elogio de miami

Miami de piedra, foto de León de la Hoz

Miami de piedra, foto de León de la Hoz

Acabo de llegar a Miami, sede de lo que el gobierno cubano, castrense y castrante llama “la mafia”, y que actualmente no es otra cosa que un pináculo de abueletes sin poder, ocupados en atender sus desmemorias de la antiutopía comunista. Un amigo con gran sentido del humor les llama “terroristas”, en alusión a las bombitas que injertadas en el pene hacen que este bascule. La verdadera mafia está en La Habana y dificulta todo cuanto pueda facilitar un cambio de las actuales estructuras de poder, que cada vez se empiezan a ver más claras en torno a las familias que con su fidelidad a los Castro preconfiguran el postcomunismo sin Fidel, algo más alejado de la utopía, pero con más cercanía al pragmatismo de los tecnócratas de la política, que en los países del eurocomunismo sentaron las bases de las transiciones y la consiguiente distribución de las cuotas de poder económico y político.

No me canso de decir que Miami ya no es lo que era antes, cuando las generaciones protagonistas del cambio luchaban, unos en Cuba por mantener el poder y los otros en Miami por derrocarlos. Lo digo tanto a quienes llegan nuevos a la tierra prometida, como a a los que se aterran por el discurso del gobierno cubano que manipula la imagen de la sociedad actual norteamericana y miamense en particular. Hace poco supe, después de más de veinte años, que una personalidad del exilio, un amigo, había mandado a poner escuchas para mí, invitado por una universidad, no obstante ser éste un hombre brillante y respetado, incluso todavía. Pero esos eran gajes de la guerra fría, hoy día anacrónicos, que otros vivieron de diferentes maneras, ya que siempre entre Miami y La Habana ha habido un puente aunque fuera de piedra y de muertos, y cada uno tiene su propia experiencia. Miami no es, ni por asomo, lo que era antes con la presencia del discurso patriotero y extremista de políticos y periodistas en los medios de comunicación en español. También de los libertadores de la calle 8 y un sinnúmero de patriotas de la lucha armada, vencidos hoy por el tiempo, de la misma manera que sus enemigos históricos en La Habana. Incluso en Miami, algo insólito, hay gente sin ningún escrúpulo que defiende abierta o solapadamente lo que han dejado atrás en Cuba.

El reciente triunfo del partido de Obama en la Florida es un paso más hacia la conformación de una sociedad más plural y libre del pasado. Miami seguirá siendo diferente y cubana dentro de la nación estadounidense, un estigma para los gobernantes cubanos y orgullo para quienes amen a su patria. Una patria que ha dejado de ser el lugar común de los próceres de la misma para residir ahora en la familia, el gran bastión de la estrella solitaria. La Patria familia. Posiblemente lo único que merezca la pena salvarse del naufragio nacional que se está produciendo, destruida la utopía que durante más de cien años tejió el imaginario nacional en manos de políticos de uno y otro color. La identidad y la independencia, tal y como nos hicieron sentirla, ya no son otra cosa que ideas del pasado, que nos condenaron a una revolución que está terminando con los vestigios físicos y morales de una isla milagrosa. La nueva Miami, esta isla cubana dentro de un continente, es una metáfora cada vez más parecida a lo que pudiera ser la alternativa a la Cuba que se está perdiendo. Actualmente para un cubano siempre es mejor vivir aquí que en cualquier otro paraíso.

Acerca de León de la Hoz

León de la Hoz, escritor y periodista. Ha publicado Coordenadas (1982), La cara en la moneda (1987), Los pies del invisible (1988) Preguntas a Dios (1994), La poesía de las dos orillas, Cuba (1959-1993), Cuerpo divinamente humano (1999), La semana más larga (2007), Vidas de Gulliver (2012), Los indignados españoles: Del 15M a Podemos (2015). Vidas de Gulliver (2016, 2ª ed). Ganó los premios David (1984) y Julián del Casal (1987), ambos de la UNEAC, Cuba. Entre otros. Ha sido antologado en diferentes ocasiones, como en Poesía cubana: La isla entera (1995), de Felipe Lázaro y Bladimir Zamora; Las palabras son islas. Panorama de la poesía cubana del siglo XX (1999), de Jorge Luis Arcos; Antología de la poesía cubana, Vol. IV, de Ángel Esteban y Álvaro Salvador; Poemas cubanos del siglo XX (2002), de Manuel Díaz Martínez. Dirigió la revista cultural La Gaceta de Cuba, en La Habana. Fue uno de los directores fundadores de la revista Otrolunes. Escribe Habeas Corpus y hace Testículos de fotografía.
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