viaje a la nada

Viaje a la nada, foto de León de la Hoz

Frente al Ministerio de Asuntos Exteriores de España, en Madrid, hay una trinchera de maletas detrás de las cuales vive una familia cubana. Esperan a ser recibidos por la Ministra cuyo ramo parece haber incumplido el acuerdo por el cual salieron al exilio acompañando a dos de los presos políticos liberados por la Iglesia y el ex canciller Moratinos. Están atrincherados aunque parece que están allí porque esperan un vehículo que los conduzca a alguna parte, sin embargo no van a ningún lugar. Son maletas que parecen haber llegado a su destino o que llevan a la nada. Hace unos meses cuando ansiaban y exigían huir de Cuba no era sí.

Estas personas forman parte del engaño y la ingenuidad nacional en el que hemos vivido o seguimos viviendo. El sentimiento de que somos elegidos de Dios y que así tenemos que ser tratados. Es un sentimiento anterior a la Revolución aunque con ella llegó a niveles de delirio protagonizado por su líder, semejante al impacto que tuvo el efecto Perón en la imagen que los argentinos todavía tienen de sí mismos. Dios es argentino pero Fidel es cubano, mutatis mutandis. Un día habrá que estudiar el efecto de ese liderazgo en la personalidad del país, en la sicología social de los cubanos. Como no ha de ser diferente, esa familia, en desgracia, busca una solución a su problema en la interlocución con la máxima autoridad de los asuntos internacionales españoles. El exilio que por obligación debería contar con la organización que tuviera capacidad y recursos para ayudarlos no existe. En general se ha ocupado de gestionar su propia satisfacción. Que lejos aquellos tiempos de la guerra contra la metrópoli española.

Hace unos meses esa familia no contaba con la orfandad y el desamparo en un país que aparentemente les abría los brazos de ser libres. Cuando salieron de la cárcel y de Cuba parece que nadie les advirtió de que la libertad era cara, a veces más que la dictadura, con un precio material tan alto como el de la mendicidad. Con todo el derecho ellos eligieron la imagen de la libertad en contra de la experiencia conocida de vivir dentro de la prisión mayor que es el país. El gobierno cubano también lo deseaba aunque aparentaba lo contrario. El único vínculo que los unía al país benefactor, España en este caso, era el político y se rompía cuando dejaran de ser una pieza de cambio, rehenes de dos discursos políticos como lo son los presos cubanos por esa causa. Nadie les dijo que mientras fueran una moneda de cambio podían gestionar su actitud opositora acompañados, pero la libertad tendrían que asumirla desde la soledad.

Hoy esta familia y las que terminarán de igual modo se haya sola y sin techo. Son el reflejo de la involución y declive del exilio político de los últimos veinte años, formado casi todo en la propia Revolución y gran parte mantenido en Cuba por la solidaridad que ellos mismos son incapaces de movilizar, debilitado política y económicamente. También con sus ideales trastocados por la propia necesidad, la desidia, la incapacidad y los intereses personales. Han pasado los años de Cuba en la escena internacional, ya no interesamos a nadie, ni siquiera a las mujeres que nos amaron, y hemos sido incapaces de movilizar el crédito de más de cincuenta años para ayudarnos a nosotros mismos. Ni la música, ni la literatura, ni la política cubanas importa, nos hemos devaluado. Somos una sombra vergonzosa que pasa envejecida, desvirtuada por las pocas luces. Ahora todo el mundo espera que la Revolución se caiga y para algunos cuanto más tarde mejor.

Lo que sucede a estos cubanos que mendigan una entrevista para resolver su problema, apelando a unos compromisos del gobierno español, es un reflejo de la situación actual y la alternativa del exilio. Somos víctimas de nuestra propia imagen inflacionada a lo largo de más de cincuenta años de optimismo y virtuosismo frustrado, tanto dentro como fuera. Vivimos un viaje de consecuencias imprevisibles a la nada y todos tenemos nuestro propio equipaje con la isla dentro. Demasiado tiempo.

Acerca de León de la Hoz

León de la Hoz, escritor y periodista. Ha publicado Coordenadas (1982), La cara en la moneda (1987), Los pies del invisible (1988) Preguntas a Dios (1994), La poesía de las dos orillas, Cuba (1959-1993), Cuerpo divinamente humano (1999), La semana más larga (2007), Vidas de Gulliver (2012), Los indignados españoles: Del 15M a Podemos (2015). Vidas de Gulliver (2016, 2ª ed). Ganó los premios David (1984) y Julián del Casal (1987), ambos de la UNEAC, Cuba. Entre otros. Ha sido antologado en diferentes ocasiones, como en Poesía cubana: La isla entera (1995), de Felipe Lázaro y Bladimir Zamora; Las palabras son islas. Panorama de la poesía cubana del siglo XX (1999), de Jorge Luis Arcos; Antología de la poesía cubana, Vol. IV, de Ángel Esteban y Álvaro Salvador; Poemas cubanos del siglo XX (2002), de Manuel Díaz Martínez. Dirigió la revista cultural La Gaceta de Cuba, en La Habana. Fue uno de los directores fundadores de la revista Otrolunes. Escribe Habeas Corpus y hace Testículos de fotografía.
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