el problema de la libertad

La libertad, foto de León de la Hoz

Los ataques a la libertad de expresión son cada vez más frecuentes ya sea como prohibición, manipulación o inhibición. Esta libertad en todas partes tiene sus detractores, sus represores y, gracias al espíritu de la democracia, sus defensores en múltiples formas y contextos. Ya sabemos que la libertad es un tópico y una utopía que mueve a millones de individuos. Además tiene el color que el relator le quiera dar según su ideología e intereses y, sobre todo, en qué lugar esté, si arriba o abajo, en el poder o fuera de él. Lo cierto es que a pesar de la caída del muro de Berlín, la libertad sigue siendo tan discutida como antes y tendrán que surgir otros teóricos que escriban sobre la misma en las actuales condiciones de democracia, ya sin la referencia de las dictaduras del Este y con el desarrollo de las nuevas tecnologías de la información que han puesto patas arriba a gobiernos desde el anonimato y la espontaneidad.

No estamos peor que antes en cuanto a la libertad, la desaparición de la comunidad de países comunistas de Europa, de las dictaduras militares latinoamericanas y la reciente ola de la marea verde en el mundo árabe, evidencian la mejoría alcanzada en los últimos veinte años. Tampoco empeoramos en cuanto a la libertad de expresión, ya que ambas, la libertad política y la libertad de expresión, son parte de un mismo fenómeno. Sin embargo la manera en que se gestiona esa libertad es uno de los problemas más graves que afronta la humanidad. Está por ver si la llegada a la libertad de los países árabes traerá más democracia y paz. La democracia no ha sabido adaptarse a estos cambios que han producido la libertad política, la libertad de expresión y, por otro lado, la libertad que el sistema a dado a los mercados. No siempre porque haya más libertad habrá más democracia, lo contrario fue una idea política de gran calado, necesaria, además, previa a la época postcomunista que vivimos.

Gran parte de los problemas que afronta el sistema tienen que ver con esta falta de respuesta del sistema democrático a la libertad que está en el punto central de un cambio civilizatorio. La libertad de movimiento, de creencia, de opinión y, no menos, de uso de los instrumentos de la democracia, están en el meollo de la crisis que nos aqueja a gran escala. A veces creemos que arreglando el desastre creado por la dictadura del mercado, libérrimo, acabarán los problemas que aún no han llegado a su polo más álgido, y no es así, aunque lo deseamos, porque es un obstáculo fundamental del desequilibro actual que ni los neoliberales más entusiastas imaginaron. Si la política no toma las riendas para recomponer las pautas del nuevo capitalismo la desestructuración social pudiera tener consecuencias imprevisibles. Se pueden tocar los síntomas en movimientos alternativos y grupos de respuesta de muy distinta ralea que convergen en la necesidad de cambio, por ejemplo los indignados que ya plantan cara en casi todo el planeta.

Ya es difícil dejar de ver que la crisis no es económica, ni financiera, sino política. Empiezan a ser más los políticos que hacen referencia al sometimiento a los mercados. Hoy mismo el Presidente de la Comisión Europea, Durao Barroso, durante su defensa del eurobono, dijo: “Necesitamos un gobierno más fuerte en la Unión Europea”. Aseguró también que es necesario reforzar el poder de las democracias frente a los mercados, que están fuera de control. No obstante muy poco peso adquieren estas opiniones en los medios. Hace falta que los políticos más honestos, inteligentes y valientes se pongan de acuerdo en resolver el problema de raíz, no en adoptar soluciones transitorias. Hace falta un cambio de modelo diferente ahora que el mundo es otro. La libertad nos ha traído un problema y habrá que resolverlo adaptando las instituciones, pensando al revés.

Quiero recordar, entre los muchos que se ven a diario, tres casos actuales de atentados a la libertad de expresión en contextos muy diferenciados: la omisión por parte del Gobierno cubano de los premios Grammys cubanos ganadores en la última edición, la persecución que se hace a Anonymous, y los nuevos cargos de pornografía del Gobierno chino contra el artista disidente Ai Weiwei que han sido contestados aquí. La libertad sigue siendo un problema, unas veces por alcanzarla, otras por adaptarnos a ella.

Acerca de León de la Hoz

León de la Hoz, escritor y periodista. Ha publicado Coordenadas (1982), La cara en la moneda (1987), Los pies del invisible (1988) Preguntas a Dios (1994), La poesía de las dos orillas, Cuba (1959-1993), Cuerpo divinamente humano (1999), La semana más larga (2007), Vidas de Gulliver (2012), Los indignados españoles: Del 15M a Podemos (2015). Vidas de Gulliver (2016, 2ª ed). Ganó los premios David (1984) y Julián del Casal (1987), ambos de la UNEAC, Cuba. Entre otros. Ha sido antologado en diferentes ocasiones, como en Poesía cubana: La isla entera (1995), de Felipe Lázaro y Bladimir Zamora; Las palabras son islas. Panorama de la poesía cubana del siglo XX (1999), de Jorge Luis Arcos; Antología de la poesía cubana, Vol. IV, de Ángel Esteban y Álvaro Salvador; Poemas cubanos del siglo XX (2002), de Manuel Díaz Martínez. Dirigió la revista cultural La Gaceta de Cuba, en La Habana. Fue uno de los directores fundadores de la revista Otrolunes. Escribe Habeas Corpus y hace Testículos de fotografía.
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