la sociedad idiota (I)

Fuck you, fotografía de León de la Hoz

A la televisión se le llamó peyorativamente con o sin razón la caja tonta. Se hizo todo tipo de vaticinios sobre su supervivencia y muchos la excomulgaron condenándola al infierno. En una época la culpamos de todos los males sociales. Todavía hay quienes la responsabilizan con la mala educación que ellos mismos dan a sus hijos, la violencia y otros males. Todo eso para no vernos en el lamentable compromiso de reconocer que somos retratados por ella, revelando nuestra carencia de lucidez. En definitiva la sociedad en la que vivimos no es más que un fiel reflejo de lo que se nos muestra en los medios y consumimos. Ahora nos quejamos menos porque somos víctimas de otros artilugios de entretenimiento a los que nos hemos sometido satisfechos, dichosos diría. El desarrollo de la tecnología del entretenimiento ha disminuido la importancia de la televisión en nuestras vidas.

No es que la televisión sea mala ni idiotice, es que ya casi venimos al mundo como idiotas sociales. Lo dicen los índices de audiencia que sostienen la porquería de la programación. Ella no es dañina en sí misma, sino por el uso que se le pueda dar y tanto es así para quienes la producen como para nosotros los consumidores. Ahora en las vacaciones es cuando mejor se nota la connivencia de la idiotez con el mercado televisivo y nuestro sometimiento a sus dueños. Después de comida, en la penumbra solariega del descanso, se ven las sombras fantasmales que salen de la caja tonta que es la menos tonta y la más vieja de las invenciones del ocio familiar después de la radio. Ha quedado como la pobre hermana menor de la estupidez actual, sin embargo la encendemos ruborizados. Los otros aparatos de moda, peligrosamente enajenantes, los llevamos con orgullo e incluso no dejan de ser estandartes de la posición social y económica.

La televisión no sólo ha sobrevivido, sino que además se ha desarrollado tecnológicamente aunque en esencia sigue siendo la misma. Posiblemente sea el único soporte de comunicación y entretenimiento que no peligra en la era digital y de internet porque para su desaparición tendrá que perecer el hombre idiota. Cuando la televisión y el hombre se descubrieron lo hicieron con un amor que no resiste comparación. El amor es ciego y la hipocresía su luz. Todo el mundo dice ignorarla pero en fondo no podemos vivir sin ella. Los que la niegan también la aman en su oscuridad.