soy charlie hebdo y alá es menos grande

18032014-_MG_0224xxAntes de que surgiera esta nueva epidemia que se llama islamismo radical pensábamos que las dictaduras de izquierda y derecha, da igual, eran la peor derivación ideológica de los extremismos, y que el comunismo y el nazismo conformaban los sistemas más deleznables sustentados en las ideologías políticas inspiradas en el sacrificio humano. Sin embargo, nunca habíamos vivido nada igual era moderna donde el sacrificio de las personas fuera una motivación ideal para satisfacer la sed de un dios y que ese dios fuera la imagen de todo un sistema social sin poder.

Se trata de una doctrina política que no obedece a un cuerpo teórico elaborado con ideas surgidas de la realidad que se quiere modificar, ni siquiera es un pensamiento que puedan considerarse una ideología política. Son más bien interpretaciones políticas basadas en la manipulación de la palabra divina y la fe, eso hace que dicha doctrina sea estática y totalitaria, aplicada a la realidad desde un mundo ideal. El resultado de dicha implantación a la sociedad convierte el mundo en un infierno y en un proceso mutilador de todo cuanto ha acumulado la civilización con sus errores y aciertos hasta ahora. Muy a pesar de ello el yihadismo gana adeptos entre nosotros.

Creíamos que después del comunismo no habría nada más ideal que luchar por el paraíso en la tierra. Es cierto que la democracia no es perfecta. Tampoco lo es el “liberralismo” económico que a su vez es represor social. Nada es ideal, sino mejor que otros por comparación, y todo es corregible o superable. Ahora bien, nada está más lejos de lo que un ser humano aspira que la castración propuesta por el yihadismo y el olor a muerto que despide para erigirla. No es una amenaza a la libertad solamente, sino también a siglos de desarrollo cultural y de conquistas de derechos. Se trata de un salto atrás y al vacío. Occidente debería repensar si hoy día la multiculturalidad es realmente un valor de la democracia o una estrategia fallida aplicada al mundo musulmán.

Durante la “guerra fría” los Gobiernos enemigos podían hablar y acordar términos concretos de cooperación, incluso dicho diálogo limitó el peligro de la guerra nuclear y más tarde hizo decrecer ese riesgo con los acuerdos SALT. Sin embargo en el caso del llamado “Estado” islámico es imposible pensar en ello. Eso es ilusionismo hinduista o humo de hippie trasnochado. Después de la cristianización la humanidad no se había vuelto a ver a merced de un dios, pero nunca había sido un dios sin Estado. El Estado es Alá. Tal vez deberíamos ir pensando en hablar con Alá para detener a esos locos de amor. Seguramente si Alá fuera mujer como Julieta la relación del amor con la muerte sería otra cosa.

Hace unos días fue el asesinato de más de cien personas en una escuela paquistaní, en su mayoría niños, y ahora la masacre en Francia del periódico humorístico Charlie Hebdo con doce muertos. Lamentablemente los dioses, si no son clásicos, en algo se parecen a los tiranos. No es por las barbas ni la crueldad de los sacrificios que imponen a sus fieles, sino por la falta de humor y el humor es parte de la libertad, y la libertad es como la sangre de un ser humano, sin ella no hay vida. Sin humor Alá es menos grande y en eso se parece a todos, incluso al dios católico.

 

Acerca de León de la Hoz

León de la Hoz, escritor y periodista. Ha publicado Coordenadas (1982), La cara en la moneda (1987), Los pies del invisible (1988) Preguntas a Dios (1994), La poesía de las dos orillas, Cuba (1959-1993), Cuerpo divinamente humano (1999), La semana más larga (2007), Vidas de Gulliver (2012), Los indignados españoles: Del 15M a Podemos (2015). Vidas de Gulliver (2016, 2ª ed). Ganó los premios David (1984) y Julián del Casal (1987), ambos de la UNEAC, Cuba. Entre otros. Ha sido antologado en diferentes ocasiones, como en Poesía cubana: La isla entera (1995), de Felipe Lázaro y Bladimir Zamora; Las palabras son islas. Panorama de la poesía cubana del siglo XX (1999), de Jorge Luis Arcos; Antología de la poesía cubana, Vol. IV, de Ángel Esteban y Álvaro Salvador; Poemas cubanos del siglo XX (2002), de Manuel Díaz Martínez. Dirigió la revista cultural La Gaceta de Cuba, en La Habana. Fue uno de los directores fundadores de la revista Otrolunes. Escribe Habeas Corpus y hace Testículos de fotografía.
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