Hugo Chávez y su boca

Por León de la Hoz

Yo iba a escribir de una de las cosas más deprimentes de la actualidad cubana: los artículos del recién estrenado periodista y reflexólogo Fidel Castro, pero surgió de la nada —de la malicia o la ingenuidad de la presidenta Bacheler— el tapaboca del rey Juan Carlos a Chávez y no puedo sustraerme de la alegría por ese hecho. El rey hizo lo que miles de personas en el mundo hace tiempo desean hacer (yo en primer lugar); es cierto que las formas, en este caso el protocolo, es importante, pero no menos que cerrar la boca de un personaje experto en romper protocolos como su mentor el “Coma-andante”. La democracia empieza porque el “otro” respete a su interlocutor para que de ese modo pueda pretender ser respetado, y en ese momento Chávez estaba rompiendo el protocolo o pretendía imponer el suyo. ¡Bien por Juan Carlos!

Al fin alguien ha cerrado esa boca incontinente, arrogante, vociferante y lenguaraz del presidente de Venezuela, más bravucón que inteligente. Lo que lamentablemente nadie hizo con Fidel —que ya no habla pero escribe— le ha tocado a su clon, el clown Chávez, que a pesar de sus comienzos golpistas gozaba con anuencia en amplios sectores progresistas y hoy, después del tapaboca del rey y la derrota en el referendo, se está quedando cada vez más solo por culpa no sólo de su vocación caudillista, sino también —y no es poca cosa— por su boquita que parece pintada. Yo sé lo que es eso porque un personaje de mi novela también temía por la capacidad de su boca para decir sandeces fuera de lugar. Esta claro que el camino de Chávez para su entronización no será fácil; acaba de perder la consulta popular sobre el trono y puede ser el principio del fin del chavismo y del fidelismo también.

Mientras escribo casi empiezo a sentir compasión por este Chávez megalómano, aunque voluntarioso, que no tiene ni huevos ni leche para darle a su pueblo (a pesar de su petróleo), que tiene algún hijo díscolo haciendo de las suyas en La Habana, que los cubanos le están dando a comer como a los pollos en relación con sus ideas panamericanas y, además, tiene una boca que parece tener autonomía sobre su cerebro y que en ese ancho y gordo cuerpo vestido de rojo es como un ano con urticaria; pero que, sin embargo, no cesa de imitar a su dios. Dios mío, ¡ya clama al cielo que alguien de la corte de intelectuales cubanos con los que se rodea le diga cuál es el verdadero destino de los clones, sobre todo cuando la figura clonada va a ser absorbida por la historia.

Sin la independencia de la boca sobre el cerebro es difícil imaginar que un ser humano pueda articular tanta estupidez frente a cámaras y micrófonos, a no ser que sea un extraño caso clínico de los Expedientes X. Sólo cabe preguntarnos si también cuando duerme esa boca no deja de cometer palabras.

Por suerte, para el destino de los pueblos muchos de sus líderes pasan a la historia unos como histéricos y otros como histriónicos. Mas algunos como Chávez, excepcionalmente, pasan por esas dos virtudes. Veremos cómo pasan sus homólogos, los hermanos Castro.

La mayoría del pueblo de Venezuela que, como todos, es vulgo, amorfo, manipulable y piensa y siente con el estómago (eso dice un informe de la ONU sobre la democracia en América Latina, previendo los cambios a la izquierda totalitaria de los últimos años), le ha quitado la confianza a su presidente que quiere ser rey, aunque él se sirva de los mismos mecanismos que desligitima con esa pretensión —curiosa y cínica paradoja. Esperamos que el pueblo cubano, como el venezolano, haga valer sus virtudes después de hacerle el luto a su presidente enfermo y, ya sin el apoyo del petróleo venezolano y con un grupo dirigente sensato bien asesorado por los órganos de inteligencia del Ministerio del Interior y el Ejercito, pueda iniciar un proceso nuevo, de reconciliación real con todos y para el bien de todos, sin los miedos inculcados a “lo otro” en estos años y verdadera querencia por “el otro” y lo nuestro. Eso sería el modo en que la Historia podría absolver al otro hermano, Raúl, que tiene en sus manos con el Ejercito y la Seguridad la llave para pasar de las sombras a la historia.

Todo el mundo sabe, aunque no se atrevan a decirlo dentro de Cuba, que la Revolución está acabada sin el líder que pudo haberla reconvertido para ser absuelto por la historia —como fue su sueño. Es cuestión de tiempo y la derrota de Chávez reduce más las posibilidades de movimiento. Se va cerrando el círculo. Ojalá no haya que esperar a que el deterioro material y espiritual del país haga más difícil la recuperación. El optimismo endémico que padecemos los cubanos de dentro y de fuera, de izquierda y de derecha, podría verse fatalmente lastimado de forma irreversible. ¡Pobres los cubanos sin Dios, sin Marx, sin Keynes, sin Deng Xiaoping, abandonados a la suerte del ego de un hombre viejo mortalmente enfermo!

2007, diciembre