los chatarreros y la chatarra del estado

La música del mendigo, foto de León de la Hoz

Ayer los chatarreros de Madrid salieron por primera vez a la calle para protestar por la polémica nueva ley de residuos que les impide comer y vivir de la basura metálica que recogían libremente en las calles de la ciudad. Todo un síntoma y un símbolo de la situación que soportamos. Seguramente un objetivo de esa ley en lo que concierne a la chatarra es dificultar el robo y el tráfico de cobre y otros metales que últimamente había puesto en jaque a determinadas estructuras tecnológicas. Una vez más el gobierno intenta resolver un problema firmando una prohibición. Es la manera de obrar de estas administraciones da igual si son de izquierda o derecha, nacional, autonómica o municipal. La manera más fácil de resolver un problema es prohibiendo, no importa si la medida reproduce otro problema, en este caso la subsistencia de cientos de familias, sobre todo de etnia gitana, que viven de los desperdicios de metal que particulares y empresas abandonan en cualquier lugar público, calles, solares y descampados. Aunque sea metal no deja de ser basura de lo que viven.

La burocracia político-administrativa a veces se comporta con cierta peligrosidad social al no buscar alternativas a la situación de desamparo adonde lleva a ciudadanos como los chatarreros o la gente que está padeciendo los desahucios, inmorales y anticonstitucionales aunque el Tribunal Constitucional los ampare. La burocracia es la verdadera chatarra que llena miles de despachos de funcionarios anacrónicos del Estado que dictan y hacen cumplir las normas, equivocadas o no, sin preguntarse si son válidas o a quien afectan. Viven y se reproducen en la endogamia de la fidelidad al jefe y hacer el trabajo por el que le pagan, no importa que seamos todos los contribuyentes quienes lo hagamos. No son individuos genéticamente adulterados, sino condicionados y obligados por el sistema en el que hallan una copia del seno materno. Protección, complicidad, opacidad. La burocracia siempre es la misma en todas partes y hasta que no se reestructure el sistema la seguiremos padeciendo ya que es una lacra necesaria para el mantenimiento de status quo.

Lo mejor que tiene la situación de crisis y falta de resolución de la misma es lo malo que se está poniendo. La manifestación de los chatarreros es un símbolo que no debemos dejar de leer con preocupación aunque sea un conato restringido. Estamos viendo el padecimiento de uno de los últimos eslabones de la cadena productiva de la economía real, representada en personas que viven de los deshechos que la sociedad expulsa, excreta, ajenos a factores económicos concretos de la crisis global pero no a los críticos del sistema, dentro de un contexto en el que la supervivencia se acentúa gravemente. Los hechos son testarudos: las cifras de parados, de usuarios en los comedores para indigentes y las solicitudes de ayuda humanitaria son cada vez mayores. Los buscadores de comida en la basura ya están siendo una imagen habitual en las calles, acentuándose las diferencias sociales a través del consumo y el tipo de consumo que se hace. Si ya no sucede, dentro de poco se dispararán las estadísticas sobre los delitos. Esto no hace más que empezar y puede tocar a muchos que se creen a salvo.

Freud haría una lectura muy negativa y particular si viera cómo los gobernantes reprimen a quienes recogen y limpian parte de la basura de la sociedad. Esos que están más cerca del ano del cuerpo social y se alimentan de una parte de lo que nos sobra, pobres, muchos de ellos inquilinos de chabolas y que no obstante generan dinero circulante con sus míseras ganancias mientras otros, los banqueros, los políticos y la burocracia viven enajenados reproduciendo la crisis actual y descargándola sobre los menos solventes. Los chatarreros, estos basureros de metal, nos están revelando la verdadera condición de nuestra burocracia política-administrativa que representa el poder del Estado y sus instituciones, sus problemas, vicisitudes y consiguiente necesidad de cambio. Tengo que velar porque el “hierro” no se me quede en la calle y vengan los medioambientales a llevárselo como residuo.

Acerca de León de la Hoz

León de la Hoz, escritor y periodista. Ha publicado Coordenadas (1982), La cara en la moneda (1987), Los pies del invisible (1988) Preguntas a Dios (1994), La poesía de las dos orillas, Cuba (1959-1993), Cuerpo divinamente humano (1999), La semana más larga (2007), Vidas de Gulliver (2012), Los indignados españoles: Del 15M a Podemos (2015). Vidas de Gulliver (2016, 2ª ed). Ganó los premios David (1984) y Julián del Casal (1987), ambos de la UNEAC, Cuba. Entre otros. Ha sido antologado en diferentes ocasiones, como en Poesía cubana: La isla entera (1995), de Felipe Lázaro y Bladimir Zamora; Las palabras son islas. Panorama de la poesía cubana del siglo XX (1999), de Jorge Luis Arcos; Antología de la poesía cubana, Vol. IV, de Ángel Esteban y Álvaro Salvador; Poemas cubanos del siglo XX (2002), de Manuel Díaz Martínez. Dirigió la revista cultural La Gaceta de Cuba, en La Habana. Fue uno de los directores fundadores de la revista Otrolunes. Escribe Habeas Corpus y hace Testículos de fotografía.
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