carlos fuentes, escritor de una generación con bigotes

Se nos ha muerto Carlos Fuentes. Ayer mismo yo recordaba a Gastón Baquero y hoy escribo para no olvidar a otro imprescindible, aunque detesto hablar de los muertos porque es casi peor que vivir de ellos. Yo sé de países y escritores que viven con sus muertos. Eso lo pensé no hace mucho cuando en convivencia con una mujer, un amigo me dijo que yo estaba compartiendo cama con Aura, el personaje del propio relato de Fuentes. Ese día me dije que no podía seguir acariciando un cuerpo que era literatura y volví a leer el conocido relato. Todos hemos tenido una Maga, la hemos deseado e incluso hay mujeres que lo han fingido. Pues también tuve una Aura que me devolvió a su creador. Siempre es mejor leer buena literatura que hacer el amor con una mujer que se parece a la literatura. Entonces me volví a reconciliar con Carlos Fuentes, de quien me había alejado dejándome llevar por la mala literatura.

En eso más que en otras cosas la literatura se parece a la vida. Si uno se deja llevar por la mala vida y las malas compañías termina en un foso de porquería y aprende a vivir con ella, la hace consustancial mediante un proceso de osmosis que termina con nosotros. Con la literatura y otras artes sucede igual, si leemos la mala literatura que se propala como el polen en esta primavera o escuchamos esa música horrible que escapa de los cascos de mis compañeros de viaje en el metro, terminaremos mal, puede ser que enfermos terminales de esta sociedad idiota que nos administra a gusto el polen de la idiotez. Yo trato de resistirme y sólo conozco a una persona que es capaz de leer y oir lo malo y lo bueno sin enfermarse, aunque temo constantemente por su salud. A mí me salvó volver a leer Aura. Me salvó de la mala literatura y de aquella mujer que sin querer se asemejaba peligrosamente cada vez más al personaje de Fuentes.

El autor de Aura pertenecía una generación de escritores con bigotes, una generación irrepetible que como Fuentes creyeron que escribir no era suficiente si esa escritura no iba acompañada del riesgo de escribir, de un ideal y unos valores mediante los cuales el hombre se redimía política y socialmente. Ellos mismos han acompañado la escritura de una actitud moral y cívica de enorme transcendencia para sus lectores, incluso desde la discrepancia. En el caso de Fuentes, por ejemplo, su renuncia al puesto de Embajador de México en Francia en protesta por el nombramiento del expresidente responsable de la masacre de la Plaza de Tlatelolco. Escritores con bigotes quedan pocos, se nos están yendo, no se llevan y por eso ahora todos escriben por un patrón de costura como el de mi tía Lidia. Personalmente me alegro de que haya escrito Aura, sin ese relato que me devolvió a la vida yo estaría ahora en el mundo de la ficción, de los muertos.

Acerca de León de la Hoz

León de la Hoz, escritor y periodista. Ha publicado Coordenadas (1982), La cara en la moneda (1987), Los pies del invisible (1988) Preguntas a Dios (1994), La poesía de las dos orillas, Cuba (1959-1993), Cuerpo divinamente humano (1999), La semana más larga (2007), Vidas de Gulliver (2012), Los indignados españoles: Del 15M a Podemos (2015). Vidas de Gulliver (2016, 2ª ed). Ganó los premios David (1984) y Julián del Casal (1987), ambos de la UNEAC, Cuba. Entre otros. Ha sido antologado en diferentes ocasiones, como en Poesía cubana: La isla entera (1995), de Felipe Lázaro y Bladimir Zamora; Las palabras son islas. Panorama de la poesía cubana del siglo XX (1999), de Jorge Luis Arcos; Antología de la poesía cubana, Vol. IV, de Ángel Esteban y Álvaro Salvador; Poemas cubanos del siglo XX (2002), de Manuel Díaz Martínez. Dirigió la revista cultural La Gaceta de Cuba, en La Habana. Fue uno de los directores fundadores de la revista Otrolunes. Escribe Habeas Corpus y hace Testículos de fotografía.
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