La Revolución Cubana 50 años después

Por León de la Hoz

 

La Revolución cubana cumple este año que empieza cincuenta años y da pena verla. Ha envejecido con sus líderes y aún más. Se la ve desaliñada, mal cuidada, incluso los afeites no bastan para ocultar las profundas ojeras del insomnio que le producen el desvelo o las pesadillas del día y del futuro. Los viejos duermen mal, es cierto. Las dolencias, algunas crónicas, no han cedido a los múltiples tratamientos y medicinas suministradas a lo largo de estos años que se celebran sin fiesta verdadera. Pobre de solemnidad e idealista por consolación puede verse en ella la imagen de la muerte. Su rostro es huraño y procura no dejarse ver ni por los espejos donde antes lucía su juventud. Sus ojos que antes fueron arrogantes ahora vagan cargados de odio por aquellos a quienes culpa de su frustración. Su lenguaje, incluso el escrito, ya carece de la claridad y la convicción con que seducía a sus oyentes prometiéndoles el paraíso a cambio de una cuota de sacrificio. Su paso que antes fue ágil, largo e incluso marcial, ahora es lento aunque ha cambiado las pesadas botas de faena por zapatillas deportivas.

Cansada de vestirse de verde a fuerza de querer ser como las palmas, ahora se mal viste como un joven deportista envejecido que publicita una marca que ya casi nadie quiere comprar: “Cuba”. Verla tan vieja metida en ese traje juvenil da más pena, ya que no hay peor viejo que aquel que no acepta su destino humano. Se la ve asomada a las ventanas de la Isla, incapaz de salir a las aventuras conque prodigaba sus dones de juventud. Ya sin fuerzas, sin el público que la veneraba, que la odiaba o le temía, piensa a solas que la han traicionado. Sus hijos huyen de ella aunque tengan que navegar en el Estigia, los viandantes habla sin respeto de ella en los mercados donde se comercia con el alma, sus herederos son mediocres y de ello se culpa rezando en todas las lenguas negras y blancas ya permitido el rezo en el partido, se trafica en su nombre y ella misma se siente una pervertida a la que no le ha quedado más remedio para sobrevivir.

Según de qué lado esté el público unos dirán que fue una virtuosa y otros una criminal, ella misma se ocupó de trazar la línea para los amigos y los enemigos que fueron los que no la amaron. Posiblemente los únicos que la tomen en serio sean aquellos que han vivido de ella y no tienen más remedio que amar sus carnes fláccidas de corista tropical retirada. Esos que vivieron por ella, de ella y para ella y la acompañaron fielmente en las diferentes etapas de su vida de guerrillera, internacionalista, socialista y en los últimos años de prostituta dialéctica. Unos podrían dar su vida por ella con convicción, los menos; otros no tienen más remedio. De poco ha valido tanto sacrificio personal y colectivo de millones de cubanos que han visto como la Revolución iba llegando a la decrepitud por envejecimiento y necedad.

Aunque la Revolución todavía esté ahí celebrando sus cincuenta años su espíritu está muerto, el espíritu colectivo de años atrás que fue una de las virtudes capitales de su sostén ya no existe, y la unidad como coartada se desvanece. El viejo y pesado cuerpo de la Revolución ya no se mueve, trasunta mierda por el costado y lo mejor sería que dejara de existir para darle una oportunidad a la Patria, ya que no es Patria o Muerte, sino Patria y vida lo que las generaciones futuras necesitan. Haber sobrevivido es su gran mérito y como todos los sobrevivientes tendrá que esperar la muerte. Amén.

Diciembre, 2008