problemas de un íncubo

Oferta de dulces tradicionales en una pastelería de Chinchón, pueblo de la región de Madrid. Foto de León de la Hoz

Esta mañana me he despertado mal después de haber dormido peor. La exaltación de los símbolos papales y el aburrido discurso de los mismos y sobre ellos en todas partes posiblemente me ha convertido en un íncubo. Generalmente los excesos producen efectos contrarios a los esperados. Temo que los cuernos que llevo dentro, los que puse y me pusieron, salgan en cualquier momento de su largo sueño y muestren mi verdadero rostro demoníaco iluminado por la temida lascivia y el resto de los pecados capitales. Mi siquiatra se sentiría abrumada al verme transformado en uno de sus sueños húmedos: un hombre con siete penes. Y seguirán naciéndome del cuerpo mientras siga viviendo en la terrible pesadilla que ha traído el Papa a Madrid. Un pene por día de fiesta.

Hoy no he podido escribir en mi nuevo libro. En realidad dos. Iba de uno a otro frustrado por una mañana en la que mi cabeza está llena de Papa. Todo me suena, sabe y huele a Papa. Lo veo hasta en la sopa. Esos jóvenes que alardean más papistas que el Señor me han producido un rechazo visceral a las vírgenes vestales. Quise escribir, pero los renglones se me torcían y aunque supuse que podían ser los renglones estéticamente torcidos de Dios los rechacé borrándolos. Es lo peor que puede pasarme como escritor y sobre el teclado arrojé la baba verde de mi rabia e impotencia. Me alegro haber nacido en el siglo XX y no en la Edad Media porque habría muerto en la hoguera.

He dudado de que mi transformación se deba a mis prejuicios, eso diría alguien creyente practicante. Sin embargo no es así o al menos eso creo. Puedo decir que estoy de acuerdo con la mitad de las cosas que ha dicho el Papa hasta ahora. Y no estaría en desacuerdo con su visita si se le tratara como a cualquier jefe de estado y la cortesía no se convirtiera en genuflexión y agravio. Si me estuviera deformando a causa de mis prejuicios no sería peor que la niña del exorcista o del abortista y habría buscado una solución en alguno de los doscientos confesionarios abiertos en el Retiro para ganar el perdón. Me siento peor.

De todas formas esta tarde me voy a la Semana Santa de verano que se han montado como parte de la escenificación papal. De golpe y porrazo a pleno sol de agosto las multitudes podrán presenciar el espectáculo de las quince estaciones del Vía Crucis con procesiones traídas de toda España. Igual que un parque temático. Por si quedaran dudas sobre mis buenas intenciones y con ganas de renunciar a cualquier atávico ateísmo que sobreviva en mí me preparé un almuerzo para la ocasión: Sopa de ajos, Ensalada San Isidro, más unas Tetas de novicia y un aguardiente de anís, ambos de Chinchón. Todo un purgante madrileño para exorcizarme. Y ahora me voy corriendo a darme un baño de adoración para ver si sano de esta pesadilla que me provocan los excesos de sentimentalismo y devoción. Dicen que el Vía Crucis tiene un efecto curativo y redentor.

Acerca de León de la Hoz

León de la Hoz, escritor y periodista. Ha publicado Coordenadas (1982), La cara en la moneda (1987), Los pies del invisible (1988) Preguntas a Dios (1994), La poesía de las dos orillas, Cuba (1959-1993), Cuerpo divinamente humano (1999), La semana más larga (2007), Vidas de Gulliver (2012), Los indignados españoles: Del 15M a Podemos (2015). Vidas de Gulliver (2016, 2ª ed). Ganó los premios David (1984) y Julián del Casal (1987), ambos de la UNEAC, Cuba. Entre otros. Ha sido antologado en diferentes ocasiones, como en Poesía cubana: La isla entera (1995), de Felipe Lázaro y Bladimir Zamora; Las palabras son islas. Panorama de la poesía cubana del siglo XX (1999), de Jorge Luis Arcos; Antología de la poesía cubana, Vol. IV, de Ángel Esteban y Álvaro Salvador; Poemas cubanos del siglo XX (2002), de Manuel Díaz Martínez. Dirigió la revista cultural La Gaceta de Cuba, en La Habana. Fue uno de los directores fundadores de la revista Otrolunes. Escribe Habeas Corpus y hace Testículos de fotografía.
Esta entrada fue publicada en hábeas corpus, sociedad y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.