Eso que se llama amor

Eros

Eso que se llama amor no es una cosa esplendorosa, por lo menos sabemos que su esplendor es como un sol con  manchas. Semejante a los grandes misterios nadie sabe lo que es, ni su naturaleza, ni conoce su verdadera dimensión, ni siquiera el color o si es material, espiritual, o ambas cosas. Sin embargo todo el mundo habla de él, incluso creen y dicen haberlo experimentado. En ese sentido el amor es como el monstruo del lago Ness, muchos le temen y sobre él mismo hay testimonios de amores y grandes amantes que dicen haberlo visto y sentido, sin que aún haya evidencia de su existencia, no importa que esté representado en infinidad de símbolos e imágenes que cambian de nombre como si no quisiera dejarse poseer. Aunque a veces bastaría un par de boleros para uno sentirlo en toda su belleza, carnalidad y frustración, sin saber lo que es, ya que el amor como todas las grandes cosas del ser humano es mejor sentirlas sin conocerlas, y de eso se ha ocupado la literatura.

Por otro lado, todo el mundo habla del amor, aunque nadie sepa muy bien qué es y tampoco lo haya sentido, ya que si no sabes qué es una cosa, difícilmente podrás saber si lo tienes, aunque lo sientas o padezcas. La literatura y el arte en general han establecido paradigmas que nos orientan para reconocer el amor, pero que tampoco son muy fiables, algunos están alejados de nuestro alcance y no desearíamos conocer, por ejemplo, el amor bestial de King Kong por Jessica Lange o el que sintió ella misma como Cora por Jack Nicholson (Frank Chambers) en El cartero llama dos veces. Y aún menos el que el propio Nicholson sintió en El resplandor por Shelley Duvall (Wendy) y por su hijo Danny (Danny Lloyd). Así el amor puede ser algo horrible, impropio y hasta censurable que nos puede hacer lo mismo víctimas que verdugos. Como suele decirse, hay amores que matan.

Cuando pensamos en el amor siempre lo hacemos pensando en la felicidad y el placer que puede proporcionar, pero el amor según lo que conocemos por los paradigmas en que nos apoyamos es una plétora de sacrificios. Yo diría que no puede existir eso que suponemos que es sin la evidencia del sacrificio, da igual de qué tipo de amor hablemos, a pesar de que generalmente el amor como lo imaginamos es un lugar común, cursi y ridículo, que como bien sabemos en una de sus acepciones es una bolsita que usaban las señoras para llevar sus menudencias y abalorios. No es menos estimulante pensar que no ha existido eso que llamamos amor sin el enorme contrapeso del desamor. El amor casi siempre lleva esa dosis de amargura y desazón, como la resaca que nos hunde después de una noche en que hemos celebrado al mismísimo amor con Baco de la mano. El amor nunca ha existido sin esa otra parte que está oculta, como la cara oscura de la luna, en el otro lado de la idealización que todos hemos necesitado para vivir y ser mejores.

El amor es tan voluble, enigmático y gaseoso, que es diferente según las generaciones, las edades, las épocas, las clases sociales, los individuos, las causas e incluso los objetivos. No es lo mismo a los veinte años que a los setenta y sin embargo existe. Todo el mundo dice que existe y lo busca en otra persona y a veces esa persona está al lado sin que lo sepamos, o muy lejos o en ninguna parte. Pero su gran valor es que no cesamos en la búsqueda del mismo, como el extremeño Hernando de Soto buscó su “Dorado”, su gran amor, aunque la esposa, Isabel de Bobadilla, primera mujer en poseer el más alto rango de gobierno en América, muriera de amor por él que la abandonó para buscar en Florida ese lugar que no estaba en ningún lugar y por el cual también murió, mientras ella desde el balcón de su castillo en La Habana suspiraba mirando el mar de donde debía volver. Otra gran historia de amor que Cuba aporta a la historia de los amores poco historiados.

El amor ha producido decenas de toneladas de literatura de todo tipo a lo largo de la historia de la humanidad, sin que podamos saber exactamente qué es: ¿locura como la del Quijote?, ¿tragedia como la de Romeo y Julieta?, ¿transgresión como la de Humbert Humbert?, ¿narcisismo como el de Freud?, ¿el eros de Bilitis y Safo en Lebos o el de Santa Teresa? ¿amor cortés, libre, clásico, romántico, LGBT?, ¿Hímero, Psique, Edipo? Cada época y generación ha tenido su forma y su falta de amor y amar, y es tanta la riqueza de lo que no sabemos lo que es, que cada individuo tiene hasta su propia manera de verlo, manifestarlo y concretarlo, y todas están en la literatura y el arte mientras se vayan creando otras que llegarán. Posiblemente el amor verdadero donde mejor se expresa es en la literatura y el arte y es allí donde nos advierten de su hermosura y su dolor. De lo que sí podemos estar seguros es que no se manifiesta en el corazón, sino en el cerebro y que este tiene extrañas maneras de confundir una cosa por la otra: deseo, admiración, necesidad.

El amor es como Dios, sabemos o sospechamos que no existe, pero muchas personas no podrían vivir sin él y lo buscan porque en cualquier lugar lo pueden encontrar, apoyarse en su hombro y reproducirlo con su corazón, quiero decir dentro de ellos. No hace falta definirlo, sino buscarlo aunque no lo encontremos, es la búsqueda lo que realmente nos permite darle vida y sustento. De lo que sí estoy seguro es que el amor es un privilegio que a veces no merecemos, y un don que no sabemos realizar porque en ocasiones, por ignorancia o falta de bondad, lo convertimos en sufrimiento. Podríamos escribir una tonelada más sobre el amor y no hacerlo, hagamos el amor, que amor con amor se paga, diría Jorge Negrete. Y sea o no amor lo que hallemos,”eso que se llama amor” con múltiples rostros que nunca sabremos definir del todo, como en la canción de la Sonora Matancera, seguirá arrancando lágrimas de nostalgia, despecho e ilusión. https://youtu.be/a-kLtRARIko