stevenson, la derecha de dios

Ha muerto Teófilo Stevenson, un boxeador negro que iba para semidiós del Olimpo y lo convirtieron en símbolo. Como suele suceder con los símbolos terminó envejecido, arruinado e inútil. La última vez que lo vi fue tomando cervezas a granel en la feria frente a la terminal de ómnibus de La Habana, después de haberlo admirado como púgil, me sentí reconfortado al encontrarme con un símbolo bebiendo hasta matarse como un mortal cualquiera. Ya entonces había dejado de ser todo lo simbólico que el Gobierno cubano había querido que fuera, ni boxeaba, ni era diputado. Era más o menos uno más, había caído en desgracia.

Stevenson tenía la derecha más poderosa que nadie ha tenido y se movía en el ring como si no fuera un peso completo. Iba por su contrincante hostigándolo con la izquierda como un látigo hasta que le descargaba la derecha larga, una patada de burro a la que pocos sobrevivían. A veces, cuando no lo alcanzaba se le veía frustrado y la frustración acababa en desesperación que lo agotaba, entonces ya no era un semidiós, sino uno cualquiera que arrastraba los pies mortales sin estilo, vencido aunque llevara la mejor parte del combate. Lo peor era su preparación física que en gran medida debió ser simbólica, ya que casi todos los combates acabaron sin que tuviera que esforzarse.

Con diferencia fue el peso completo más elegante, hermoso y fornido del boxeo amateur y profesional. Era como un semidiós. Ni Mohamed Alí. Es una desgracia para el boxeo que la pelea entre ambos no se produjera a pesar de la parafernalia política en torno a los dos mejores de dos mundos políticos en pugna. Cualquiera podía haber ganado ese combate, habría dependido de las condiciones, ya que eran dos maneras de combatir y prepararse diferentes. En aquel entonces él era sobre todo un símbolo y Alí una estrella que iniciaba su declive.

Los más jóvenes no lo recordarán en el ring, pero cuando dejó de ser el símbolo en que lo convirtieron por sus dotes y la política, todavía la gente lo recordaba y si se veía un negro alto y fornido que parecía invencible, decían: “se parece a Stevenson”. Eso fue lo mejor que dejó en la memoria y el habla de los cubanos. Así supongo que lo recordarán, un semidiós, un Stevenson que sacaba la derecha desde el hombro para matar. Su derecha era como la de Dios.

Acerca de León de la Hoz

León de la Hoz, escritor y periodista. Ha publicado Coordenadas (1982), La cara en la moneda (1987), Los pies del invisible (1988) Preguntas a Dios (1994), La poesía de las dos orillas, Cuba (1959-1993), Cuerpo divinamente humano (1999), La semana más larga (2007), Vidas de Gulliver (2012), Los indignados españoles: Del 15M a Podemos (2015). Vidas de Gulliver (2016, 2ª ed). Ganó los premios David (1984) y Julián del Casal (1987), ambos de la UNEAC, Cuba. Entre otros. Ha sido antologado en diferentes ocasiones, como en Poesía cubana: La isla entera (1995), de Felipe Lázaro y Bladimir Zamora; Las palabras son islas. Panorama de la poesía cubana del siglo XX (1999), de Jorge Luis Arcos; Antología de la poesía cubana, Vol. IV, de Ángel Esteban y Álvaro Salvador; Poemas cubanos del siglo XX (2002), de Manuel Díaz Martínez. Dirigió la revista cultural La Gaceta de Cuba, en La Habana. Fue uno de los directores fundadores de la revista Otrolunes. Escribe Habeas Corpus y hace Testículos de fotografía.
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