confesiones íntimas

Personalmente, foto de León de la Hoz

Hoy me han dado ganas de ser cursi y decirme a mí mismo en el espejo que me gusto. No ha sido una crisis de narcisismo o amor propio. Es la coronación de una semana en la que mi ego se ha visto engordado por las proposiciones de amistad de una docena de señoras en busca de consorte en las agencias de contacto, que han proliferado adaptándose a internet y adquiriendo la fisonomía de una red social. Se hacen llamar redes sociales. En otros tiempos se ponían anuncios, por ejemplo: “chico joven busca chica rubia con bigotes para amistad.”  Ahora te anuncias con el mejor perfil para el consumo y te intercambias con otros que amplían la oferta y la competencia. No media el interés económico, sino la felicidad, como siempre. Hay para todos los gustos y sustos. Pones la carne en el mercado y un cebo a ver qué cae. Puede funcionar por lo menos para un rato, en la mayoría de los casos no en relaciones largas, dicen las estadísticas. Sin embargo puede ser divertido o aterrador según la aventura, el morbo sí está garantizado. No deja de ser una navaja de doble filo.

Todas eran desconocidas, al borde de un ataque de nervios, y no hice nada para merecerlas. Siempre me ha gustado encontrar a las mujeres yo mismo, las tienes a tu lado y lo único que hace falta para conquistar lo llevas puesto. Lo mismo digo de ellas. No obstante, me decía, ante la oleada de solicitudes, que nunca podía haber sido mejor recompensado después de mi último divorcio. Yo me había revalorizado y la demanda aumentaba. La primera solicitud vino desde un lugar llamado Badoo, luego supe que estas amistades nada tenían que ver con deseos derivados de mi trabajo, la insípida convocatoria de Facebook o la idea de jugar al mus. No suponían amistades de cualquier tipo, sino esas que ya sin sonrojo han sido asumidas por cierta parte de la población necesitada de compañía o más bien, vamos a decirlo con claridad, de cama. Las invitaciones llegaron desde varias de esas voluntariosas agencias que prefiero no mencionar y que ya se publicitan en la televisión, las ONGs de la soledad que están sustituyendo a las iglesias. Meetic es la más conocida. Meetic y saca. Ignoraba que hubiera tanta dedicación a ese oficio que primero ejercieron las prostitutas.

Internet es el medio que ha exorcizado a las agencias que ejercían el antiguo oficio del alcahuetismo y la prostitución, confiriendo una contenido altruista a ese espacio en el que confluyen, se diluyen y confunden los intereses de los demandantes. Veladas agencias de contacto que han convertido la soledad del mundo de las redes y la comunicación en uno de los negocios más lucrativos, dotándolos de una imagen que oculta el verdadero drama de un problema social sin precedentes. Cuanto más acompañados, informados y comunicados estamos, más profunda es la soledad. No escapan a este problema países con una tradición y un modo de vida de gran extroversión que facilitan la socialización de las relaciones. España, por ejemplo. Si proliferan es porque algo funciona mal. Son el reflejo de un mercado dominado por la insatisfacción y la soledad de una sociedad vaciada, lastimosamente enferma de frustración, baja autoestima e incapacidad personal de muchos  de quienes viven en esas redes como alternativa a la vida real. No dudo de que sea la salvación para algunos aunque la dependencia pueda ahondar la crisis individual y colectiva. Posiblemente la medicina sea cambiar la vida. Quién da más.

Acerca de León de la Hoz

León de la Hoz, escritor y periodista. Ha publicado Coordenadas (1982), La cara en la moneda (1987), Los pies del invisible (1988) Preguntas a Dios (1994), La poesía de las dos orillas, Cuba (1959-1993), Cuerpo divinamente humano (1999), La semana más larga (2007), Vidas de Gulliver (2012), Los indignados españoles: Del 15M a Podemos (2015). Vidas de Gulliver (2016, 2ª ed). Ganó los premios David (1984) y Julián del Casal (1987), ambos de la UNEAC, Cuba. Entre otros. Ha sido antologado en diferentes ocasiones, como en Poesía cubana: La isla entera (1995), de Felipe Lázaro y Bladimir Zamora; Las palabras son islas. Panorama de la poesía cubana del siglo XX (1999), de Jorge Luis Arcos; Antología de la poesía cubana, Vol. IV, de Ángel Esteban y Álvaro Salvador; Poemas cubanos del siglo XX (2002), de Manuel Díaz Martínez. Dirigió la revista cultural La Gaceta de Cuba, en La Habana. Fue uno de los directores fundadores de la revista Otrolunes. Escribe Habeas Corpus y hace Testículos de fotografía.
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