Facebook y los perros

Por León de la Hoz

 

 

Hasta hace muy poco el mejor amigo del hombre era el perro, ahora es Facebook. Yo de momento no tengo ninguno de los dos ni pienso tenerlos. Y no será porque no quiero más amigos de los que tengo y a los que apenas puedo atender como quisiera. No sé a quién se le ocurrió decir que el perro era el mejor amigo, pero eso demuestra lo necia de la humanidad que hasta la llegada de Facebook creía en esa frase a pie juntillas como un axioma, y también qué solo ha estado el hombre desde siempre para que el perro haya llegado a ser su mejor amigo en vez del propio hombre. Lo cierto es que en origen de este hecho está la soledad, la necesidad, la docilidad y lo acomodadizo tanto del animal como del hombre. Aunque quizás según eso en lugar de un amigo lo que el hombre necesitaba era la compañía de un eunuco, viendo el papel de algunos perros.

Sin embargo algo de razón puede tener ese enunciado, porque hay perros de los cuales podríamos ser amigos, que son mejores que sus dueños e incluso que el mismo hombre. Dicho de otra manera, hay dueños más perros que sus perros y de eso da fe el alto número de abandonos de estos animales. En alguna ocasión me hubiera gustado tener un perro al lado en vez de cierto amigo. Escrito esto a favor de los animalitos, tengo que decir que prefiero Facebook a los perros porque no va cagando dondequiera y no hay que sacarlo a mear como al pastor de mi vecino que me despierta con un ladrido de júbilo cada vez que le abren la puerta. La mierda de los perros y el mismísimo perro de mi vecino son dos de las cosas que más lastiman mi capacidad de convivencia.

El propio gobierno de Madrid se ha visto obligado a incrementar las multas a los dueños de los perros que no recojan la mierda de sus criaturas. No obstante la mierda nos inunda y desborda con el terrible peligro de que un día nos caiga encima el fecaloma de uno de esos grandes y peludos que parecen una vaca. Últimamente mi pequeño hijo de cuatro años y yo hemos inventado un saludable deporte que es ir saltando entre la fecunda mierda de la ciudad con sus parques incluidos. Tal vez si a Madrid le dieran la sede de los Juegos Olímpicos podríamos patentarlo con el nombre de “salto a la caca”, hacernos ricos y de paso optar por una medalla.

Definitiva y lamentablemente una de las cosas más evidentes de nuestros días es la mierda, la de los perros y también la de la política, las relaciones humanas, los libros de moda y un largo etcétera que los pobres humanos necesitados de un perro o un Facebook no hemos visto hasta que la crisis financiera y económica nos ha dejado caer la enorme plasta mundial. No obstante, igual que sucede con la mierda de nuestros fieles amigos de cuatro patas, esperamos que otro la recoja y limpie y para ello ha surgido, Dios mediante, el nuevo salvador entronizado con fastos y llamado Barak, negro, como dicen que debió ser Cristo. Cuando para el hombre no es suficiente un perro como amigo entonces busca un mesías. ¡Pobre hombre!, que como se sabe también es humano porque tiene mujer, hijas y su Facebook.

A veces creo que terminaré haciéndome de Facebook como alternativa a un tratamiento siquiátrico por causa del trauma que me produce convivir con tanta mierda, tal vez esta nueva medicina freudiana tan eficaz para tratar la soledad y la enajenación con soledad y enajenación también sirva para olvidarme de la mierda y soñar cosas más hermosas o que estimulen el apetito, por ejemplo, un suculento perrito caliente a la salida de un partido de beisbol. De momento advierto a quienes me mandan invitaciones para tener mi Facebook o algún congénere que se abstengan, ya que me gusta la soledad y en su defecto los abrazos, la cerveza o el vino y mirar en los ojos el pozo de la amistad.

2009, febrero