pablo entre dos fuegos (I)

Pablo Milanés fue a Miami a cantar y no lo pudo hacer con total libertad. No es una excepción, muchos cubanos que no admiten ningún tipo de uniforme viven entre dos fuegos. A pesar del cambio que se ha producido en Miami en los últimos años con la renovación generacional, la estratificación alcanzada con las distintas oleadas migratorias, el crecimiento educacional, cultural, y la diversidad del exilio económico, aún perviven las causas que avivan el odio de las generaciones históricas y fundadoras del conflicto cubano. Eso no se puede negar y es lo primero que debiéramos analizar a la hora de enjuiciar y criticar la intolerancia y el dogmatismo de algunos grupos cerriles del exilio. Quienes han tratado de coartar la libertad del artista no son necesariamente protagonistas históricos del conflicto, sino otros, muchos que no tienen rostro y posiblemente en Cuba llevaron máscaras o fueron fidelistas impenitentes. Dicen que una veintena de organizaciones intentaron boicotear el concierto que finalmente se efectuó con asedio y poca asistencia. Un verdadero desperdicio cuando han tenido el privilegio de escuchar a uno de los músicos cubanos más importantes. El fanatismo político, el odio y la demanda de sangre sólo pueden conducir a la pobreza de espíritu y una vida mediocre. Miremos los países que se desangran por esos motivos. Si tuviéramos que privarnos de la creación del hombre por causas ajenas a la calidad,  el gusto o la necesidad, nuestra vida sería tan mísera que la tendríamos que reinventar. Buena parte de la producción artística e intelectual, técnica y científica de la que no podríamos prescindir viene de la creación de personas con las que no nos tomaríamos ni un café.

No obstante y a pesar del ruido que siempre producen estos sucesos de intransigencia, las protestas han sido de baja intensidad. Antes te ponían una bomba o te amenazaban con ella. El exilio duro ya ni siquiera hace pantomimas en los Everglades y es que ya el exilio no es lo que era. La categoría de político al exilio es una inercia de otros tiempos. Ahora mismo en el exilio conviven todo tipo de credos, incluyendo a quienes defienden la Revolución abiertamente. Algo insólito y sólo creíble por el cambio positivo de Miami. La otra isla que se consolidó económica y políticamente en territorio de la Florida como alternativa al castrismo, ha asumido la paradoja  del experimento de la isla que soñamos, imposible en la isla verdadera. Una isla futura enajenada de lo político que aún desconocemos pero que viviendo en Miami se puede imaginar. Parodiando, en Miami se sueña en cubano, en Cuba en viajar. La actitud intolerante y antidemocrática que ha tenido que padecer Pablo, a pesar de haberse presentado más crítico que nunca con el régimen donde antes fue feliz, no es más que la punta visible del histerismo de un proceso de extinción del imaginario totalitario que la sicología del cubano ha llevado a sus últimas consecuencias y empieza a desaparecer. Aunque pervive la beligerancia dogmática tanto dentro como fuera, las nuevas generaciones, hartas de política y sus políticos, patriotismos, símbolos, muertos y batallas extenuantes contra cualquier cosa, sea el imperialismo, el comunismo o los mosquitos, están creando ya la asepsia inevitable cuando procesos como el cubano se alargan sin solución ninguna. En eso Cuba más que otra cosa se encuentra más cerca de la modernidad, aunque  por otro camino distinto al de los países democráticos.

Acerca de León de la Hoz

León de la Hoz, escritor y periodista. Ha publicado Coordenadas (1982), La cara en la moneda (1987), Los pies del invisible (1988) Preguntas a Dios (1994), La poesía de las dos orillas, Cuba (1959-1993), Cuerpo divinamente humano (1999), La semana más larga (2007), Vidas de Gulliver (2012), Los indignados españoles: Del 15M a Podemos (2015). Vidas de Gulliver (2016, 2ª ed). Ganó los premios David (1984) y Julián del Casal (1987), ambos de la UNEAC, Cuba. Entre otros. Ha sido antologado en diferentes ocasiones, como en Poesía cubana: La isla entera (1995), de Felipe Lázaro y Bladimir Zamora; Las palabras son islas. Panorama de la poesía cubana del siglo XX (1999), de Jorge Luis Arcos; Antología de la poesía cubana, Vol. IV, de Ángel Esteban y Álvaro Salvador; Poemas cubanos del siglo XX (2002), de Manuel Díaz Martínez. Dirigió la revista cultural La Gaceta de Cuba, en La Habana. Fue uno de los directores fundadores de la revista Otrolunes. Escribe Habeas Corpus y hace Testículos de fotografía.
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