de la política, el cinismo y los cubanos

La calle del medio, foto de Ramsés León

A pesar de cuanto dicen los libros uno llega aprender que la política es sobre todo cinismo. La medida con que la reparten los políticos para alcanzar objetivos y los fines de los mismos es lo que distingue a los políticos unos de otros. Esas dosis son la verdadera esencia de la política y lo demás contenidos que la sitúan más a la derecha o la izquierda del centro. El desarrollo de la calidad de vida capitalista y el estancamiento económico y tecnológico del comunismo, posiblemente no hayan sido más determinantes en la desaparición del sistema que su incapacidad de ser eficientemente cínico. Muy a pesar de los criterios sobre la economía y la democracia, según se hace un repaso a la historia política la eficiencia del cinismo es la piedra fundamental del sostén de los regímenes democráticos o dictatoriales. El único antídoto probado hasta ahora es el de la libertad.

Cuantos mayores son los márgenes de libertad e información, menores son los márgenes para la eficiencia del cinismo. La desafección hacia la clase política que se produce hoy día en las democracias y las dictaduras no sólo tiene que ver con las condiciones económicas o la falta de democracia, sino también es causa de la ineficacia de la política o de los políticos para ocultar su incompetencia, tanto en arreglar la realidad como en escamotear la verdad, o sea, han perdido gran parte del capital político determinado por el cinismo. Sobre todo cuando estos políticos merman cada día su potencial de decisión frente a otros poderes, ampliándose la distancia entre la realidad y el discurso político, al mismo tiempo que se debilita la autoridad tradicional frente a los ciudadanos. La paz social no sólo depende de los índices económicos, sino también de la eficiencia cínica para representar un papel frente a la sociedad.

El muro de Berlín aún dividiría dos mundos si la transparencia informativa iniciada por Gorbachov no hubiera dejado al desnudo los delitos y la corrupción injustificables por la incompetencia cínica del partido comunista. La rebeldía árabe y la del movimiento de indignados europeos y estadounidenses aún no habrían estallado sin la libertad añadida por los nuevos medios tecnológicos digitales, que ayudaron a mostrar el rostro cínico del poder político. En el lado opuesto, la inconformidad, la frustración y la insolvencia económica en Cuba no tienen vías que pudieran poner en evidencia el cinismo de sus gobernantes. El control sobre la información, la represión y la tolerancia selectivas de la discordancia están diseñados sobre un entramado de cinismo que compromete a todos y en la que fuimos educados como un recurso más de la supervivencia, al mismo tiempo que la especulación política está limitada por la falta de libertad y de información. ¿Cuánto puede perdurar esta situación de connivencia tácita entre los gobernantes cubanos y el pueblo? Mucho o poco, no depende sólo de la economía, también de la capacidad de absorción de la sociedad cubana y, por supuesto, de la calidad del cinismo del régimen. En eso sí son eficientes.

La próxima visita del Papa a Cuba será un ejercicio más del cinismo del régimen cubano, también para la Iglesia que se ha convertido en su mejor aliado político para poner el rostro humano a las reformas. No sabemos cuánto pueden costar los fastos a la enflaquecida economía, pero sí sabemos que en el intercambio de gestos políticos todos ganaremos una regalía, un pellizco, una migaja. Ignoramos cuáles podrían ser pero seguro las tendremos y así podremos satisfacer nuestros espíritus, mientras los cubanos siguen en el camino correcto, por el centro y por la calle del medio, a ritmo de comparsa, resignados o resingados, aplaudidos por unos y abucheados por otros. Ese es también el coste de vivir cínicamente. Hasta que Dios quiera.

Acerca de León de la Hoz

León de la Hoz, escritor y periodista. Ha publicado Coordenadas (1982), La cara en la moneda (1987), Los pies del invisible (1988) Preguntas a Dios (1994), La poesía de las dos orillas, Cuba (1959-1993), Cuerpo divinamente humano (1999), La semana más larga (2007), Vidas de Gulliver (2012), Los indignados españoles: Del 15M a Podemos (2015). Vidas de Gulliver (2016, 2ª ed). Ganó los premios David (1984) y Julián del Casal (1987), ambos de la UNEAC, Cuba. Entre otros. Ha sido antologado en diferentes ocasiones, como en Poesía cubana: La isla entera (1995), de Felipe Lázaro y Bladimir Zamora; Las palabras son islas. Panorama de la poesía cubana del siglo XX (1999), de Jorge Luis Arcos; Antología de la poesía cubana, Vol. IV, de Ángel Esteban y Álvaro Salvador; Poemas cubanos del siglo XX (2002), de Manuel Díaz Martínez. Dirigió la revista cultural La Gaceta de Cuba, en La Habana. Fue uno de los directores fundadores de la revista Otrolunes. Escribe Habeas Corpus y hace Testículos de fotografía.
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