso de que se pueda salvar, sea compitiendo con la izquierda por un protagonismo social que han perdido o se han dejado arrebatar. Es un escenario nuevo que necesita del valor a que obliga el peligro a desaparecer, de modo que se pueda restablecer una identidad acorde a los tiempos que se viven. Las posibilidades del cambio son difíciles porque son radicales y quien quiera hacerlo necesita del coraje, además del apoyo interno y social, ya que la unidad es una quimera cuando no hay un liderazgo fuerte. El espectáculo que estamos viendo en el PSOE no es el resultado del fracaso de las elecciones, ni responsabilidad única de Sánchez, sino de muchos años de poltrona y políticas de errónea interpretación social. La muerte del soldado Sánchez forma parte de ese guión autodestructivo que los ha llevado a la indefensión y a él le ha tocado ser la víctima. El PSOE está herido, sin líder, y la derecha con la otra izquierda espera para enterrarlos. Y Sánchez es un muerto viviente, el primero de la democracia española, que sólo podría ser salvado por una rebelión en la granja, y eso es lo que espera.

 

 

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