Carta de Yunior García Aguilera

El siguiente texto es el testimonio reciente del joven dramaturgo y director teatral Yunior García Aguilera, aparecido hace unas horas en Facebook después de haber sido liberado de las dependencias policiales adonde fue llevado detenido. Lamentablemente no conozco a Yunior, ni su obra, pero sí el papel de moderación que desempeñó como representante y vocero del grupo de jóvenes que hicieron una “sentada” frente a la sede del Ministerio de Cultura de Cuba y elaboraron un pliego de demandas. Aquel hecho que acabó días más tarde con una pataleta de bravuconería del Ministro es de enorme simbolismo para la historia reciente del país, marca el inicio de un proceso de rebeldía y represión sin parangón en el cual los jóvenes se han consolidado como la alternativa de un país diferente.

No he pedido permiso para publicar esta carta porque las comunicaciones son muy difíciles después que el Presidente decidiera ordenar la represión de las manifestaciones pacíficas de protesta. Sin embargo me atrevo a publicarla porque en las condiciones actuales toda la información sobre lo que sucede en la isla no es suficiente para mostrar el verdadero país que el Gobierno trata de ocultar con la censura a internet.

Frente al silencio cómplice e injustificado de gran parte de la intelectualidad cubana dentro y fuera de la isla, podríamos sentir orgullo de los jóvenes que han decidido enfrentar la deriva de quienes debieran gobernar para todos y ser ejemplo de dignidad.

A esos “yunior” podríamos deberles la sobrevida.


A mis amigos, colegas y hermanos,

(Estoy sin Internet, pero encontré una vía para escribirles)

Ayer, al ver las imágenes de la protesta en San Antonio de los Baños, un grupo de jóvenes artistas decidimos llegar hasta el ICRT para exigir transparencia. Siempre hemos rechazado los caminos violentos, de modo que llegamos pacíficamente y solicitamos 15 minutos ante las cámaras de la televisión cubana para ejercer el derecho a réplica, hacer un llamado a resolver nuestros conflictos por vías democráticas, condenar la represión y encontrar una solución sin sangre a la crisis total que vivimos los cubanos. No nos importó que nos llamaran “ingenuos”, otra vez, desde cualquier extremo. Para nosotros, quedarnos en casa de brazos cruzados, mirando desde un sofá el fratricidio, no era una opción. Sabemos, como pocos (porque lo hemos vivido antes), que la rabia es sorda, pero teníamos que intentarlo.

Ya se sabe que fuimos tratados como basura. Les importó un comino que fuéramos sus colegas de la cultura, que tuviéramos posiciones anti-embargo y contra toda injerencia. ¡Ya las órdenes estaban dadas! Una horda de conservadores radicales y varios grupos de Respuesta Rápida nos negaron el mínimo espacio de 15 minutos, y una vez más, la posibilidad de un diálogo cívico y transparente. Fuimos golpeados, arrastrados a la fuerza y lanzados sobre un camión de carga, como sacos de escombro.

En ese camión nos llevaron directo hasta el “Vivac” y nos encerraron hasta hoy en horas de la tarde. Vimos llegar a decenas de jóvenes y nos fuimos enterando poco a poco de las protestas en diversas zonas del país. 

En los múltiples interrogatorios que vivimos quedó claro que nadie desde fuera nos orientó salir a la calle, que absolutamente nadie nos pagó un centavo por hacer lo que hicimos. Pero también dejamos clarísima nuestra posición y nuestras ideas de CAMBIO, en un país que no frena su caída al barranco, con una aguda crisis sanitaria, sin medicamentos ni comida, con una inflación galopante, una deuda impagable, tiendas en moneda extranjera que se expanden como pulpos, un país que se llena de hoteles mientras el fondo habitacional sufre un perenne peligro de derrumbe y los hospitales no dan abasto. Un pueblo donde crece el descontento, el desabastecimiento crónico, los apagones, los presos de conciencia. Una nación donde el Estado de Derecho está siendo pisoteado sin que un solo diputado levante su voz en favor nuestro.

Nos soltaron bajo una medida cautelar y se lleva contra nosotros un proceso de investigación. Los del “Vivac” que estuvimos en el ICRT, salimos todos, pero todavía hay hermanos presos o desaparecidos, entre ellos, Manuel Alejandro Rodríguez Yong. Nadie puede silenciar nuestro derecho a ser honestos, a exigir que los liberen a todos y a expresar lo que sentimos.

Agradecemos a nuestros amigos y familiares por no descansar hasta que fuimos liberados. Nos parte el corazón ver todo lo ocurrido en Cuba, mientras estábamos en aquellas galeras. ¡Y todavía no lo hemos visto todo!

Condenamos todo hecho de sangre, toda represión, todo uso de la fuerza bruta contra el pueblo y su legítimo derecho a manifestar su descontento por vías pacíficas. 

Condenamos también todo acto vandálico, ajeno al civismo, la dignidad, el humanismo y la decencia.

Condenamos toda manipulación y mentira desde los medios de prensa.

Condenamos toda injerencia extranjera o el uso de fuerzas militares desde cualquier nación, sea Estados Unidos o Venezuela. Y al mismo tiempo, pedimos a gritos la ayuda humanitaria del mundo entero para evitar que las calles se nos llenen de sangre. ¡Todos los ojos sobre Cuba! ¡Todas las voces en favor de la Cuba de a pie que vive minutos de peligro real!

Condenamos todo llamado fascista que incite a la violencia entre cubanos. Todo llamado al combate salvaje entre hermanos, para beneficio de un grupo o élite.

Condenamos toda acción dictatorial, toda violación de los derechos humanos, todo pandillismo político.

Hacemos un llamado, una vez más, a defender el derecho de un país, que ya ha sufrido demasiado, a vivir en paz, democracia, libertad, prosperidad, justicia y respeto a nuestras diferencias. 

Cuba llora, Martí está llorando ahora mismo desde su tumba. Salvemos a nuestra tierra del odio y la barbarie. ¡Qué renuncien todos los culpables de esta pesadilla! ¡Qué se levanten de su silencio todos los cubanos dignos que no comparten el discurso fascista!

No seamos cómplices. ¡Ya basta!


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