mi regalo es un masaje a cuatro manos

Otro día de San Valentín, ese mártir del amor joven que todos quieren celebrar, aunque lo correcto sería conmemorar su martirologio rezando por su alma. Hoy es uno de los días más cursis del año, da igual lo que lleve el amante en las manos para regalar. El aire se llena de corazones rojos inevitables, sólo es comparable en cursilería a la Navidad. Yo todavía no sé porqué regalamos para expresar el amor, el agradecimiento, pero seguramente alguna razón habrá más allá de ser una costumbre muy primitiva, ya que se regalan todos, incluso los amantes que comparten con otros el cuerpos. Cuántas veces nos han regalado una flor, por ejemplo, después de que esas manos salieran de otro cuerpo. Tal vez no lo sepamos, una rosa puede ser una espada.

En el día del amor, también habría que celebrar el día del desamor, aunque lo mejor sería no celebrar. Yo recuerdo con tanta claridad a mi primer amor como a mi primer desamor, de hecho los grandes poemas de amor son al desamor, cara y cruz, toma y daca. Yo no los escribo ni los escribiré y también por eso tal vez nadie me recuerde. Al llegar este día siempre he pensado que el regalo era mi propia cabeza servida, en ocasiones he acertado. Hemos amado y además nos han engañado, nadie puede decir que no se ha metido en la cama encima del sudor de otro. Es el otro camino de vuelta que recorre un amante sin darse cuenta y casi de forma inevitable, ser desamado. Sin embargo el amor nos hace humanos, dicen, aunque el odio también.

A los amantes gloriosos y los patéticos, a las amigas que antes fueron amantes, a las amantes que luego fueron esposas y exesposas, fieles o traidoras, y a las que me quisieron robar la virilidad, les dejo este regalo, el mejor que se le puede hacer a quien nos ha ofrecido su cuerpo y luego nos lo quitó para darlo a otro. Un masaje a cuatro manos, como el que soñara Judith cuando le cortó la cabeza a Holofernes. Relajaos, pongáis cómodos. Es una excelente recompensa.

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Acerca de León de la Hoz

León de la Hoz, escritor y periodista. Ha publicado Coordenadas (1982), La cara en la moneda (1987), Los pies del invisible (1988) Preguntas a Dios (1994), La poesía de las dos orillas, Cuba (1959-1993), Cuerpo divinamente humano (1999), La semana más larga (2007), Vidas de Gulliver (2012), Los indignados españoles: Del 15M a Podemos (2015). Vidas de Gulliver (2016, 2ª ed). Ganó los premios David (1984) y Julián del Casal (1987), ambos de la UNEAC, Cuba. Entre otros. Ha sido antologado en diferentes ocasiones, como en Poesía cubana: La isla entera (1995), de Felipe Lázaro y Bladimir Zamora; Las palabras son islas. Panorama de la poesía cubana del siglo XX (1999), de Jorge Luis Arcos; Antología de la poesía cubana, Vol. IV, de Ángel Esteban y Álvaro Salvador; Poemas cubanos del siglo XX (2002), de Manuel Díaz Martínez. Dirigió la revista cultural La Gaceta de Cuba, en La Habana. Fue uno de los directores fundadores de la revista Otrolunes. Escribe Habeas Corpus y hace Testículos de fotografía.
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