gastón baquero en el corazón

Placa homenaje del Ayuntamiento de Madrid a la entrada de la última casa que viviera Gastón Baquero en la calle Antonio Acuña. Foto de León de la Hoz

Gastón Baquero murió en Madrid con aguacero, igual que quiso su admirado poeta César Vallejo, quien también radicó en la calle Acuña donde estuvo la última casa de Gastón, esa que aparece en sus fotos más conocidas tan llena de libros que produce asfixia sólo de mirarla. Vivió orgulloso de compartir calle con el poeta peruano y murió un día como hoy cuando la ciudad celebra a su patrono San Isidro, el santo labrador. Se habría reído de saber que moriría un día como hoy de 1997, Gastón era Ingeniero Agrónomo. Su vida está llena de esas extrañas coincidencias que su poesía convertía en mito, transponiendo vidas y vivencias de sus personajes reinventados. Él mismo quería ser un pez, creyendo seriamente en la posibilidad de la transmutación en otro ser. La esencia y lo mejor de su gran poesía se mueve en ese carácter trascendente.

La misma fecha de su muerte es casi una de las pocas cosas verificables de su biografía aunque sabemos que nunca se ha ido a esa otra parte. Su nacimiento, aunque parezca raro, es otra de las experiencias a las que dio ese toque de ambigüedad poética, misterio e incertidumbre. Incluso, no fue hasta hace poco que verificamos por un documento oficial la fecha real en la que vino al mundo. No obstante esa aparente mala memoria con la que literaturizaba, lo sabía casi todo, como dijo alguna vez Gerardo Diego de él, y guardaba un celo peculiar no sólo sobre su vida, sino también sobre la de los otros. En más de una ocasión lamenté que fuera así porque su cercanía con una parte de la historia nos privaba de la posibilidad de conocerla mejor. Me decía: si yo contara todo cuanto sé le haría daño a Cuba. Y lo decía como si hablara de una madre.

Gastón fue una de las personas más hermosas, buenas y agradecidas que he conocido y conoceré, al que debo la amistad y familiaridad más grandes que uno puede soportar sin sentir vergüenza. Era un ser excepcional que procuraba no molestar ni siquiera dejándose querer. Su enormidad física era semejante a la delicadeza en el trato y la manera en que quería a los suyos, sin embargo hacía ambas cosas como si pudiera pasar invisible, una de sus ambiciones. El amor es un privilegio inmerecido del que uno a veces no se da cuenta y al que no siempre sabe corresponder, incluso queriendo hacerlo. El nuestro fue un amor a primera vista que compartí con la madre de mi hijo Lucas y que perdura después de haberle tomado por última vez las manos aún tibias en el hospital madrileño de La Paz.

Yo sé que ese señor lleno de amor por su isla y su gente, a veces de una manera desmedida, un día será amado como merece en sus dos grandes casas: Cuba y España, y su vida dejará de vivir en la sombra del exilio poético y físico transformándose en un niño u otro Gastón Baquero. Esa es la esperanza de conmemorar hoy su muerte lejos del lugar del que nunca se fue.

RETRATO

Ese pobre señor, gordo y herido,/ que lleva mariposas en los hombros/ oculta tras la risa y el olvido/ la pesadumbre de todos los escombros.// Él dice que lo tiene merecido/ porque aceptó vivir, que no hay asombro/ en flotar como un pez muerto y podrido/ con la cruz del vivir sobre los hombros.// Cenizas espacidas en la luna/ quiere que sean las suyas cuando eleve/ su máscara de hoy. No deja huellas.// Sólo quiere una cosa, sólo una:/ descubrir el sendero que lo lleve/ a hundirse para siempre en las estrellas.

Gastón Baquero

Acerca de León de la Hoz

León de la Hoz, escritor y periodista. Ha publicado Coordenadas (1982), La cara en la moneda (1987), Los pies del invisible (1988) Preguntas a Dios (1994), La poesía de las dos orillas, Cuba (1959-1993), Cuerpo divinamente humano (1999), La semana más larga (2007), Vidas de Gulliver (2012), Los indignados españoles: Del 15M a Podemos (2015). Vidas de Gulliver (2016, 2ª ed). Ganó los premios David (1984) y Julián del Casal (1987), ambos de la UNEAC, Cuba. Entre otros. Ha sido antologado en diferentes ocasiones, como en Poesía cubana: La isla entera (1995), de Felipe Lázaro y Bladimir Zamora; Las palabras son islas. Panorama de la poesía cubana del siglo XX (1999), de Jorge Luis Arcos; Antología de la poesía cubana, Vol. IV, de Ángel Esteban y Álvaro Salvador; Poemas cubanos del siglo XX (2002), de Manuel Díaz Martínez. Dirigió la revista cultural La Gaceta de Cuba, en La Habana. Fue uno de los directores fundadores de la revista Otrolunes. Escribe Habeas Corpus y hace Testículos de fotografía.
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