españoles y españolas, vayamos de caza

Design: mesa a rayas de cinco patas_foto de León de la Hoz

¡La que está cayendo en España! Con poco más de cien días de nuevo Gobierno, no parecía suficiente la crisis que afecta directamente a gran parte del mundo, más las reformas, los recortes, el alza del coste de la vida y el tráfico de influencias al que conlleva un cambio de poder. Ahora también se suma un episodio que afecta a la clase política y su credibilidad, ya desteñida por la actuación que está teniendo desde que se originó la crisis en el 2008. Se trata de la reciente cacería de elefantes en la que cogieron in fraganti al rey. Suceso que, recordemos, en un principio cuando no había respuesta institucional se censuró suprimiendo la web donde se exponía el safari.

Cuando más necesitado está el país de que una autoridad moral establezca un punto de estabilidad al deterioro de todo tipo que vive el país, el Jefe del Estado se va a matar elefantes a Botsuana. No sabemos si con ello estaba sugiriendo lo que tendremos que hacer si la crisis continúa. Lo cierto es que así se estaba alejando de la función moderadora asignada por la Constitución, que le permite ejercer un papel de cohesión, indispensable en estos momentos de incertidumbre nacional. Se supone que ese es el papel fundamental de la monarquía y su justificación desde que se consagrara iniciando el proceso de apertura democrática durante los estertores del franquismo y luego con su rechazo al golpe de estado. Si es así, entonces, ¿qué sentido tiene actualmente la monarquía? Es una pregunta que se hace mucha gente.

La susodicha caza real se suma a una serie de hechos protagonizados por la Casa Real. Un yerno imputado por la justicia en un caso de corrupción y un infante menor de edad al que se le dispara una escopeta encima. La saga no termina y cada noticia es la continuación de una miniserie que podría publicarse en alguna revista para leer en las peluquerías de señoras en formato de dibujo gráfico. El último capítulo es la disculpa pública que hizo el monarca como un escolar travieso, da gusto verlo, revisad en las videotecas y comparad su comparecencia navideña apelando con los ojos húmedos a la abnegación del pueblo. Dijo ahora: “lo siento mucho, me he equivocado y no volverá a ocurrir”. ¿Lo sabremos? Lo que estamos viendo no es una crisis de la monarquía, es la evidencia sintomática de la profunda depresión de la sociedad.

Algún mal pensante podría suponer que estos hechos traídos por la fortuna se inscriben dentro del papel regulador otorgado por la Constitución a la monarquía. No es tan descabellada la peregrina alusión. En estos tiempos lo que el cuerpo pide es olvidarnos de lo que sucede en la vida real, comprar unas esencias de aromaterapia, hacer unos ejercicios de risoterapia, redecorar nuestra vida con un poco de feng sui, poner musiquita y hablar de las tribulaciones de la familia real es un alivio.

El Gobierno debe estar de plácemes en lo más profundo de su cinismo y la opinión pública está conmovida. La actitud de los políticos y los medios ha sido contenida como siempre cuando se trata de reales personas. La gente sólo se pregunta si gastó dinero público, es lo que importa, no la ética y menos los elefantes. La familia real al fin hace algo tangible por la comunión de los españoles después del 23-F, nos entretienen. Los sacrificios derivados de la desmantelación paulatina del Estado de bienestar lastiman menos con vaselina. Ahora toca apelar al patriotismo por la nacionalización argentina de la filial de Repsol. Así, como vamos, todo duele menos y además lo hacemos entre todos.

Acerca de León de la Hoz

León de la Hoz, escritor y periodista. Ha publicado Coordenadas (1982), La cara en la moneda (1987), Los pies del invisible (1988) Preguntas a Dios (1994), La poesía de las dos orillas, Cuba (1959-1993), Cuerpo divinamente humano (1999), La semana más larga (2007), Vidas de Gulliver (2012), Los indignados españoles: Del 15M a Podemos (2015). Vidas de Gulliver (2016, 2ª ed). Ganó los premios David (1984) y Julián del Casal (1987), ambos de la UNEAC, Cuba. Entre otros. Ha sido antologado en diferentes ocasiones, como en Poesía cubana: La isla entera (1995), de Felipe Lázaro y Bladimir Zamora; Las palabras son islas. Panorama de la poesía cubana del siglo XX (1999), de Jorge Luis Arcos; Antología de la poesía cubana, Vol. IV, de Ángel Esteban y Álvaro Salvador; Poemas cubanos del siglo XX (2002), de Manuel Díaz Martínez. Dirigió la revista cultural La Gaceta de Cuba, en La Habana. Fue uno de los directores fundadores de la revista Otrolunes. Escribe Habeas Corpus y hace Testículos de fotografía.
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