hacernos el griego

Grecia, foto de León de la Hoz

Al fin Europa tiene un chivo expiatorio para la ineficiencia de sus políticas y la ineptitud de sus políticos, ambas demostradas cuando aún, a pesar de la dureza de las reformas o las declaraciones altisonantes, el continente está en un precipicio con peligro de arrastrar al resto del mundo. Es Grecia la culpable. Desde que se empezó a dudar de este país a raíz de la crisis que lo llevó al rescate, no se ha dejado de hablar de los griegos como una panda de vagos y corruptos, similar corriente de opinión también se usa cada vez con más frecuencia para estigmatizar a los españoles, incluso aquí, aunque no se diga claramente, ha servido para justificar de cierta manera las reformas, sobre todo la del trabajo. O sea, la culpa la tienen los griegos y los españoles de a pie, luego serán también los italianos y así sucesivamente. Una lógica cruel y sobre todo injusta.

Es un discurso que ha ido calando hasta un punto que damos por hecho que es así. La gente lo repite sin fundamento y por inercia: los griegos son vagos y corrompidos, sin darse cuenta de que también se señalan injustamente con el dedo. No importa que hayan sido los gobernantes quienes hayan maquillado los datos, hayan robado o propiciado con el mal gobierno el surgimiento de prácticas negativas de la sociedad que en cualquier otro país se desarrollarían sin las normas y leyes adecuadas: evasión fiscal y economía soterrada, entre otras. Yo he dejado de esperar que se deje de mirar hacia abajo a los culpables y se mire arriba a la altura de quienes gobiernan, que se empiecen a mirar entre quienes detentan el poder y las decisiones sobre los destinos de los gobernados y los países. Quizás entonces se pueda hallar a los responsables de la crisis, su causa real y la solución de la misma.

Otra de las letanías que se empieza a hacer verdad por tanta repetición, diría el ministro de propaganda nacionalsocialista, es la que convierte a los alemanes en rehenes de los vagos y corrompidos del sur de Europa, griegos y españoles ahora, más tarde italianos. La gente se hace eco de la manipulación interesada de la canciller Angela Merkel y su discurso de derecha nacionalista y populista. Dicen: los alemanes no tienen porqué pagar a los llamados peyorativamente negros de Europa. No es cierto, ni correcto, ni ético decir que los alemanes pagan la factura de los errores económicos y políticos de Grecia o España, entre otras razones históricas y económicas porque las medidas llevan un coste económico y social que no las hace gratuitas. Es un hecho que los desembolsos no se hacen por motivos altruistas, sino geopolíticos.

A los países no les queda más remedio que acabar con la noria de incertidumbre y a los ciudadanos no aceptar la responsabilidad que nos ponen en los hombros. Lo contrario nos convertiría a todos en griegos o ciudadanos de tercera en Europa según la mentalidad y el discurso actual. El presidente de los Estados Unidos, Obama, se ha dado cuenta y ha llamado la atención a Merkel que ha presentado un plan que incluye el crecimiento porque en Europa también se la juegan ellos. Ha tomado el mando de la rebelión contra el dogmatismo teutón que recuerda la peor época de la historia alemana. Hasta que no ganó Hollande las elecciones en Francia, nadie había hablado de crecimiento junto a las medidas de saneamiento. Nos quejamos de los norteamericanos hasta cansar, a veces con razón, pero lo cierto es que parecen los únicos que son capaces de ponernos de acuerdo y sacarnos las castañas del fuego, aunque sea por sus intereses.

O nos hacemos griegos rebelándonos contra el dogmatismo alemán o nos harán “el griego” a la fuerza. De todas las cosas maravillosas e inevitables que nos dio la Grecia clásica, a la cual debemos gran parte de lo que somos, la que más amo es la de sus dioses contrarios a los santos romanos. Una de las frases de la película Zorba, el griego, de Cacoyannis, inspirada en la novela de Kazantzakis, podría haber sido de uno de esos dioses pendencieros cuando la expresó el dios Anthony Quinn: “Te falta una cosa: tienes que ser loco, en la vida hay que ser medio loco para romper las cadenas y ser libre.” Nos haría falta un poco de locura para acabar con este tiempo de locos o manos de otros locos con poder. Según los griegos antiguos el origen está en el Caos (el vacío), Gea (la Tierra) y Eros (la renovación), tenemos los dos primeros. De momento en la cita del G-20 la canciller Merkel ha perdido por conteo. Nadie quiere ver a sus países contaminados con las recetas Merkel. Nadie quiere que le hagan “el griego” por doloroso, ni el “alemán” por aburrido, vayamos por la renovación.

Acerca de León de la Hoz

León de la Hoz, escritor y periodista. Ha publicado Coordenadas (1982), La cara en la moneda (1987), Los pies del invisible (1988) Preguntas a Dios (1994), La poesía de las dos orillas, Cuba (1959-1993), Cuerpo divinamente humano (1999), La semana más larga (2007), Vidas de Gulliver (2012), Los indignados españoles: Del 15M a Podemos (2015). Vidas de Gulliver (2016, 2ª ed). Ganó los premios David (1984) y Julián del Casal (1987), ambos de la UNEAC, Cuba. Entre otros. Ha sido antologado en diferentes ocasiones, como en Poesía cubana: La isla entera (1995), de Felipe Lázaro y Bladimir Zamora; Las palabras son islas. Panorama de la poesía cubana del siglo XX (1999), de Jorge Luis Arcos; Antología de la poesía cubana, Vol. IV, de Ángel Esteban y Álvaro Salvador; Poemas cubanos del siglo XX (2002), de Manuel Díaz Martínez. Dirigió la revista cultural La Gaceta de Cuba, en La Habana. Fue uno de los directores fundadores de la revista Otrolunes. Escribe Habeas Corpus y hace Testículos de fotografía.
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