CUMPLEAÑOS, MUERTE Y RESURECCIÓN DE GASTÓN

POEMAS


RETRATO

Ese pobre señor, gordo y herido,
que lleva mariposas en los hombros
oculta tras la risa y el olvido
la pesadumbre de todos los escombros.

Él dice que lo tiene merecido
porque aceptó vivir, que no hay asombro
en flotar como un pez muerto y podrido
con la cruz del vivir sobre los hombros.

Cenizas esparcidas en la luna
quiere que sean las suyas cuando eleve
su máscara de hoy. No deja huellas.

Sólo quiere una cosa, sólo una:
descubrir el sendero que lo lleve
a hundirse para siempre en las estrellas.


MANOS

¿Irías a ser ciega que Dios te dio esas manos?		
Te pregunto otra vez.
                                    Vicente Huidobro

ArribaAbajo. Me gustaría cortarte las manos con un serrucho de oro.
O quizás fuera mejor dejarte la manos en su sitio
Y rodearte todo el cuerpo con una muralla de cemento,
Con sólo dos agujeros precisos
Para que por ellos sacases las manos a que aleteasen,
Como palomas o como prisioneros de un rey implacable.

Tus manos estarían bien guisadas con tiernos espárragos,
Doradas lentamente al horno de la devoción y del homenaje;
Tus manos servidas por doncellas de cofias verdes,
Trinchadas por Trimalción con tenedores de zafiro.
Porque después de todo hay que anticiparse a la destrucción,
Destruyendo a nuestro gusto cuanto amamos:	
Y si tus manos son lo más hermoso de tu cuerpo,
¿Por qué habíamos de dejar que pereciesen envejecidas,
Sarmentosas ya, horripilantes manos de anciano general o magistrado?

Procedamos a tiempo, y con cautela: un fino polvo de azafrán,
Unas cucharaditas de aceites de la Arabia perfumante,
Y el fuego, el fuego santificador, el fuego que perpetúa la belleza.
Y luego tus manos hermosísimas ya rescatadas para siempre.
Empanizadas y olorosas al tibio jerez de las cocinas:
¡Comamos y salvemos de la muerte, comamos y cantemos!

¿Irías a ser ciega que Dios te dio esas manos? Creo que sí.
Por eso te suplico pases por el verdugo mañana a las seis en punto,
Y dejes que te cercene las manos prodigiosas: salvadas quedarán,	
Habrá para ellas un altar, y nos reiremos, nos reiremos a coro,
De la cólera inútil de los dioses.


EPITAFIO PARA MARÍA KODAMA

Me gusta que se llame
María Kodama
el invento póstumo de
Jorge Luis Borges.

María Kodama es
el nombre borjiano de la esposa
del Impertinente Maestro de Ceremonias
Kiro Kotsuké No-Suke,
llamado también Ochi Kotsuké No-Suki,
que era a su vez la verdadera
Madame Pechogris, novia	
favorita de mi temido amigo
Yuko Mishima.
Mishima fue, como todos saben,
el pseudónimo oriental de
Jorge Luis Borges.

Jorge Luis Borges,
el jardinero japonés que un día,
desesperado de soledad,
engendró a María Kodama.