rescate is not bailout

La palabra ha adquirido un papel hasta ahora desconocido en el escenario de la crisis económica, financiera, social y política que vivimos. Con ella nos han sometido a una irrealidad y mediante ella nos estamos liberando. A pesar de su aparente neutralidad o la vaciedad de que los políticos la han dotado, y de que durante mucho tiempo la relegaron en favor de las imágenes, ella retoma la importancia que nunca perdió. Nos dijeron que una imagen valía más que mil palabras y lo asumimos como un dogma, de esa manera nos han llenado los ojos de imágenes en un tiempo en que hablar y pensar debería ser más importante que mirar. Que esta época sea víctima de las imágenes, quizás sea uno de los motivos de que hayamos olvidado la capacidad de reflexionar. Sin las palabras no hay lenguaje y sin lenguaje ni siquiera podríamos construir una oración para pedir un vaso de agua, menos ordenar un par de ideas. No pensemos que los políticos no tienen palabra, la tienen pero corrupta.

Los últimos meses están siendo el escenario de una guerra verbal de los políticos que gobiernan para convencernos de cuanto quieren. No ha habido un día en que digan una cosa y no se contradigan, se desdigan o simplemente no se cumpla. El esfuerzo de la palabra por ser comprendida es agotador y frustrante. Yo creo que gracias a ello la gente cada día se desentiende de lo que dicen los políticos o directamente atienden a un significado contrario, así vamos llegando a la renuncia de la sociedad a sus políticos, que en vez de producirse por la mala política se llega por el uso corrupto de la palabra. El último caso significativo lo ha protagonizado el presidente de Gobierno, en su comparecencia esta semana para explicar la situación de insolvencia española, dijo que no se trataba de un rescate, restó importancia al nombre que se le diera al préstamo de hasta 100 mil millones de euros para hacer reflotar los bancos, y ensalzó su rol personal para evitar una intervención. Una actuación totalmente eufemística para quitar peso a la gravedad, la humillación y el incumplimiento de sus compromisos.

La historia está llena de hechos significativos de esta índole en los que se suprimen palabras para designar otra realidad o se adulteran sus significados por otros que interesan al poder. No es la primera vez que la palabra se corrompe y ella misma nos ayuda a restaurar la realidad. Que el presidente no le llame rescate al rescate pone en evidencia la debilidad del Gobierno y la falta de un argumentario político para campear la tormenta. Claro que es un rescate y los periódicos del mundo lo llevan repitiendo desde antes de ayer. Pero lo más importante del rescate no es él mismo ni la situación de descrédito político, sino la palabra pequeña de ese acuerdo, lo que se dice bajito para no alarmar a la sociedad. No sabemos nada de las condiciones y no se nos quiere decir. En esa incógnita radica el verdadero precio del dinero prestado que el Gobierno inyectará a los bancos. La palabra nos va rehaciendo la verdadera imagen de la realidad, va dejando sin palabras a los políticos. Rescate no es rescate, dice Rajoy. Bailout es bailout dicen en todo el mundo.

Acerca de León de la Hoz

León de la Hoz, escritor y periodista. Ha publicado Coordenadas (1982), La cara en la moneda (1987), Los pies del invisible (1988) Preguntas a Dios (1994), La poesía de las dos orillas, Cuba (1959-1993), Cuerpo divinamente humano (1999), La semana más larga (2007), Vidas de Gulliver (2012), Los indignados españoles: Del 15M a Podemos (2015). Vidas de Gulliver (2016, 2ª ed). Ganó los premios David (1984) y Julián del Casal (1987), ambos de la UNEAC, Cuba. Entre otros. Ha sido antologado en diferentes ocasiones, como en Poesía cubana: La isla entera (1995), de Felipe Lázaro y Bladimir Zamora; Las palabras son islas. Panorama de la poesía cubana del siglo XX (1999), de Jorge Luis Arcos; Antología de la poesía cubana, Vol. IV, de Ángel Esteban y Álvaro Salvador; Poemas cubanos del siglo XX (2002), de Manuel Díaz Martínez. Dirigió la revista cultural La Gaceta de Cuba, en La Habana. Fue uno de los directores fundadores de la revista Otrolunes. Escribe Habeas Corpus y hace Testículos de fotografía.
Esta entrada fue publicada en política, sociedad y etiquetada . Guarda el enlace permanente.