el misterioso camino de algunos libros

El correctivo de la literatura, foto de León de la Hoz

Acaba de aparecer en el blog de la editorial Betania un post dedicado al libro más vendido del mes de octubre y es mi novela La semana más larga. Me lo ha confirmado el editor, Felipe Lázaro, y no salgo de mi asombro, sin embargo me dice que es normal que títulos publicados en otro momento puedan ser rescatados del olvido. Lo comprendo, si no qué triste destino el de grandes e imprescindibles libros y autores de otros tiempos. La literatura tiene esa buena o mala suerte de leerse mejor cuando pasan las modas, yo no leo nada que vaya en ese camino si mi amigo Lalo Aguado no me lo recomienda. Al respecto es una de las personas más informadas que conozco. De hecho soy el último que pueda recomendar algo porque me quedé en los clásicos muertos y vivos. Mis amigos saben que sólo los leo si me lo piden y no es porque los quiera menos, todo lo contrario.

Ayer Vargas Llosa, clásico vivo, decía desde Guadalajara que la literatura tenía una función más allá del simple entretenimiento y justificaba su juicio en la época de su formación, años de la eclosión de la utopía social que luego fue traicionada por la Revolución cubana y sus adláteres. Luchas fratricidas por el poder, corrupción, dictaduras, crímenes políticos, en fin, un rosario de ejemplos peores que aquello en la mira del cambio. Yo creo algo semejante y a ello le asigno parte de la transcendencia a algunos libros en función de su beneficio, al margen de la estética. La literatura puede tener muchas utilidades y usos, depende de la organización de sus componentes, el contexto y muchos más factores. Para ser concretos y evitar divagaciones, les digo que en Cuba, por ejemplo, vi a un carnicero envolver los trozos de la menguada ración de subsistencia arrancando las hojas de la edición crítica de Paradiso. Yo mismo, la última vez que visité lo que fue mi estudio, vi cómo el comején había trazado maravillosos e inextricables caminos con su hambre. Mi biblioteca había pasado a ser el alimento de sus enemigos.

Los caminos de la literatura ciertamente son indescifrables y misteriosos. Conozco a una amiga que tenía plácidos orgasmos con alguna escena de mi novela y otra que todavía la usa para ir al baño. Dice que ponerse a leer algún pasaje como el del Patio Musical le ayuda a hacer lo que ningún alimento recomendado le produce. Ella corrige con mi novela lo que la naturaleza no hace en su lugar. No sé porqué están volviendo a leer mi novela, pero si es por algún motivo similar a estos que apuntalan la tesis de Vargas Llosa, doy gracias de poder hacer algo por mis congéneres. Y que me puedan recordar al menos por este servicio social.

Acerca de León de la Hoz

León de la Hoz, escritor y periodista. Ha publicado Coordenadas (1982), La cara en la moneda (1987), Los pies del invisible (1988) Preguntas a Dios (1994), La poesía de las dos orillas, Cuba (1959-1993), Cuerpo divinamente humano (1999), La semana más larga (2007), Vidas de Gulliver (2012), Los indignados españoles: Del 15M a Podemos (2015). Vidas de Gulliver (2016, 2ª ed). Ganó los premios David (1984) y Julián del Casal (1987), ambos de la UNEAC, Cuba. Entre otros. Ha sido antologado en diferentes ocasiones, como en Poesía cubana: La isla entera (1995), de Felipe Lázaro y Bladimir Zamora; Las palabras son islas. Panorama de la poesía cubana del siglo XX (1999), de Jorge Luis Arcos; Antología de la poesía cubana, Vol. IV, de Ángel Esteban y Álvaro Salvador; Poemas cubanos del siglo XX (2002), de Manuel Díaz Martínez. Dirigió la revista cultural La Gaceta de Cuba, en La Habana. Fue uno de los directores fundadores de la revista Otrolunes. Escribe Habeas Corpus y hace Testículos de fotografía.
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